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14- La muerte visita Murcia. Por Avril

“Ya han transcurrido trece días desde el último crimen del asesino del bisturí; la policía sigue varias pistas y asegura que su captura es sólo cuestión de tiempo.

Desde Murcia, informó para Radio Maravilla, Javier Uruñuela.”

—Estos periodistas no se enteran de nada —dice Andrés a Teresa, su mujer.

—Algo tienen que decir para tranquilizar a la gente; ya son tres las mujeres asesinadas y, al parecer, la policía no sabe ni por dónde anda —contesta Teresa mientras prepara el café.

—Bueno, tú no salgas de casa sin tomar precauciones. Aunque los crímenes han sido por la zona de Cabezo de Torres, quién sabe si al asesino no se le ocurrirá trasladar su campo de operaciones a otro sitio. Allí, ahora hay un policía en cada esquina.

—Toma tu café; y no te preocupes me encerraré a cal y canto. A propósito de canto, hoy tenemos ensayo del coro en la parroquia. El sábado es la boda de la hermana del director y va a ser con misa solemne. De todas maneras, no hay problema; al ensayo me acompañará Ernesto, el barítono; él vive cerca de aquí, y tanto a la ida como a la vuelta estaré protegida. ¿Me pasas el azúcar?

— ¿Y vas a dejar sola a Carmela?

—Sola no, ya sabes que se mete en los chats de Internet y con la Web Cam está acompañada todo el rato. Además tiene el teléfono móvil a mano.

—Bien, pero por favor, ten cuidado.

—No seas aprensivo, a este paso tendremos que encerrarnos en casa. Esas cosas pasan entre gente marginal. No hay un asesinato en cada calle, todos los días.

—De todas formas ve con precaución. Voy a despedirme de Carmela —contesta después de terminar su café.

Andrés sube las escaleras y entra en la habitación de su hija. Es una adolescente de  trece años, y ahora está abstraída en animada conversación con unos amigos a través del ordenador.

—Adiós cariño, me voy al gimnasio, pásalo bien —le dice mientras la besa.

—Hasta luego papá, me portaré bien —contesta la niña sin prestarle atención.

—Adiós, papá de Carmela, se portará bien —dicen a coro tres voces amigas que, por Internet, están conversando con ella.

—Lleva usted una corbata muy bonita —dice uno de los chatistas.

—Gracias chico, eres muy amable —contesta Andrés. Después baja las escaleras. Va a dar un beso de despedida a Teresa, y ve que está en el dormitorio poniéndose unas medias  con costura. Sobre la cama tiene preparada una falda que a él siempre le pareció muy ajustada. Su cara toma un gesto de contrariedad.

— ¿Para ir a un ensayo te pones esa ropa tan llamativa?

—Ya sabes que siempre me gusta ir bien vestida; y las demás componentes del coro van todas de punta en blanco.

Andrés da un beso rápido a Teresa y sale deprisa con cara de desagrado.

A las seis, Teresa sube a despedirse de Carmela.

Lleva puesta la falda de tubo y las medias con las costuras bien alineadas a lo largo de las piernas; la chaqueta ajustada y los zapatos de tacón alto. Toda ella tiene un aspecto de años sesenta; un aire de respetabilidad y un atractivo elegante, un poco antiguo.

—Mira cariño, voy a ir al ensayo del coro a la parroquia del Rosario. Estaré de vuelta a las nueve; de modo que no salgas de casa ni abras la puerta a nadie; y si pasa algo, llámame por el móvil.

—Descuida, aquí estaré —contesta Carmela distraídamente.

—Hola, señora —le dicen varios de los webcamistas, que en ese momento la están viendo.

Ella les contesta sonriente, mirando al ojo de la cámara.

—Hola, chicos, que os divirtáis.

Teresa baja las escaleras y se dispone a salir de casa. Antes de hacerlo mira en su bolso y comprueba unas llaves. Al salir se da cuenta de que Andrés se ha dejado la bolsa del gimnasio.

Enseguida volverá a por ella —se dice.

En otro piso de la ciudad, un hombre se apresura. Tiene que llegar a tiempo a su cita. Va hasta el dormitorio de su hijo que está chateando por Internet con la Web Cam conectada. Se queda un momento mirando la pantalla del ordenador antes de despedirse.

—Hasta luego, Eduardo. No abras la puerta a nadie.

—Descuida papá, así lo haré.

—Adiós, Ernesto —le dicen los otros chatistas.

—Adiós, chicos, pasadlo bien.

Sale de casa y, mientras baja en el ascensor, se coloca  bien la corbata y se pasa la lengua por los labios con gesto goloso. Esas medias de costura y esa falda de tubo  que ha visto en la pantalla del ordenador de su hijo le han encantado. Sonríe, se palpa el bolsillo interior de su chaqueta y nota el bulto de su bien afilada navaja de afeitar.

Teresa camina deprisa hacia la calle Salcillo. A su paso, algún hombre vuelve la vista para contemplar su figura. Ella ya está acostumbrada a esas miradas y le resultan indiferentes. Hace algo de frío. Ya en Salcillo, se detiene en una tienda de alimentación y compra dos tabletas de chocolate. Las guarda en su bolso. Antes de cerrarlo, de una carterita pequeña saca unas  llaves. Fuera de la tienda, mira a un lado y a otro de la calle y va hacia el portal  de enfrente. El  ascensor la lleva hasta el séptimo piso; decidida, se dirige a una de las puertas de la planta; la  abre, y entra.

—Todavía no ha llegado Ernesto —murmura mientras enciende la luz.

Se dirige a la cocina, busca una cazuela mediana, la llena de agua hasta la mitad y la pone al fuego. En un tazón más pequeño, que ha colocado dentro del agua, va echando el chocolate troceado. A continuación se lava las manos. Luego va a un dormitorio y,  muy despacio, comienza a desnudarse. En ese momento le parece oír abrirse la puerta del piso. Es un ruido muy apagado, como si alguien quisiera entrar sin ser oído. Teresa sonríe.

—A Ernesto siempre le gusta sorprenderme —se dice, y de espaldas a la puerta, espera a que se acerque. Él le pasa los brazos por debajo de los suyos y, con sus manos, abarca sus pechos desnudos mientras le besa el cuello junto a la oreja. Luego la gira y se abrazan apasionadamente. Sin despegar sus labios, en un beso forzado, van desnudándose el uno al otro. Ahora las manos recorren los cuerpos con caricias. Al fin se sueltan y Teresa se sienta en la cama.

—Ve a la cocina —le dice con la voz un poco ronca—, el chocolate ya estará derretido y templado como a ti te gusta.

Ernesto vuelve con el chocolate y lo deja en la mesilla.

Ella está desnuda, echada sobre la sábana.

—De su chaqueta tirada en el suelo, él saca la navaja de afeitar y un pequeño bote de espuma.

—Déjame que te afeite el pubis  —dice—, hoy he venido preparado.

—Ten cuidado, cariño, no me vayas a hacer daño.

—Descuida, no te cortaré.

Teresa dobla las piernas por las rodillas y las abre ampliamente. Él extiende la espuma y comienza a deslizar la navaja con cuidado por la piel, librándola del vello poco a poco. Ella, temerosa, mira cómo lo hace. Ernesto, a medida que la va afeitando, deja la cosecha de pelillos y espuma en una toalla.

Una vez que termina el rasurado, limpia la navaja y la pone sobre la mesilla. A continuación, extiende el chocolate atemperado, por los senos, el vientre  y el pubis de ella. La contempla y, muy despacio, comienza a lamer el dulce, entre los suspiros de Teresa.

Dos horas más tarde él deja el piso. No quieren que los vean juntos.

Ella se demora un poco. Sale del portal, y se va caminando por la acera de la calle Francisco de Paredes, quiere llegar pronto a casa. En ese tramo hay poca luz. Teresa va contenta. Al pasar por una zona oscura cree ver algo que se mueve en la sombra. Se para un momento y luego sigue.

—Es el viento que mueve las adelfas —se dice.

De pronto el brillo de una navaja rasga la oscuridad.

Ernesto está ahora en la Cafetería Bohemia con un gintonic en una mano mientras hojea “La Verdad”. Más tarde, sale del local, mira su reloj y decide  volver a casa.

Camina por la calle Salcillo, pasa por la plaza de América y sigue por Juan Ramón Jiménez, luego gira a la izquierda, por la calle de los Correos. Va por la acera, muy cerca de la pared para evitar una excavadora aparcada. Se arrima a la valla abierta de unas obras. Esa zona está un poco oscura, pero la conoce bien, él vive dos números más adelante. De pronto, a su espalda, algo se mueve en la sombra. Siente que un lazo le rodea la garganta y le aprieta fuerte, nota como un cuerpo se pega al suyo. Sus manos tratan de aflojar la cuerda que le ahoga; de su garganta salen unos gruñidos ininteligibles. Suelta su mano derecha y con ella va tanteando sus bolsillos buscando algo.

—No busques ningún arma, no te va a hacer falta —le dice una voz ronca, muy lejana y espesa, como si le llegara a través de una bruma de plomo gaseoso.

—Enseguida te dejaré mi navaja, y la policía encontrará mañana dos cadáveres; el del asesino del bisturí, y el de su nueva víctima. Poco a poco Ernesto va perdiendo fuerzas, se ahoga sin remedio. El nudo se aprieta en su cuello cada vez más. Su lengua asoma por la boca y sus ojos empujan hacia afuera como si quisieran abandonar sus órbitas. Ahora se siente como si estuviera bajo la sensación del cloroformo. Nota cómo la vejiga se le vacía. Cree oír a un perro que ladra a lo lejos. Cae al suelo con los pantalones empapados de orina.

El asesino ata el extremo de la cuerda; una cuerda de plástico de las de tender la ropa, a una columna de hormigón y enlaza el otro extremo al cuello de su víctima. Luego empuja el cuerpo hasta el hueco previsto para los aparcamientos. El cadáver cuelga a lo largo de la pared como un pelele, con la cabeza cerca de la superficie. El criminal se pone en pie; pero de pronto  se da cuenta de que no ha puesto su navaja en las ropas del muerto. Rápidamente la coge y se asoma al hueco donde pende el cuerpo sin vida. Echándose en el suelo, estira su brazo hasta llegar al bolsillo superior de la chaqueta del cadáver, y la  deja caer dentro. Se levanta,  se quita los guantes, se sacude el traje y sale de la oscuridad.

Andrés abre la puerta de su casa y llama con voz alegre:

 —Carmela, ¿estás ahí?

—Hola,  papá —contesta su hija desde el piso de arriba.

— ¿Terminaste ya de chatear con  tus amigos?

—Sí, estoy haciendo los deberes.

— ¿Ha vuelto mamá?

—No, todavía no ha vuelto.

—Bien, voy a hacer la cena, ya no tardará —dice mientras en su rostro se dibuja una media sonrisa despectiva.

—Hace falta ser idiotas. Los pillé  hace un mes, besándose por la Web Cam, ¡qué imbéciles!, besar  a una pantalla de ordenador. Fue una pena matar a las otras tres mujeres, pero es la mejor tapadera —musita.

Va al dormitorio, se quita la chaqueta, la sacude un poco y la cepilla.

De pronto se da cuenta de que su cartera no está en el bolsillo interior. Se tantea por todas partes, y el horror se refleja en su cara.

—Se ha debido de caer en la obra —dice pensativo— ¡Claro, al agacharme para dejarle la navaja en su ropa! Tengo que volver a por ella, sólo ha pasado una hora y aún no habrán descubierto el cadáver —murmura mirando  aterrorizado su reloj de pulsera.

En ese momento, alguien da unos fuertes golpes en la puerta de entrada a la casa, y una voz autoritaria grita:

— ¡Abran! ¡Policía!

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14- La muerte visita Murcia. Por Avril, 8.1 out of 10 based on 21 ratings

35 Comentarios a “14- La muerte visita Murcia. Por Avril”

  1. Siempreviva dice:

    Hola, Avril. Gracias por tu amable comentario. La verdad es que creí que había leído todos los relatos desde el principio (estoy cerca de llegar al 200) pero veo que me he dejado algunos muy buenos, como el tuyo, por el camino. Lo encuentro muy fluido y bien tramado. Además la forma de narrar en presente me gusta. Te dejo junto a mis estrellas el deseo de que tengas suerte en el certamen

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  2. El asesino de Morfeo. dice:

    Aqui estoy, para dejarte mis estrellas y caer en la cuenta de que no te había comentado tu relato ….y yo hubiera jurado que si; no se si es culpa mía o de los duendes que me amordazan de vez en cuando.
    Vamos con ello. A mi me ha gustado el aire teatral- cinematográfico que tiene tu cuento. Me parecen muy buenas tus descripciones y me encanta tu final -a lo mejor porque ambos somos “buenos” y nos gusta quedarnos con la sensación de que en el mundo, a veces,hay algo más que violencia y mala leche e incluso la vida o el destino puede jugar el papel de ángel de la justicia-.
    En una primera lectura, me chirrió un poco el momento de la muerte de Ernesto y que el narrador supiera que la victima creía oír a un perro que ladraba a lo lejos…me rompío el ritmo del momento ese detalle, ya ves que tontería. En una segunda lectura aprecié la fuerza que ese detalle le daba a la escena, aunque sigo creyendo que enmarcaría mejor el cuadro si lo hubieras metido como una descripción, más que como parte del pensamiento de alguien que se queda sin oxigeno.Quizás antes de ..”Siente que un lazo le rodea la garganta”.
    Como ves mi crítica es sangrienta, los aquejados de buenismo políticamente correctos somos así: inclementes.
    Bueno Avril, ésto va llegando a su fin (y sin haberlo buscado, me ha salido un pareado). Lo dicho, me gusta mucho tu historia y que se desarrolle en Murcia me da igual, espero que tengas mucha suerte y viva la buena gente. (¡Cielos, otra vez!)

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  3. Ganímedes dice:

    Jajaja… Es que en mi satélite los vendavales son tan fuertes que pasan a grado vendabal… ¡Estos móviles!…

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  4. Ganímedes dice:

    Avril, me he pasado muchas veces por aquí sigilosamente, hoy quiero dejar mi huella. En mi satélite he formado un vendabal compuesto por inspiración, emociones y paciencia. Te lo envío para que sigas creando relatos y más relatos, y los compartas con todos nosotros.

    Mucha suerte. Aunque me encuentre tan lejos, te seguiré siguiendo.

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  5. Lovecraft dice:

    Suerte

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  6. Fugitiva de la cárcel del tiempo dice:

    ¡Me ha encantado Avril! Se lee del tirón y mantiene la expectación.
    Enhorabuena y muchísima suerte
    Un abrazo

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  7. Constanza dice:

    Bueno Avril, me ha gustado mucho el relato. Realmente esto de las cámaras tiene siempre peligro, peligro.
    Suerte.

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  8. Lovecraft dice:

    Avril:

    En ningún caso tu comentario me pareció irónico ni inapropiado, así que no debes preocuparte por nada. De nuevo gracias por tu visita y por tu voto. Recibe otro “empujón de suerte” para el certamen.

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  9. Avril dice:

    Gracias Sol. Gracias Susan por leer mi relato, y me alegro de que os haya gustado.

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  10. Sussan dice:

    Internet y la vida real se entecruzan a veces ce maneras extrañas. Lo de la niña y la webcam es ya pan de cada casa.
    Buen relato.
    Suerte.

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  11. Sol dice:

    Muy bueno, tiene todo lo necesario para atrapar al lector.
    Lo del chocolate y la espuma… Colosal
    Te dejo mi voto y todas las estrellas
    Un saludo y buenos vientos.

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  12. Avril dice:

    Si, yo también pensé en un relato abierto, pero como soy gran admirador de los clásicos de la literatura negra, decidí cerrarlo como ellos, y que el lector no tuviera que hacer elucubraciones.
    Gracias por vuestro punto de vista.

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  13. Lotte Goodwin dice:

    El relato mejora a medida que avanza, aunque yo opino como Dies irae y Bonsái y hubiera evitado la justicia final. Así permanecería abierta la puerta a no se sabe qué. Incluso hubiera obviado la explicación de que los otros asesinatos formaran parte de una necesidad de coartada, de manera que nos quedara la intriga de si realmente era un maniaco, no solo un cornudo, que pudiera volver a matar. Me gusta la fluidez en el diálogo.
    Suerte, pues.

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  14. Avril dice:

    Gracias “La Machacanta” por leer mi relato y por aclararme, lo del escultor e imaginero Salcillo (con z).
    Y sí a mí el asesinato me parece terriblemente crudo. Y lo del chocolate atemperado, pues que tiene que doler un poco, sí.

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  15. La Machacanta dice:

    Lo realmente espeluznante del relato es el vertido del chocolate caliente en la fina y, seguro, irritada piel del pubis recién rasurado. Ni el Marqués de Sade hubiera imaginado un placer mayor contemplando semejante escena.
    Un relato ligero y ameno, bien descrito el asesinato, la parte más difícil.
    Por cierto, Salzillo, con z, es la calle que lleva el nombre del escultor murciano.

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  16. Bonsái dice:

    Avril:
    Muy buen relato. Bien pensado y bien llevado. Uno no puede dejar de leerlo, quiere saber qué sucederá. El final podía ser un poco más enigmático. Yo lo hubiera dejado un poco más en suspenso, sin que la policía lo atrapara, sin dar tanto a entender que él fue el asesino.
    Enhorabuena y suerte.

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  17. La señorita Bennet dice:

    ¡Hola Avril!

    Me ha sorprendido mucho tu relato, sobre todo el desarrollo de los hechos, yo desde que empiezo un relato juego a adivinar como acabará. Normalmente acierto, pero esta vez no, para nada 🙂

    Suerte en el concurso.

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  18. Dies Irae dice:

    Enhorabuena por el relato, Avril. Engancha y mantiene la tensión hasta el final y la correcta escritura (una frase he encontrado un poco confusa) hace que sea un placer leerlo.

    Lo único que no me ha gustado ha sido la resolución: yo lo cortaría en la media sonrisa (y sería triunfal más que despectiva). Para mí ese “buenismo” final tan políticamente correcto, sobra.

    Suerte y un saludo para ti.

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  19. jazzmina dice:

    Un argumento interesante donde la intriga va en aumento a medida que avanza el relato. En cuanto a lo puramente descriptivo, como ya he leído por ahí, de acuerdo en que sobresale la escena de la depilación, inquietante desde que va a la cocina, hasta que va “librándola del vello poco a poco”. Parece que se fuera a convertir en el Hannibal Lector de “El silencio de los corderos”
    Enhorabuena y suerte Avril.

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  20. Gael dice:

    Hola Avril. Pienso que tu relato está correctamente hilvanado, si bien es cierto que a veces me confundí un poco con el juego que haces con las perspectivas del texto. Creo que a veces faltan dobles espacios entre uno que otro párrafo para advertirnos sobre esos cambios de perspectiva, las miradas propias de los personajes. Pero bueno, eso es apenas una cuestión formal. Por lo demás, al final recurres a un truco un tanto gastado para resolver el conflicto a favor de la justicia. Estoy de acuerdo con lo dicho por Rulfo y Sacha. Suerte, Avril.

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  21. sacha dice:

    La escena de la depilación es más inquietante que la de los dos asesinatos. Eros y Tanatos siempre van de la mano.
    Enhorabuena.

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  22. Avril dice:

    ¿Situarlo en Murcia es ganar algunos puntitos? Yo creo que es al revés. No, mi relación con Murcia es a través de gente encantadora, y que me han hablado mucho de ella.

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  23. Rulfo dice:

    Lo siento Avril, pero me suena a un estadio anterior, cuando ningún asesino triunfaba. ¿Te suena aquello de “el criminal nunca gana”? Pues no, eso no era cierto entonces. Y ahora mucho menos. Ahora triunfan todos: los que arriesgan y se les cae la cartera, y los que buscan sicarios que les hagan el trabajo. Ha mejorado mucho esa escudería.

    En fin, tiene el buen hacer de ir contando cosas poco a poco para que nadie lo deje en la mitad. Siempre prevalece lo de ¿joder, cómo acabará esta historia? Por cierto, ¿por qué en Murcia? Quizá por ganar algunos puntitos o es que tú naciste ahí y te desenvuelves mejor.
    Suerte

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  24. Isabel de Poitiers dice:

    Desde luego un final sorprendente y grandes toques de humor al principio. Suerte Avril!!

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  25. Ms Rioja dice:

    Un relato muy entretenido con una trama muy bien pensada. El estilo es fluido y se lee fácilmente. El ambiente es de suspense, sobre todo cuando teresa y ernesto están en la cama y esperamos lo peor… pero el tono es irónico y me gusta. Enhorabuena y suerte con el concurso.

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  26. Avril dice:

    Gracia Roslaga y Lovecraft. Vuestros comentarios me confirman el consejo que me dio otro concursante: El relato debe comenzar con un terremoto y de ahí todo para arriba. Lo intenté y me alegro de que os haya entretenido.
    Gracias por leerlo.

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  27. Abuelo dice:

    Una historia perfectamente hilvanada que engancha desde el comienzo. Suspense en estado puro. Aunque debo reconocer que hubo un momento en el que mi mente acudió en auxilio de mi congoja, e imaginé a Alberto, navaja en mano frente al cesped, cantando aquello de: “Figaro cua, Figaro la, Figaro su, Figaro giu…”, y “la donna è mobile cual piuma al vento…”, mientras se afanaba en esa peculiar “tonsura”. Luego me fijé mejor y descubrí que la acción no transcurre en Sevilla, sino en Murcia. Un alivio.
    Enhorabuena, Avril.

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  28. Lovecraft dice:

    Crimen. Infidelidad. Sin aliento.

    No sé si lo habrás buscado intencionadamente, pero para mi lo mejor del relato es el ritmo que va in crescendo conforme avanza la narración hasta llegar al climax con el asesinato de Ernesto. Muy logrado.

    P.D.: acabo de desconectar la webcam de mi ordenata (que mi mujer me perdone).

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  29. Roslaga dice:

    Me ha gustado, te engancha desde el comienzo y no puedes dejar de leer. Muy gráfica la escena de la depilación te pone los pelos de punta…

    Suerte.

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  30. Avril dice:

    Gracias “lectora” por tu comentario. Y efectivamente el ciberamante no debe de saber mucho de estilismo. Y a mí me entra la risa al verme en la situación del personaje, ya que padezco un ligero temblor de manos. ¿Te imaginas la escena? Sería propia de la película “El jovencito Frankestein” y yo sería un Igor con navaja y manos temblorosas. Pobre mujer.

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  31. lectora dice:

    Desde luego que hay que ser un poco imbécil para besar una pantalla y dejar en manos de un chatín la depilación , creo que además el ciberamante no sabe mucho de estilismo .A pesar de ello me ha entrado un sudor frío horrible cuando la “soprano” se puso en postura.Yo creía que ahí se iba a llevar por delante algo más que el vello y la espumita( eso de la espuma es un buen detalle del autor jeje).

    Pues consigue que el lector se pegue a la pantalla hasta que llamen a la puerta.

    Suerte.

    Vale por cinco estrellas

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  32. Avril dice:

    Gracias Ganímedes, Caos y Hóscar-wild is back, por vuestros comentarios. Y sí los ataques de cuernos son tremendos, solo hay que leer los periódicos para comprobarlo.

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  33. Hóskar-wild is back dice:

    No olvidéis apagar vuestras webcam; no dejéis rastro de vuestros labios en la pantalla; cambiad la contraseña cada semana… o dejad al pelmazo del marido (hay que ver cómo se pone por un simple ataque de cuernos) y disfrutar de la vida. Suerte.

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  34. Caos dice:

    Enhorabuena. Engancha enseguida y se lee de un tirón. Suerte

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  35. Ganímedes dice:

    Buena trama, buenas descripciones, buen relato; te deseo mucha suerte.

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