231- España 1938. Por Acero

España 1938

A la memoria de Miguel Hernández

 

Por mi ventanilla pude ver

el tren que agoniza cada noche

traslada extenuación, quejidos,

traslada la guerra, doctrinas sin candados

ni rejas, preservadas por los muertos,

por la sangre de los que aún claman.

 

Un pasajero se acercó, luego otros

pero de nuevo quedé solo,

solo junto al cristal.

Huyeron de tanta agonía,

reclamaron ventanas de otro color,

reclamaron paz para aquellas almas.

 

El desfallecido tren buscaba un hospital,

o el regazo de cierto camposanto,

remendar sus palomas.

Buscaba donde aliviar sus estertóreas pesadumbres,

gloria para sus pasajeros.

 

Se mantenía al ritmo de nuestros fierros,

envejeciendo en medio del carbón,

encadenándonos a una noche

con espectral escolta al reclamo de mi tinta.

 

Bostezaba nuestro aire,

su humo desmembraba al viento

y hacía volar mi pluma sobre el papel:

 

Tren de palidez roja

de humedad que conspira sin armas,

sin ropas, sin piel para cubrirse del relente,

sin otra piel que no fueran sus ideas.

Rostros en las arenas del tiempo

exfoliando la historia

para subir las cortinas, erguir las letras

en la humedad de la sangre.

En la sangre húmeda aún de los cadáveres,

de los malheridos.

 

Regresan los demás pasajeros,

regresan para decir adiós cuando el alba susurra

en aquel pedazo de España.

 

Se desdibujan los quejidos que renuncian al silencio

y al tinte que ha manchado a la patria

para luego hablar el lenguaje ahogado de los muertos

desde el tren que agoniza cada noche.

 

 

 

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