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	<title>Asociación Canal LiteraturaCuentos | Asociación Canal Literatura</title>
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		<title>La Rosa del Desierto: Capítulo 8 &#8211; Los Hombres de Poder</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Mar 2013 18:58:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>norelliale</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Los hombres de gran poder suelen perder interés en cualquier cosa distinta a su poder. Los hombres que con sus palabras y acciones, o la falta de ellos pueden afectar las vidas de miles de personas, se deshacen con facilidad de la empatía, y yo no fui la excepción. Todo lo que sucedía fuera de las paredes de mi palacio  no podía afectarme, sólo me preocupaba cómo usar a los pueblos, amigos y enemigos para mi beneficio. Solía salir a las calles y hablar con la gente, entraba a sus casas y les ofrecía manjares del palacio, en las noches me contaba las historias que había escuchado, como si fueran leyendas en las que yo pronto empecé a interesarme. Empecé a destinar parte de mis tesoros a ayudar a los que tocaban el corazón de mi esposa, asigné a sus causas a varios de mis hombres para que le ayudaran y la protegieran. Fue amada por la gente común, y en consecuencia empezaron a percibirme como un líder compasivo y amoroso, aún y cuando todo el trabajo lo hacía ella. Desde el día de nuestra boda supe que yo cambiaría por ella, una idea que me aterrorizó al principio,  pensaba [...]</p><p>The post <a href="http://canal-literatura.com/blog/blog-literatura/la-rosa-del-desierto-capitulo-8-los-hombres-de-poder/">La Rosa del Desierto: Capítulo 8 &#8211; Los Hombres de Poder</a> appeared first on <a href="http://canal-literatura.com">Asociación Canal Literatura</a>.</p>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Los hombres de gran poder suelen perder interés en cualquier cosa distinta a su poder.</p>
<p style="text-align: justify;">Los hombres que con sus palabras y acciones, o la falta de ellos pueden afectar las vidas de miles de personas, se deshacen con facilidad de la empatía, y yo no fui la excepción. Todo lo que sucedía fuera de las paredes de mi palacio  no podía afectarme, sólo me preocupaba cómo usar a los pueblos, amigos y enemigos para mi beneficio.</p>
<p style="text-align: justify;">Solía salir a las calles y hablar con la gente, entraba a sus casas y les ofrecía manjares del palacio, en las noches me contaba las historias que había escuchado, como si fueran leyendas en las que yo pronto empecé a interesarme.</p>
<p style="text-align: justify;">Empecé a destinar parte de mis tesoros a ayudar a los que tocaban el corazón de mi esposa, asigné a sus causas a varios de mis hombres para que le ayudaran y la protegieran.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue amada por la gente común, y en consecuencia empezaron a percibirme como un líder compasivo y amoroso, aún y cuando todo el trabajo lo hacía ella.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde el día de nuestra boda supe que yo cambiaría por ella, una idea que me aterrorizó al principio,  pensaba que si me despojaba de mi crueldad también perdería mi poder. Ahora, convertido en un fantasma y perdido en el Desierto, entiendo que ese temor era bien fundado.</p>
<p style="text-align: justify;">Siendo hombre la amé, dejé de necesitar otros aromas distintos al de ella, dejé de venerar cualquier cosa que no se pareciera a ella, siendo un fantasma la odio, fue su bondad la que abrió el camino a la Rosa del Desierto hacia mi muerte.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p><strong>Norelliale</strong></p>
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		<title>La Rosa del Desierto: Capítulo 7 &#8211; La Esposa</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Feb 2013 23:00:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>norelliale</dc:creator>
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		<category><![CDATA[La Rosa del Desierto: Capítulo 7]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>No hay nadie que escuche mi voz, no  hay nadie que pueda verme, pero cuando era un hombre el mundo estaba a mis pies, como el heredero de riquezas y tierras que se extendían por todos los  desiertos, mi influencia sobre esas naciones era enorme, y con ese poder también venían enormes responsabilidades. Mi vida debía ser perfecta y para lograr esa perfección, además de oro, palacios, camellos, fuerza y sirvientes, un hombre respetable debía tener una familia. Cuando tuve la edad adecuada, mi padre me acompañó a emprender un viaje largo en busca, no  de cualquier esposa, sino la primera, la que caminaría de mi mano por ciudades y naciones, la que me enaltecería delante de reyes, príncipes y enemigos, la que procrearía a mi descendencia, los futuros dueños de todo lo que mis ancestros habían construído. Mi padre tenía en mente a varias candidatas, hijas de hombres influyentes en los 7 Desiertos, algunos eran viejos aliados, otros enemigos latentes a los que era necesario mantener cerca y neutralizar. La búsqueda no generaba en mí emoción alguna. Era un deber, como tantos otros. Cualquier mujer me daba igual.  Cuando eres dueño del más exquisito harem, una mujer más o [...]</p><p>The post <a href="http://canal-literatura.com/blog/blog-literatura/la-rosa-del-desierto-capitulo-7-la-esposa/">La Rosa del Desierto: Capítulo 7 &#8211; La Esposa</a> appeared first on <a href="http://canal-literatura.com">Asociación Canal Literatura</a>.</p>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img class="alignright" style="margin-left: 10px; margin-right: 10px; border: 0px;" title="Sting (with Cheb Mami)- Desert Rose " alt="Sting (with Cheb Mami)- Desert Rose " src="http://canal-literatura.com/fotos/sting.jpg" width="210" height="210" />No hay nadie que escuche mi voz, no  hay nadie que pueda verme, pero cuando era un hombre el mundo estaba a mis pies, como el heredero de riquezas y tierras que se extendían por todos los  desiertos, mi influencia sobre esas naciones era enorme, y con ese poder también venían enormes responsabilidades.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi vida debía ser perfecta y para lograr esa perfección, además de oro, palacios, camellos, fuerza y sirvientes, un hombre respetable debía tener una familia. Cuando tuve la edad adecuada, mi padre me acompañó a emprender un viaje largo en busca, no  de cualquier esposa, sino la primera, la que caminaría de mi mano por ciudades y naciones, la que me enaltecería delante de reyes, príncipes y enemigos, la que procrearía a mi descendencia, los futuros dueños de todo lo que mis ancestros habían construído.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi padre tenía en mente a varias candidatas, hijas de hombres influyentes en los 7 Desiertos, algunos eran viejos aliados, otros enemigos latentes a los que era necesario mantener cerca y neutralizar.</p>
<p style="text-align: justify;">La búsqueda no generaba en mí emoción alguna. Era un deber, como tantos otros. Cualquier mujer me daba igual.  Cuando eres dueño del más exquisito harem, una mujer más o una menos no cambia nada.</p>
<p style="text-align: justify;">Muchos días, muchas noches pasamos visitando a las candidatas, sus familias las preparaban con sus mejores ropas y joyas, las hacían bailar frente a mí, servirme manjares, tenían prohibido hablar en mi presencia, a menos que yo así se los ordenara.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo no prestaba atención, suponía que era mi padre quien tomaría la decisión final.</p>
<p style="text-align: justify;">Finalmente, cuando ya mi paciencia se agotaba llegamos a una lejana ciudad a la que no viajaba desde niño, visitamos a un viejo amigo de mi padre, alguien en quien confiaba y respetaba como un hombre de honor.</p>
<p style="text-align: justify;">Mientras mi padre y su amigo se saludaban, ella salío al jardín. Vestida de azul, ligera al caminar, la piel dorada y los ojos negros como la noche, dulces como la miel, a pesar de su oscuridad, no guardaban secreto alguno.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo que había visto y tocado a tantas mujeres que ya nada me parecía nuevo o interesante, pero desde que la ví, parada junto a la puerta, con la mirada puesta en mí, supe que no era una mujer común, no pude señalar lo que la separaba del resto de nosotros, ni siquiera ahora, que la muerte me ha dejado ver tantas cosas que permanecen invisibles a los ojos de los hombres, sólo sé que todo lo bueno del mundo existía en sus ojos, los mismos ojos que yo terminaría matando a pedido de la Rosa del Desierto.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>Norelliale</strong></p>
<p>The post <a href="http://canal-literatura.com/blog/blog-literatura/la-rosa-del-desierto-capitulo-7-la-esposa/">La Rosa del Desierto: Capítulo 7 &#8211; La Esposa</a> appeared first on <a href="http://canal-literatura.com">Asociación Canal Literatura</a>.</p>]]></content:encoded>
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		<title>El Arlequín usurpa mis extremidades.Por Fernando Guerrero</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Jan 2013 17:00:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fernando guerrero</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>(Para Alejandra Guerrero quien me incita a escribir) Estaba tendido en el suelo en alguna parte del mundo, dure perdido de mi realidad un par de semanas en las cuales recuerdo que al despertar tenia mis manos atadas con un nudo ciego y la sangre en la garganta me ahogaba lentamente, cuando trate de levantarme un dolor intenso tomo una de mis piernas y me lanzo inmediatamente al suelo, por alguna extraña razón trate de no gritar ni producir ningún tipo de estigma para no mostrar que estaba vivo, pero mis intentos por fingir mi propia muerte fueron en vano.-¿Hay alguien allí?- escuche decir al otro lado del muro, me mordí los labios para contener palabra alguna hasta el punto en el que mi boca comenzó a sangrar, me abstuve de dar señales de vida por temor a morir en ese instante. Abrí los ojos y el dolor en mi pierna aun no desaparecía y era la oscuridad quien no me permitía ver que causaba aquel dolor, en la habitación había un hedor a comida de perro y en algunos instantes a carne podrida, logre observar al fondo del cuarto una pequeña y delgada luz que se filtraba desde la [...]</p><p>The post <a href="http://canal-literatura.com/blog/zona-literaria/el-arlequin-usurpa-mis-extremidades-por-fernando-guerrero/">El Arlequín usurpa mis extremidades.Por Fernando Guerrero</a> appeared first on <a href="http://canal-literatura.com">Asociación Canal Literatura</a>.</p>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em><img class="aligncenter" alt="" src="http://canal-literatura.com/fotos/arlequin-g.jpg" width="400" height="197" /></em></p>
<p><em>(Para Alejandra Guerrero quien me incita a escribir)</em></p>
<p style="text-align: justify;">Estaba tendido en el suelo en alguna parte del mundo, dure perdido de mi realidad un par de semanas en las cuales recuerdo que al despertar tenia mis manos atadas con un nudo ciego y la sangre en la garganta me ahogaba lentamente, cuando trate de levantarme un dolor intenso tomo una de mis piernas y me lanzo inmediatamente al suelo, por alguna extraña razón trate de no gritar ni producir ningún tipo de estigma para no mostrar que estaba vivo, pero mis intentos por fingir mi propia muerte fueron en vano.-¿Hay alguien allí?- escuche decir al otro lado del muro, me mordí los labios para contener palabra alguna hasta el punto en el que mi boca comenzó a sangrar, me abstuve de dar señales de vida por temor a morir en ese instante.</p>
<p style="text-align: justify;">Abrí los ojos y el dolor en mi pierna aun no desaparecía y era la oscuridad quien no me permitía ver que causaba aquel dolor, en la habitación había un hedor a comida de perro y en algunos instantes a carne podrida, logre observar al fondo del cuarto una pequeña y delgada luz que se filtraba desde la puerta, arrastre mi cuerpo y a la mitad del camino unas voces detuvieron mi recorrido. – ¡Auxilio!- gritaban en algún lado del espacio &#8211; ¡Auxilio!, ¿Alguien puede escucharme?- repitió una fina y delgada voz, Salí de la habitación y la luz que se posó de inmediato sobre mis ojos me cegó temporalmente. Cuando logre recuperar la vista quede perplejo frente a lo que estaba viendo, paredes ensangrentadas formaban un largo y frio corredor, el lugar era completamente simétrico, los muros eran separados en su tangente por puertas de metal las cuales parecían impenetrables, cientos de voces se escuchaban detrás de cada uno de los portones y todas casi como en un coro decían lo mismo –Auxilio, ¿Hay alguien allí?-, me arrastre hasta el cuarto que se encontraba justo en frente de lo que yo ya denominaba mi habitación, observe mi pierna derecha, mis dedos y mi talón se encontraban totalmente doblados hacia atrás, coloque la camisa sobre mis encías y tome mis tarsos, en un acto de valentía agarre fuertemente el talón y los dedos y un ruido inexplicable me indico que los había colocado en la posición correcta , las lágrimas brotaron fuertemente y en mi garganta se hallaba un grito ahogado. Me levante sobre mi pierna izquierda y desate mis manos con la perilla metálica, me sujetaba de los muros y comencé a avanzar, para mi mala suerte ninguna puerta estaba abierta.</p>
<p style="text-align: justify;">Al final del corredor justo al lado de una abertura que me separaba con el pasillo continuo pude observar una puerta medio abierta, cuando mi rostro asomo pude ver a una pequeña niña de algunos 14 años tendida en el suelo, con la rapidez que se me permitía entre a la habitación, alrededor de ella un charco de sangre y el mismo hedor a carne podrida se posaba sobre su cuerpo, mi corazón empezó a latir con más fuerza y sentí furia al pensar en la desdicha que estaba pasando aquella pobre niña. –Joder, ella no merece esto, ¡Malditos!, malditos todos- dije mientras apoyaba mi mano sobre su rostro, en seguida sus ojos se abrieron y escupió en el suelo una sustancia verde, cuando alzo la mirada una expresión de terror se marcó sobre su rostro – No me haga daño por favor, yo soy solo una niña- lanzo su cuerpo hacia atrás y comenzó a llorar –shh, no te hare daño, te ayudare a salir de aquí- mire sus piernas pero ninguna de ellas estaba rota o mal formada, -vamos- le dije y estire mi mano, se levantó y el temor parecía haber desaparecido -vamos- respondió y me tomo del brazo.</p>
<p style="text-align: justify;">Pasamos juntos al otro corredor, era igual al que estábamos antes y todas las puertas estaban cerradas, de pronto, unas risas demasiado agudas me hicieron detener los pasos y acompañando esas malévolas aparecieron pequeñas sombras y se fue la luz, me tomaron por la espalda y separaron mi mano de la pequeña niña, no quería morir, no en ese momento, algunas manos comenzaron a tocarme mientras yo en un intento de salir vivo agarre a uno de mis agresores y lo bote al suelo, al parecer logre asustarlos y volvió la luz, la niña estaba recostada en una esquina llorando, quede totalmente perplejo cuando al mirar al suelo vi algo tan espantoso, mi agresor era un pequeño arlequín no mayor de 69 cm. de altura, usaba un delgado traje de color rojo y purpura, al ver su rostro el pánico me llevo al mismo averno, era una criatura extraña con una nariz puntiaguda, sus ojos hundidos dentro de su cabeza y su boca se encontraba cocida, me levante y agarre a la niña para salir de allí lo más antes posible.</p>
<p style="text-align: justify;">Al pasar al siguiente corredor vimos unas bolsas de color negro que obstruían lo que parecía ser la salida, comencé a quitarlas para huir del lugar, al terminar de retirar las bolsas trate de abrir la puerta y las risas volvieron, mis esperanzas de salir vivo murieron por completo, volví al corredor anterior y el arlequín ya no estaba en el suelo, la niña rompió el silencio con un grito espeluznante.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando volví donde estaban las bolsas vi que estaban totalmente rotas, manos, troncos y piernas estaban totalmente regadas sobre el piso, oh Dios las piernas, todas con sus dedos torcidos y sus talones hacia atrás, el miedo me invadió hasta el punto de paralizarme, la niña lloraba incesantemente mientras sostenía la cabeza de un niño con la cual había golpeado al pequeño arlequín, este yacía sobre el suelo de nuevo inconsciente.</p>
<p style="text-align: justify;">Salimos a un callejón en un lugar que para mí no era desconocido, era la antigua calle en la cual solía tomar licor, la calle wevester no estaba lejos de mi casa, agarre por el codo a la niña y con rapidez comencé a saltar en la única pierna que me lo permitía, llegue a la casa y me tendí sobre la sala, la niña se desvaneció en la alfombra y las risas volvieron de nuevo, me levante rápidamente y se fue la luz.</p>
<p style="text-align: justify;">Estaba tendido en el suelo en alguna parte del mundo, cuando abrí los ojos estaba en la misma habitación con el olor a comida de perros en los pulmones, la luz estaba encendida y podía observar a distancia que mis piernas ya no estaban en mi cuerpo, se encontraban colgadas al techo con los dedos y el tobillo torcidos, una pequeña risa apareció por la puerta, con las fuerzas que me quedaban alce la mirada, la pequeña niña reía sin indulgencia.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong> Fernando Guerrero</strong></p>
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		<title>La Rosa del Desierto: Parte 6 &#8211; Espejismos</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Jan 2013 11:00:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>norelliale</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Nada es lo que parece, la mujer de belleza exquisita es una rosa maldita, la mujer común, de paso ligero y silencioso es un ángel y el hombre poderoso, no es más que  el esclavo de sus propios deseos. He visto cientos de oasis, usando mis últimas fuerzas he corrido hacia muchos de ellos en busca de agua fresca y comida,  para encontrarme arrodillado con las manos enterradas en la arena, me las he llevado a la boca convencido de tenerlas llenas de agua dulce y transparente. En los momentos de mayor desesperación y soledad, la he visto danzar entre las llamas de un fuego azul, que no puede quemar, que en vez de destruirla la nutre y la hace crecer, que enciende sus ojos negros y los hace hablar, que me cuentan todo lo que pude tener y todo lo que pude ser. La he visto a ella, tratando de salvarme, con sus ojos tristes y callados, con su sonrisa sigilosa. Del desierto no debes temer al calor, ni la posibilidad de perderte para siempre, teme a los espejismos, ellos son los que realmente puede dañarte el alma, esas imágenes perfectas que los fantasmas del pasado y del futuro trazan [...]</p><p>The post <a href="http://canal-literatura.com/blog/blog-literatura/la-rosa-del-desierto-parte-6-espejismos/">La Rosa del Desierto: Parte 6 &#8211; Espejismos</a> appeared first on <a href="http://canal-literatura.com">Asociación Canal Literatura</a>.</p>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright" style="border: 0px;margin-left: 10px;margin-right: 10px" title="Sting (with Cheb Mami)- Desert Rose " alt="Sting (with Cheb Mami)- Desert Rose " src="http://canal-literatura.com/fotos/sting.jpg" width="270" height="270" /></p>
<p style="text-align: justify">Nada es lo que parece, la mujer de belleza exquisita es una rosa maldita, la mujer común, de paso ligero y silencioso es un ángel y el hombre poderoso, no es más que  el esclavo de sus propios deseos.</p>
<p style="text-align: justify">He visto cientos de oasis, usando mis últimas fuerzas he corrido hacia muchos de ellos en busca de agua fresca y comida,  para encontrarme arrodillado con las manos enterradas en la arena, me las he llevado a la boca convencido de tenerlas llenas de agua dulce y transparente.</p>
<p style="text-align: justify">En los momentos de mayor desesperación y soledad, la he visto danzar entre las llamas de un fuego azul, que no puede quemar, que en vez de destruirla la nutre y la hace crecer, que enciende sus ojos negros y los hace hablar, que me cuentan todo lo que pude tener y todo lo que pude ser.</p>
<p style="text-align: justify">La he visto a ella, tratando de salvarme, con sus ojos tristes y callados, con su sonrisa sigilosa.</p>
<p style="text-align: justify">Del desierto no debes temer al calor, ni la posibilidad de perderte para siempre, teme a los espejismos, ellos son los que realmente puede dañarte el alma, esas imágenes perfectas que los fantasmas del pasado y del futuro trazan en el aire para engañarte, para hacerte creer que hay esperanza, que tienes compañía, que tus deseos te esperan.</p>
<p style="text-align: justify">Creer te esclaviza, te lo dice un fantasma que apostó su alma a que el fuego no podría quemarle la piel.</p>
<p style="text-align: justify">Este desierto es como la vida, una serie de trampas mortales que sortear, no creas en nada, tener esperanza sólo te hará más débil,  hagas lo que hagas, una de esas trampas va a funcionar.</p>
<p style="text-align: justify">(Cuento basado en la canción “Desert Rose” de Sting)</p>
<p style="text-align: justify">
<p><strong>Norelliale</strong></p>
<p>The post <a href="http://canal-literatura.com/blog/blog-literatura/la-rosa-del-desierto-parte-6-espejismos/">La Rosa del Desierto: Parte 6 &#8211; Espejismos</a> appeared first on <a href="http://canal-literatura.com">Asociación Canal Literatura</a>.</p>]]></content:encoded>
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		<title>TITA CHINITA. Por María Isabel Peral del Valle</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Jan 2013 23:00:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mariaisabel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
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		<category><![CDATA[envenenar]]></category>
		<category><![CDATA[María Isabel Peral del Valle]]></category>
		<category><![CDATA[perdices]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Tita Chinita era la menor de seis hermanos. Su padre, mi abuelo, era medico de pueblo, de esos que servían lo mismo para un roto que para un descosido. Atendía partos, entablillaba huesos, curaba gonorreas o resfriados. La consulta la tenía en la primera planta de la casa que habitaba en la calle Mayor. Constaba de tres salas, la de espera, el despacho, y una especie de laboratorio pertrechado con una vitrina en la que había tijeras, bisturí, una cajita metálica donde hervía las agujas y jeringuillas de cristal, un bote donde guardaba algodón, una caja para gasas, un autoclave y hasta ¡oh milagros de la ciencia!, un pequeño microscopio. Mi abuelo hacía, él mismo, sencillas analíticas. Cuando tita Chini fue quedando mocita vieja aprendió los rudimentos del análisis y la desinfección, y le ayudaba al abuelo. Hasta que se casó con tito el de las cuadras, un viudo con fama de mujeriego, del que decían que había matado a su mujer a base de cuernos. A tita Chini no le importó, decía que la primera mujer era una pavisosa, y que a ella más joven y espabilada no se los pondría. Los primeros años fueron medio bien, pero enseguida [...]</p><p>The post <a href="http://canal-literatura.com/blog/blog-literatura/tita-chinita-por-maria-isabel-peral-del-valle/">TITA CHINITA. Por María Isabel Peral del Valle</a> appeared first on <a href="http://canal-literatura.com">Asociación Canal Literatura</a>.</p>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://canal-literatura.com/blog/blog-literatura/tita-chinita-por-maria-isabel-peral-del-valle/attachment/15197201-sexy-bruja/" rel="attachment wp-att-17371"><img class="size-medium wp-image-17371 alignleft" style="margin-left: 10px;margin-right: 10px" title="Tita Chinita" alt="Tita Chinita" src="http://canal-literatura.com/wp-content/uploads/2013/01/15197201-sexy-bruja-300x300.jpg" width="300" height="300" /></a></p>
<p style="text-align: justify">Tita Chinita era la menor de seis hermanos. Su padre, mi abuelo, era medico de pueblo, de esos que servían lo mismo para un roto que para un descosido. Atendía partos, entablillaba huesos, curaba gonorreas o resfriados. La consulta la tenía en la primera planta de la casa que habitaba en la calle Mayor. Constaba de tres salas, la de espera, el despacho, y una especie de laboratorio pertrechado con una vitrina en la que había tijeras, bisturí, una cajita metálica donde hervía las agujas y jeringuillas de cristal, un bote donde guardaba algodón, una caja para gasas, un autoclave y hasta ¡oh milagros de la ciencia!, un pequeño microscopio. Mi abuelo hacía, él mismo, sencillas analíticas. Cuando tita Chini fue quedando mocita vieja aprendió los rudimentos del análisis y la desinfección, y le ayudaba al abuelo. Hasta que se casó con tito el de las cuadras, un viudo con fama de mujeriego, del que decían que había matado a su mujer a base de cuernos. A tita Chini no le importó, decía que la primera mujer era una pavisosa, y que a ella más joven y espabilada no se los pondría. Los primeros años fueron medio bien, pero enseguida tito, el de las Cuadras, fue tirando de nuevo al monte. Los rumores crecían por el pueblo, y hasta decían que lo habían visto en la capital del bracete con otra.<br />
Mis papás, cuando salían, me dejaban con tita Chini, cosa que a ella le encantaba, porque su vientre ya perezoso no le había dado hijos. En una de aquellas ausencias, cuando los rumores del pueblo corrían calle abajo, ella me dijo quería cocinar algo especial para su marido. Mientras ella cocinaba, yo acercaba una silla bajita al poyete y la observaba en su trajinar por entre sartenes y ollas.<br />
Perdices, cocinó perdices, y allí con esmeró las desplumó, las decapitó, les abrió el buche, su poquito de laurel, su poquita de pimienta, su poquito de clavo, todo rehogadito en cebolla caramelizada. Entonces abrió un bote que a mí me era familiar, aunque en ese momento no asociaba su procedencia, llevaba una pegatina en letra gótica que ponía Sales de Heparina. Espolvoreó con ella todo el asado, mientras me decía: verás que sabroso y bueno le va a saber a tu tito. Yo relamiéndome de gusto le pregunté: ¿para mí no hay perdices tita? No cariño, nosotras vamos a tomar chocolate con picatostes. Esto es para tito, cuando regrese de madrugada, tan cansado, pobrecito.<br />
Aquella noche a tito Cuadras le dio un jamacuco, se quedó privado, lo pasó malito y a los dos días se fue al campo de las malvas.</p>
<p style="text-align: justify"><strong> María Isabel Peral del Valle</strong></p>
<p><a href="http://delostiempos.blog.com.es" target="_blank">Blog de la autora</a></p>
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		<title>EL MAGO. Por MAR SOLANA. Ilustrado por Gema García Ingelmo.</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Jan 2013 11:15:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>marsoluna</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Samuel se sentía muy decaído. De su sombrero «mágico» de doble fondo extraía una hilera de pañuelos anudados de todos los colores. Un niño aplaudía, entusiasmado, desde su cochecito mientras su madre dedicaba a Samuel un mohín indolente que provocaba en el mago callejero aún más desgana. Las palomas, con sus abultadas pecheras blancas, caminaban a saltitos en su afán de picotear las migajas esparcidas por el suelo; cuando levantaban de nuevo el pico, unos ojos redondos y negros como bolitas de pimienta escrutaban, nerviosos, al parvo grupo de espectadores. Algunas personas que pasaban por allí se acercaban, curiosas, hasta el lugar donde Samuel prodigaba su repertorio de trucos, pero rápidamente abandonaban el pequeño círculo que se había congregado en la «Plaza de la Bohemia», aquella nublada mañana de primeros de noviembre. Un cielo estático y plomizo amenazaba con vaciar los hinchados vientres de las nubes otoñales. Cansado, el mago dedicó una silenciosa reverencia a su escaso público y ofreció un platillo en busca de algunas monedas. Pero la pequeña concurrencia se disgregó sin aplaudir siquiera; parecían programados para, de repente, hacer algo distinto. Tan sólo un anciano de andares resueltos se acercó a él y depositó en el fondo [...]</p><p>The post <a href="http://canal-literatura.com/blog/blog-literatura/el-mago-por-mar-solana-ilustrado-por-gema-garcia-ingelmo/">EL MAGO. Por MAR SOLANA. Ilustrado por Gema García Ingelmo.</a> appeared first on <a href="http://canal-literatura.com">Asociación Canal Literatura</a>.</p>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Samuel se sentía muy decaído. De su sombrero «mágico» de doble fondo extraía una hilera de pañuelos anudados de todos los colores. Un niño aplaudía, entusiasmado, desde su cochecito mientras su madre dedicaba a Samuel un mohín indolente que provocaba en el mago callejero aún más desgana. Las palomas, con sus abultadas pecheras blancas, caminaban a saltitos en su afán de picotear las migajas esparcidas por el suelo; cuando levantaban de nuevo el pico, unos ojos redondos y negros como bolitas de pimienta escrutaban, nerviosos, al parvo grupo de espectadores. Algunas personas que pasaban por allí se acercaban, curiosas, hasta el lugar donde Samuel prodigaba su repertorio de trucos, pero rápidamente abandonaban el pequeño círculo que se había congregado en la «Plaza de la Bohemia<i>»</i>, aquella nublada mañana de primeros de noviembre. Un cielo estático y plomizo amenazaba con vaciar los hinchados vientres de las nubes otoñales.<a href="http://www.canal-literatura.org/fotos/Simon-G.jpg" target="_blank"><img class="alignright" style="margin-left: 10px; margin-right: 10px; border: 0px;" title="Simón- © Ilustración de Gema García Ingelmo" alt="Simón- © Ilustración de Gema García Ingelmo" src="http://canal-literatura.com/wp-content/uploads/2013/01/SimonP-300x292.jpg" width="300" height="292" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Cansado, el mago dedicó una silenciosa reverencia a su escaso público y ofreció un platillo en busca de algunas monedas. Pero la pequeña concurrencia se disgregó sin aplaudir siquiera; parecían programados para, de repente, hacer algo distinto. Tan sólo un anciano de andares resueltos se acercó a él y depositó en el fondo de su sombrero unos objetos de colores. Sus ojos, verdes con irisaciones de ría marina y festoneados por un montón de arruguitas, dedicaron un brillo cálido y generoso a los del mago, tristes y distantes. Descubrió que el viejo le había dejado una cápsula blanca muy pequeña y una especie de cristal ovalado verde esmeralda, mucho más grande y envuelto en celofán. Samuel, confuso y sorprendido, se dirigió a él que lo observaba con simpatía: «Pero… ¿qué diantres es esto, abuelo? Yo…»</p>
<p style="text-align: justify;">—Samuel, debes tomar una decisión si quieres «ver». Te dedicas a la magia y sin embargo… —hizo una pausa para carraspear y tomar aliento, no era fácil lo que debía comunicarle—… eres mucho más escéptico que tu público, cada vez más reducido, por cierto…</p>
<p style="text-align: justify;">—Pero… ¿quién es usted y cómo sabe mi nombre y… lo demás? ¿De qué decisión me habla, qué significa…? —le preguntó al extraño anciano con una mezcla de asombro y enfado. No le gustaban las cosas que no podía controlar .</p>
<p style="text-align: justify;">—Quién soy yo y cómo sé tú nombre ahora importa poco para lo que nos ocupa. La decisión a la que me refiero está entre la pastillita blanca y el caramelo verde. Ese es el regalo que hoy te hago por tu jornada de trabajo, por habernos deleitado con todos tus trucos y tu magia, Samuel. Mereces saber…</p>
<p style="text-align: justify;">—Pero… ¡si no le he visto entre el público!, ¿de dónde sale usted? —le interrumpió. Cada vez se encontraba más impaciente y confundido…</p>
<p style="text-align: justify;">—… Mereces saber, avizorar con todos tus sentidos, cómo es el universo de verdad —continuó el viejo, inquebrantable, con su discurso—. Hace mucho, mucho tiempo, yo también tuve la misma oportunidad que te ofrezco ahora: ver el mundo a lomos de tu «caballo de Vida», un precioso corcel blanco, desde dentro del Carrusel o fuera de él. Tú decides, mago: si te tomas la pastillita blanca, percibirás lo que te rodea parecido a como lo ves ahora, desde dentro del Carrusel, a lomos de tu «caballo de Vida» y sin detener el giro; el blanco es el color de la pureza y de la paz. Aunque observar todo así será suficiente para darte cuenta de algunas cosas que necesitan un cambio de perspectiva muy urgente en tu rutina. Si eliges el caramelo verde, que bajo ningún concepto debes tragarte ya que correrías el riesgo de quedarte atrapado en tal «visión», descubrirás también la Vida a lomos de tu «caballo», pero fuera del Carrusel. El verde es el color de la esperanza y del equilibrio. Es probable que esta opción no te ofrezca tantos detalles sobre los aspectos que debes cambiar en tu existencia, aunque podría ser una perspectiva para completar tu visión del universo… Ahora debo irme, Samuel. Recuerda: la pastillita blanca se traga, no la dejes en tu boca más de lo necesario. El caramelo verde se chupa, ten cuidado de no morderlo o tragarlo. Y lo más importante, no debes temer equivocarte, tu decisión será la más adecuada para «ver» aquello que necesitas ahora.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando Samuel levantó la vista del fondo de su sombrero ocurrió algo increíble, ¡el anciano había desaparecido!, pensó que se estaba volviendo loco… Dirigió miradas inquietas en todas las direcciones y ni rastro de aquel extraño personaje. Caminó hasta un banco y se sentó. De repente, el mago estalló en estruendosas carcajadas que hicieron volver la cabeza a más de un viandante que paseaba por la plaza.</p>
<p style="text-align: justify;">«Esto tiene mucha gracia —se dijo a sí mismo— toda mi vida sin creer en la magia y sin un ápice de fe; actuando solo para sacar adelante a mi familia. Y ahora un abuelo de lo más raro me paga con caramelos y desaparece delante de mí… ¡Ja, ja! ¡Buen truco, seas quién seas, sí señor, este quiero aprenderlo yo!».</p>
<p style="text-align: justify;">Observó con detalle sus pequeños e inauditos objetos. Se dio cuenta de que apenas recordaba el discurso del viejo sobre las pastillitas. Sin embargo, sí había memorizado que no debía temer un error; cualquier opción que eligiera sería la correcta para él en aquellos momentos. Samuel pensó en la cantidad de veces que se había paralizado por miedo a equivocarse. ¡Por fin podía apoyar su elección en algo que no fuera el recelo! Hiciera lo que hiciese, sería lo correcto. Se sintió liberado, por primera vez en su vida le invadió una inmensa sensación de paz y alegría ¡y sin haber pensado todavía lo que iba a hacer con esas pastillas! Rió de nuevo, era fantástico. Optó por tomarse el caramelo, el verde era su color preferido desde niño, le transmitía mucha calma. Quitó de forma lenta el celofán, poniendo sus cinco sentidos al abrirlo. A Samuel le pareció que resplandecía como jamás había visto brillar nada, sintió la extrema tersura de su envoltorio en cada uno de sus dedos y escuchó con una nitidez pasmosa el «cris cras» del papelal desplegarse; le pareció que el ambiente se llenaba de miles de partículas, frescas y fragantes, de lima recién cortada. Se lo llevó a la boca y una exquisita explosión a menta y hierbabuena lo invadió. Un sabor tan delicioso que le entraron unas enormes ganas de morder el caramelo y comérselo, incluso de tragarlo sin masticar siquiera. Sin embargo, recordó que solo debía chuparlo y deshacerlo lentamente. Se acomodó en el banco y paladeó aquella especial y apetitosa golosina con delectación infantil, recreándose en cada vuelta que daba alrededor de su lengua.<a href="http://www.canal-literatura.org/fotos/Simon-G.jpg" target="_blank"><br />
</a></p>
<p style="text-align: justify;">De repente, Samuel miró a su alrededor y, estupefacto, comprobó que todo se había detenido. Las personas que por allí pasaban, el puesto de gofres y palomitas, incluso las gotas de lluvia, que hacía un rato comenzaron a caer con mesura, pendían suspendidas del aire reflejando en sus minúsculas esferas una fabulosa luz desconocida para el mago. Algunas hojas parecían colgadas desde el cielo por un hilo invisible, formando espléndidos remolinos de flores y espirales. Samuel quiso levantarse imbuido por tanta belleza y se quedó paralizado en el sitio… ¡El banco en donde minutos antes se sentó, se había convertido en un precioso alazán que le llevaba al paso por aquella plaza suspendida en el tiempo! El mago se sentía tan emocionado que comenzó a llorar y entendió, como si estuviera grabado en cada una de sus lágrimas, el significado y la fuerza de un instante, vivir con plenitud el momento presente y lo que se había perdido siendo tan vulnerable. Cuántas oportunidades había dejado en el camino por ese vértigo que cada mañana, al despertarse, lo invadía como si su vida fuera un carrusel y girase sin tregua, agotado de galopar sin control. «¡Claro!» —se dijo Samuel— y de pronto lo comprendió todo a la misma velocidad que un destello imperceptible. Eran formas muy superficiales de entender el mundo, trampas que con el paso de los años había tejido su mente cual ávida araña, engaños de un ego con mucho miedo a desaparecer para siempre. Supo, con claridad meridiana, que la verdadera realidad la vivía en ese instante… Con la inusitada energía de aquel soplo eterno, Samuel lloró con un arrojo desconocido.</p>
<p style="text-align: justify;">De pronto, las gotas de lluvia recuperaron su habitual gravedad y se restableció la normalidad en la plaza. Los gofres volvieron a humear esparciendo su dulzón aroma por todos los recovecos y las personas reanudaron sus habituales ritmos frenéticos. Samuel, sentado otra vez en el banco, se enjugaba sus lágrimas. Observó el horizonte, un enorme arcoíris resplandecía en el oeste de la ciudad, nunca vio uno tan sublime y especial.</p>
<p><strong>Mar Solana<a href="http://canal-literatura.com/colaboradores/attachment/mar-solana-sec-p/" rel="attachment wp-att-13251"><img class="alignright" title="Mar Solana" alt="Mar Solana" src="http://canal-literatura.com/wp-content/uploads/2012/07/Mar-Solana-sec-p-150x150.jpg" width="100" height="100" /></a></strong><br />
<a href="http://www.marsolana.blogspot.com/" target="_blank">Blog de la autora</a></p>
<p>Colaboradora de Canal Literatura en la sección <a href="http://canal-literatura.com/?s=Palabras+desde+mi+luna%2C+Mar+Solana&amp;adv_search=1&amp;catdrop=0&amp;todate=&amp;frmdate=&amp;articleauthor=" target="_blank">“Palabras desde mi luna”</a><br />
<a href="mailto:marsolana@canal-literatura.com">marsolana@canal-literatura.com</a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.canal-literatura.org/fotos/Simon-G.jpg" target="_blank"> </a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.canal-literatura.org/fotos/Simon-G.jpg" target="_blank"><img class="aligncenter" style="border: 0px;" title="Samuel- © Ilustración de Gema García Ingelmo" alt="Samuel- © Ilustración de Gema García Ingelmo" src="http://canal-literatura.com/wp-content/uploads/2013/01/SimonP-300x292.jpg" width="180" height="175" /></a>Ilustración original para esta entrada:</p>
<p style="text-align: center;"> Samuel &#8211; © <strong>Gema García Ingelmo</strong></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #3366ff;"><a href="http://gemagarciaingelmo.blogspot.com.es/" target="_blank">Blog de la ilustradora</a></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #808080;"><em>Pincha en la imagen para verla a mayor tamaño.</em></span></p>
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		<title>Todas las Puertas: Capítulo 2</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Jan 2013 23:00:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>norelliale</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>&#160; La gente no suele creer que las paredes puedan ver o escuchar, no es que importe demasiado, la mayoría de los muros consideran que los humanos tienen muy poco criterio. Puede que tengan razón, la humanidad se caracteriza por rechazar lo que no puede entender, y por lo general no entienden lo que no ven, y para colmo de males, hace siglos que dejaron de ver al mundo para concentrarse en observar sus propios zapatos mientras avanzan por el pavimento. Alberto se divierte observándolos, lo hace sentir superior, hace mucho olvidó lo que era ser una persona, la omnipresencencia que otorga la muerte es mucho más divertida. Este es su lugar preferido, un gran restaurante lleno de muros por los que puede pasearse a su antojo. Pasa desapercibido haciéndose pasar por una pieza de arte callejero, la cara de un chico, dibujado en líneas azules. Tiene un afilado instinto para separar a las personas interesantes de las regulares, sobretodo se interesa en las relaciones más que en los individuos. El hombre casado que seduce a una nueva amante durante una cena, armado hasta los dientes con mentiras y botellas de vino tinto. Los socios que se esconden secretos poco convenientes. Las [...]</p><p>The post <a href="http://canal-literatura.com/blog/blog-literatura/todas-las-puertas-capitulo-2/">Todas las Puertas: Capítulo 2</a> appeared first on <a href="http://canal-literatura.com">Asociación Canal Literatura</a>.</p>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">La gente no suele creer que las paredes puedan ver o escuchar, no es que importe demasiado, la mayoría de los muros consideran que los humanos tienen muy poco criterio.</p>
<p style="text-align: justify">Puede que tengan razón, la humanidad se caracteriza por rechazar lo que no puede entender, y por lo general no entienden lo que no ven, y para colmo de males, hace siglos que dejaron de ver al mundo para concentrarse en observar sus propios zapatos mientras avanzan por el pavimento.</p>
<p style="text-align: justify">Alberto se divierte observándolos, lo hace sentir superior, hace mucho olvidó lo que era ser una persona, la omnipresencencia que otorga la muerte es mucho más divertida.</p>
<p style="text-align: justify">Este es su lugar preferido, un gran restaurante lleno de muros por los que puede pasearse a su antojo. Pasa desapercibido haciéndose pasar por una pieza de arte callejero, la cara de un chico, dibujado en líneas azules. Tiene un afilado instinto para separar a las personas interesantes de las regulares, sobretodo se interesa en las relaciones más que en los individuos.</p>
<p style="text-align: justify">El hombre casado que seduce a una nueva amante durante una cena, armado hasta los dientes con mentiras y botellas de vino tinto. Los socios que se esconden secretos poco convenientes. Las familias destruidas que se pegan con cinta adhesiva igual que se hace con las fotos y los billetes rotos. Amigos que se cuentan las cosas más privadas, siempre exagerando un poco, sólo lo suficiente para ponerse por encima del otro.</p>
<p style="text-align: justify">En las horas en las que el restaurant está cerrado, se queda en la fachada, no es su lugar favorito, la gente pasa tan rápido que apenas puede escuchar ráfagas de conversaciones que termina completando él, escribiendo en su mente historias que nadie nunca va a escuchar.</p>
<h4>Norelliale</h4>
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		<title>La Rosa del Desierto: Parte 5 &#8211; Un ángel y un demonio</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Jan 2013 07:00:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>norelliale</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Las manos de lo que alguna vez fue mi cuerpo, conocieron a muchas mujeres. Recorrí kilómetros de piel con la punta de mis dedos, estrené labios de todos los colores y grosores, desvestí almas sin contarlas, para luego dejarlas muertas de frío apiladas unas sobre otras. Aprendí a reconocer todas las fragancias que puede esconder una mujer, pero fueron pocos, muy pocos los ojos que que me detuve a mirar. Supongo que les temía, dicen mucho, son delatores de la humanidad, del miedo y del amor, invitan a la intimidad, a develar secretos peligrosos, llaman a la compasión y cuando lo único que quieres es placer, la compasión molesta, como moscas volando sobre tu cabeza en medio del calor. Los hombres como yo no podían conformarse con algunas esposas, un harem en el que concentrar una colección exquisita de hermosas mujeres era símbolo de poder, de riquezas, y yo quería todo lo que pudiera gritar por los desiertos que yo era el único que lo tenía todo. Pero hay mujeres que no pueden simplemente mezclarse con otras. Joyas más que mujeres, diosas que caminan entre los humanos que nunca conocerán de virtudes ni del verdadero amor. Yo, tan afortunado, tan [...]</p><p>The post <a href="http://canal-literatura.com/blog/blog-literatura/la-rosa-del-desierto-parte-5-un-angel-y-un-demonio/">La Rosa del Desierto: Parte 5 &#8211; Un ángel y un demonio</a> appeared first on <a href="http://canal-literatura.com">Asociación Canal Literatura</a>.</p>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><img class="alignleft" style="border: 0px;margin-left: 10px;margin-right: 10px" title="Sting (with Cheb Mami)- Desert Rose " alt="Sting (with Cheb Mami)- Desert Rose " src="http://canal-literatura.com/fotos/sting.jpg" width="300" height="300" /><br />
Las manos de lo que alguna vez fue mi cuerpo, conocieron a muchas mujeres. Recorrí kilómetros de piel con la punta de mis dedos, estrené labios de todos los colores y grosores, desvestí almas sin contarlas, para luego dejarlas muertas de frío apiladas unas sobre otras.</p>
<p style="text-align: justify">Aprendí a reconocer todas las fragancias que puede esconder una mujer, pero fueron pocos, muy pocos los ojos que que me detuve a mirar.</p>
<p style="text-align: justify">Supongo que les temía, dicen mucho, son delatores de la humanidad, del miedo y del amor, invitan a la intimidad, a develar secretos peligrosos, llaman a la compasión y cuando lo único que quieres es placer, la compasión molesta, como moscas volando sobre tu cabeza en medio del calor.</p>
<p style="text-align: justify">Los hombres como yo no podían conformarse con algunas esposas, un harem en el que concentrar una colección exquisita de hermosas mujeres era símbolo de poder, de riquezas, y yo quería todo lo que pudiera gritar por los desiertos que yo era el único que lo tenía todo.</p>
<p style="text-align: justify">Pero hay mujeres que no pueden simplemente mezclarse con otras. Joyas más que mujeres, diosas que caminan entre los humanos que nunca conocerán de virtudes ni del verdadero amor. Yo, tan afortunado, tan poderoso, conocí a dos de esas mujeres.</p>
<p style="text-align: justify">Las voces que escucho llevan siglos sin mencionar ninguno de esos dos nombres.</p>
<p style="text-align: justify">Una era un ángel y la otra un demonio.</p>
<p style="text-align: justify">Una traía la paz entre sus manos y la otra la guerra enredada en su lengua.</p>
<p style="text-align: justify">Una era vida y la otra eternidad.</p>
<p style="text-align: justify">A una le di la espalda y a la otra le vendí el alma.</p>
<p style="text-align: justify">Afortunado yo.</p>
<p style="text-align: justify">Arrogante yo.</p>
<p style="text-align: justify">Maldito yo.</p>
<p style="text-align: justify">(Cuento basado en la canción “Desert Rose” de Sting)</p>
<p><strong>Norelliale</strong></p>
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		<title>La Rosa del Desierto: Parte 4 &#8211; La Leyenda</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Jan 2013 23:00:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>norelliale</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Los desiertos son misteriosos, esos horizontes que se dibujan detrás de los médanos, parecen vacíos y pacíficos a simple vista, pero en realidad esconden a  fantasmas que repiten los ecos de la muerte y a hombres que aún no nacen, pero cuyo destino está escrito desde hace siglos, sombras del pasado y del futuro que hablan de guerras y amores. Historias que ya nadie sabe si realmente fueron más que historias tristes o alegres, escritas y contadas para dar esperanzas a los débiles o para horrorizar a los fuertes, leyendas más que historias. Si, los desiertos estás llenos de leyendas, tanto como están llenos de estrellas. Una de esas leyendas me despojó de todo. Una de esas leyendas pulverizó mi cuerpo, y ese polvo se confundió con la arena. Desde niño escuché de mil formas diferentes la Leyenda de la Rosa del Desierto. En la mayoría de las versiones, la Rosa era blanca, con uno de sus pétalos transparentes, estaba encantada con magia, magia pura que le daba el poder de llenar los 7 desiertos (que alguna vez formaron el Desierto Único) de vegetación y cascadas, que refrescarían para siempre el calor infernal que tortura a todos los hombres y [...]</p><p>The post <a href="http://canal-literatura.com/blog/blog-literatura/la-rosa-del-desierto-parte-4-la-leyenda/">La Rosa del Desierto: Parte 4 &#8211; La Leyenda</a> appeared first on <a href="http://canal-literatura.com">Asociación Canal Literatura</a>.</p>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" style="border: 0px;margin-left: 10px;margin-right: 10px" title="Sting (with Cheb Mami)- Desert Rose " alt="Sting (with Cheb Mami)- Desert Rose " src="http://canal-literatura.com/fotos/sting.jpg" width="300" height="300" /></p>
<p style="text-align: justify">Los desiertos son misteriosos, esos horizontes que se dibujan detrás de los médanos, parecen vacíos y pacíficos a simple vista, pero en realidad esconden a  fantasmas que repiten los ecos de la muerte y a hombres que aún no nacen, pero cuyo destino está escrito desde hace siglos, sombras del pasado y del futuro que hablan de guerras y amores.</p>
<p style="text-align: justify">Historias que ya nadie sabe si realmente fueron más que historias tristes o alegres, escritas y contadas para dar esperanzas a los débiles o para horrorizar a los fuertes, leyendas más que historias.</p>
<p style="text-align: justify">Si, los desiertos estás llenos de leyendas, tanto como están llenos de estrellas.</p>
<p style="text-align: justify">Una de esas leyendas me despojó de todo.</p>
<p style="text-align: justify">Una de esas leyendas pulverizó mi cuerpo, y ese polvo se confundió con la arena.</p>
<p style="text-align: justify">Desde niño escuché de mil formas diferentes la Leyenda de la Rosa del Desierto. En la mayoría de las versiones, la Rosa era blanca, con uno de sus pétalos transparentes, estaba encantada con magia, magia pura que le daba el poder de llenar los 7 desiertos (que alguna vez formaron el Desierto Único) de vegetación y cascadas, que refrescarían para siempre el calor infernal que tortura a todos los hombres y animales de estos países.</p>
<p style="text-align: justify">Pero había otra versión, una que sólo unos pocos conocían y muchos menos compartían, esa que escuché demasiado tarde, la que cuenta que la Rosa estaba de hecho maldita, era roja como la sangre y sus pétalos delicados eran resguardados por espinas más fuertes que el hierro. La poderosa flor, condenaba a los hombres que la tocaban a caer sin esperanza en el más obsesivo y destructivo de los amores, el amor eterno a una mujer que realmente no existía, que era un espejismo creado por la sed eterna del Desierto Único.</p>
<p style="text-align: justify">Como toda leyenda, no puede creerse del todo, los años confunden a las verdades con las mentiras y exageraciones, pero yo llevo 100 años vagando en el desierto, hablando de guerras, amores y tesoros perdidos, durmiendo a través de pesadillas que me guían a la Rosa del Desierto, esa que está enredada en el cabello de la mujer a la que amaré hasta el final de mi vida y hasta el final de mi muerte, la mujer a la que buscaré más allá de mis días en esta tierra, que antes de que me de cuenta, va a terminar de tragarme.</p>
<p style="text-align: justify">(Cuento basado en la canción “Desert Rose” de Sting)</p>
<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify"><strong>Norelliale</strong></p>
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		<title>La Rosa del Desierto Capítulo 3: Todas Mis Obsesiones</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Dec 2012 23:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>norelliale</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Como mi padre y mi abuelo fui un hombre rico. Mis tesoros eran incalculables, mi palacio impenetrable, mi harem exquisito, mi descaro inmensurable. No fui un mal hombre, pero tampoco hice nada de lo que enorgullecerme. Mi arrogancia se alimentó de mis riquezas. Quise todo lo que el mundo tenía para ofrecer, logré conseguirlo y no fui capaz de compartirlo. Mi primera obsesión fue ser el dueño de las cosas imposibles de poseer, y fue esa obsesión la que me trajo hasta aquí, al lugar en el que sólo se me permite caminar en círculos eternos, mientras el pelo sigue poblando mi cabeza y mi cara hasta hacerme irreconocible, incluso para mí mismo, camino en círculos eternos, mientras mi sudor ahoga mi piel seca y quemada, sigo caminando sin llegar nunca a mi destino, mientras la desesperación me sigue poblando el alma hasta que mi humanidad termine de abandonarme por completo. Muchos fueron mis deseos, casi todos irracionales. Recorrí kilómetros en compañía de decenas de hombres que sufrieron sed y hambre por complacer mis caprichos. Multipiqué mis posesiones haciéndome de tesoros y recompensas que no necesitaba. Llené mis noches de mujeres que me aburrían en cuestión de horas. Puse sobre [...]</p><p>The post <a href="http://canal-literatura.com/blog/blog-literatura/la-rosa-del-desierto-capitulo-3-todas-mis-obsesiones/">La Rosa del Desierto Capítulo 3: Todas Mis Obsesiones</a> appeared first on <a href="http://canal-literatura.com">Asociación Canal Literatura</a>.</p>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Como mi padre y mi abuelo fui un hombre rico. Mis tesoros eran incalculables, mi palacio impenetrable, mi harem exquisito, mi descaro inmensurable.</p>
<p style="text-align: justify">No fui un mal hombre, pero tampoco hice nada de lo que enorgullecerme. Mi arrogancia se alimentó de mis riquezas. Quise todo lo que el mundo tenía para ofrecer, logré conseguirlo y no fui capaz de compartirlo.</p>
<p style="text-align: justify">Mi primera obsesión fue ser el dueño de las cosas imposibles de poseer, y fue esa obsesión la que me trajo hasta aquí, al lugar en el que sólo se me permite caminar en círculos eternos, mientras el pelo sigue poblando mi cabeza y mi cara hasta hacerme irreconocible, incluso para mí mismo, camino en círculos eternos, mientras mi sudor ahoga mi piel seca y quemada, sigo caminando sin llegar nunca a mi destino, mientras la desesperación me sigue poblando el alma hasta que mi humanidad termine de abandonarme por completo.</p>
<p style="text-align: justify">Muchos fueron mis deseos, casi todos irracionales. Recorrí kilómetros en compañía de decenas de hombres que sufrieron sed y hambre por complacer mis caprichos. Multipiqué mis posesiones haciéndome de tesoros y recompensas que no necesitaba. Llené mis noches de mujeres que me aburrían en cuestión de horas. Puse sobre mi mesa manjares que mi paladar no sabía degustar. Adorné mi cuello con joyas que me encadenaban a las mentiras que sólo el oro puede susurrarte al oído.</p>
<p style="text-align: justify">Todas estas obsesiones nacieron de la semilla de la ambición, sembrada por mi padre y mi abuelo, y por todos los hombres menos ricos que yo, que deseaban mi fracaso y mi perdición, pero fue ella la obsesión más grande de todas, el deseo corrupto y poderoso que me debilitó y me entregó vulnerable y desarmado a sus manos hambrientas de dolor.</p>
<p style="text-align: justify">Ella, dueña del odio y del amor me atrapó mientras estaba perdido en la ilusión de cosas que nunca pasaron, cosas que aluciné sin sospechar nunca que quien controlaba la situación no era yo, el hombre más rico y poderoso de los 7 desiertos, sino la mujer delgada, aparentemente frágil, de ojos grandes y más oscuros que las noches sin luna. Ella que nunca envejecerá, es quien lleva la legendaria Rosa del Desierto enredada en su larga y abundante cabellera negra.</p>
<p style="text-align: justify">(Cuento basado en la canción “Desert Rose” de Sting)</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Norelliale</strong></p>
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