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Ganadores y crónicas

Laura Sánchez Abad

Primer premio

 LauraSánchez Recogiendo el primer premio de manos de Carmen Posadas

Barcelona (España)

33- La ansiedad de la larva. Por Nairobi

 

Franz Kelle

Segundo premio

Franz Kelle recogiendo el segundo premio de manos de Carmen Posadas

Valencia (España)

106- Alipio en el País de los Maravillosos Móviles Inteligentes. Por Nuak

DE TARIMAS Y PODIOS

Quince personas en apretada formación, hombro con hombro. Impone su yugo un silencio denso, expectante. ¿No habrá nadie aquí que se llame Blanca, no será esta la temible plaza? No, ella nunca se descubriría respondiéndome: acaban de decir que, de tan blanca, es invisible. Por un eterno instante solo oigo el aire expulsado por los conductos de aireación, los de la sala y los míos, acelerados. Laten las sienes. No hay escapatoria.

¡PAM! De repente, los altavoces disparan otro nombre. ¿Han dicho el mío? Cabezas que giran. ¡Han dicho el mío! La megafonía lucha por recitar el título del tirón, sin parar a coger aire: Alipio en el País de los Maravillosos Móviles Inteligentes. ¿Ha dicho «Alipio» o «alivio»?

No, no siento alivio. Sí cierta confusión. No me entero muy bien de lo que acontece alrededor. El trofeo lo tienen los presentadores, me dirijo hacia ellos, pero me lo quiere entregar el hada madrina. Nos encontramos por el camino. Flashflashflash. Plasplasplás. «¿Quieres decir unas palabras?», ofrece la presentadora a la vez que el hada, grácilmente posada a mi vera, me pregunta otra cosa.

Unas palabras, unas palabras… Blablablá. Me siento como si un café doble ingerido bajo el olivo hubiese cortocircuitado mis dedos con cien whatsapps por banda pendientes de contestar. No he preparado ni el discurso más rudimentario, mi feroz autocrítica no situaba al bueno de Alipio en el podio. Logro encadenar algún agradecimiento, sincero pero manido, y nada más. Graciasgraciasgracias. Plasplasplás.

Recupero mi sitio en la fila. Baja la adrenalina, se sosiega la mariposa en el pecho, regreso al calor de mi envoltura de seda. Cede la ansiedad, bendita latencia larvaria.

Elena Marqués Núñez

Tercer premio

Elena Marqués recogiendo el tercer premio de manos de Carmen Posadas

Sevilla   (España)

249- La invisibilidad de Blanca. Por Lotte Goodwin

Que escriba una crónica, me dicen. Y me lanzo desesperada a buscar su exacta definición para estar segura de la tarea a que me enfrento, pues, hasta la presente, solo he pergeñado algunas fábulas, varios microrrelatos y muy malos poemas, nada de «historias compilatorias en que se observa el orden cronológico», donde se da cabida a testigos presenciales con sus voces distintas y cercanas y su palpable sensación de verosimilitud.

Además, después de un viaje largo y tantas emociones, de encuentros con escritores consagrados, cuentistas a medio hacer y amigos incondicionales de las letras, me iba resultar muy difícil enderezar el hilo con que realmente se apuntaron los acontecimientos.

Gracias a los hados, o a las musas, o a algún Ángel de la guarda que vela por nosotros, los «plumillas» (para Salinas, don Miguel de Cervantes o Unamuno, que por algo comparten nombre con alguno de esos espíritus celestes), me topé con otra benéfica acepción de «crónica» que, centrada en un tema de actualidad, se inscribe dentro del género periodístico, y, en un quiebro poético y colorista, distingue entre blanca y amarilla, y observa que, en esta última, la voz autorizada no es sino una persona común y corriente a la que se le permite ser subjetiva y emplear un lenguaje sencillo o, si es su deseo, literario.

Entonces he respirado tranquila, pues eso me da pie a contar mi propia e indiscutible versión de los hechos a la manera en que me vengan a la cabeza, en el orden en que el recuerdo, o más bien la nostalgia, me permita recuperarlos.

Para relatar lo sucedido en Murcia el día 22 de marzo debería circunscribirme a lo que vi y escuché en la concurrida y animada mesa 7, junto a la puerta de entrada; una pequeña pero no por ello menos representativa isla donde tuve la suerte de coincidir con el siempre adorado por el público Lovecraft, con finalistas de los dos certámenes, poetas y narradores, con alguna indispensable comentarista y, por supuesto, con los siempre necesarios familiares que nos apoyan incondicionalmente en nuestra aventura verbal.

Allí se habló de lo divino y de lo humano, y reímos al recordar estos meses de encuentros y, por qué no, de desencuentros, aquellas decepciones al revelar lo que se ocultaba bajo las máscaras y pseudónimos y descubrir, entre otras cosas, que el «atractivo» Asesino de Morfeo vestía faldas. «Qué es la literatura sino engaño», comentamos entre guiños; qué son las páginas sino escenarios donde representar nuestro papel, uno distinto en cada momento o varios, en fin, al mismo tiempo.

Y entonces se hizo evidente que es en ese teatro de la página en blanco, o la pantalla iluminada de cursor parpadeante, donde más a gusto nos sentimos, pues, al ir nombrando a finalistas y premiados, al subir esos tres (o dos, quién lo recuerda) escalones para llegar al estrado a encarar a Sebastián Mondéjar y Mari Cruz Agüera, al encontrarse de frente con la mirada profunda de doña Carmen Posadas, a más de uno le temblaron las manos y la voz y se le quebró la sonrisa que la cena y el vino le habían generosamente otorgado.

Rápida se nos hizo la entrega de galardones y trofeos, desde el Premio del Público de Poesía, que tuve la suerte de recibir de manos de Yolanda Sáenz de Tejada (a la que a partir de ahora no solo admiraré por sus versos, sino por su eterna sonrisa), pasando por el desfile de ilusionados finalistas del VII Certamen Poemas sin Rostro, que ya no eran Toni Casués ni Barbastristes; ni Germain ni el Poeta de agua y sombras, que se alzó con el triunfo; ni Bruja ni Martín Romaña; ni el invencible Ave Fénix ni la sabia Atenea o Ars Domina; ni el Marco Aurelio que en este caso también era mujer (mucho nombre clásico para mujeres modernas), sino los tímidos rostros de quienes bajo esos lemas se escondían y se rev(b)elaban o algunos compañeros bien dispuestos a recoger en su nombre el preciado galardón.

Y luego los aplausos al Premio del Público de Narrativa Breve, don Ángel Guardiola, y a la Asesina de Morfeo (que no de nuestros sueños), compartiendo podio como buenos compañeros y cediéndole también su lugar de honor a un don Juan Tenorio que a todos enamora.

No sé si me estoy alargando demasiado o corriendo más de la cuenta. Quizás sea porque todo se pasó como un suspiro (así es el tiempo de caprichoso en los momentos plácidos), porque enseguida empezaron tímidamente a asomar los finalistas del certamen de relatos; un nutrido grupo de bien avenidos comentaristas que ahora enmudecían por los nervios.

Tampoco podría decir si fue Pablo o fue Gabriela quien los nombró a los quince, despojados de sus inventadas personalidades, resurgiendo tras Fanny Prices, Nuak, Sol, Luna (que desde México nos envió un cordial saludo), Juana Lomas, Lotte Goodwin, Sacha, Mario Montes, Alexander Bürgameister, Metafastro (un saludo especial a sus ojos de poeta), Thomas Guhó (quien, aunque no era Allan Poe, a nadie podrá nunca decepcionar), Nairobi, la gran triunfadora, que pidió un reconocimiento para todos los participantes y eso más que nada la hace grande, Maurice Kraft, Tatu y nuestra Vieja Ifigenia, desde distintos puntos del globo pero con una misma lengua y una misma e irreductible ilusión.

¿Qué más podría decir? Que aún teníamos la noche por delante para compartir experiencias, intercambiar teléfonos, escribir en una servilleta el correo electrónico donde continuar esa extrañamente intensa relación y algunas conversaciones que el sueño o las obligaciones llegaron a interrumpir. Toda una fiesta este encuentro, aunque faltara Antonio, mecenas y cofundador del Canal a quien también recordaron en un velada mágica.

Dormí de un tirón aquella noche, yo que tanto lucho con las sábanas, entre otras muchas batallas que emprendo cada día.

Sería que esa en cuestión había sido en buena lid y todos salimos vencedores, pues nuestras espadas eran como labios y quedaba demostrado que la pluma es más poderosa que todos los floretes y la poesía un arma cargada de futuro.

Elena-Marco Aurelio-Lotte Goodwin

Sevilla, 26 de marzo de 2013

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