4 Rosas. Por Anna Genovés

Buenas noches, amigos de Canal Literatura. En esta ocasión os dejo un poema y un extracto de la novela El Legado de la Rosa Negra. Espero que os agrade. Muchas gracias y feliz semana. Las navidades ya son polvo y las Rebajas ocupan los escaparates… Abrazos.

Romántico noche . cama , rosas y , pétalos velas

En el avión ocupé un asiento junto a Nak. Durante parte del vuelo, me relató una historia sorprendente acerca de Khalid cuyo tema principal era un enigma antiquísimo que se remontaba hasta el Antiguo Egipto. En un flashback acelerado, miles de clichés de mis años universitarios se sucedieron constantemente. La fábula me sorprendió. No era para menos. Recuerdo, al detalle, todos los pormenores de aquella charla…

―Cuenta la leyenda que en el Egipto faraónico, a finales del Imperio Nuevo[1], existió una rama de la nobleza dignificada por encontrar el secreto de la vida. Dicha casta subsistió paralela a los faraones ―comenzó a relatar en tono enigmático mi guía.

―Me fascinan los relatos. Sigue, por favor ―interpelé con sorna.

―Sin interrupciones y con seriedad ―protestó Nak alzando el cuello.

―De acuerdo, pensaré que escucho una narración histórica.

―Lo es  ―contestó mi cicerone.

Su rostro mostró satisfacción al ver que permanecía callada y seria, momentáneamente. Un minuto más tarde, retomó su diálogo…

―Khalid es uno de sus príncipes: posible heredero. A su casta, se la conoce con el nombre de Los guardianes de La Rosa Negra ―pensé en las flores que me había regalado.

―Interesante… ―musité.

―La sucesión es compleja. Tienen harenes. Sin embargo, sólo una de sus mujeres les da hijos. Estos nacen con una mácula ―junto al corazón― que florecerá en el pecho del heredero.

―¿Cómo, florecer?…

―Se convierte en una hermosa rosa negra. Como si fuera un tatuaje en el pectoral.

―¡Es increíble! ―dije asombrada.

―Pero cierto. Es una especie de prueba divina. Será sucesor del rey vivo el hijo varón que encuentre la verdad de la vida ―prosiguió Nak.

―Muy peculiar ―declaré mordisqueando mis labios.

―En la actualidad existen dos delfines. Uno es Khalid.

―¿Y el otro quién es?

―Su hermano mayor: el primogénito. No por ello el heredero.

―¡¡¡Ahhh!!! ¿Y se parecen? ―pregunté, asombrada, pensando en la existencia de dos hombres tan exuberantes.

―Un poco.

―¡Qué pena!

―¿Comprendes a qué te enfrentas? ―concluyó Nak mirándome a los ojos.

―Pues no.

―En breve lo descubrirás. Es un linaje muy discreto. No obstante, tienen más poder de lo que podamos imaginar.

Extracto de El Legado de la Rosa Negra

Anna Genovés

[1] Imperio Nuevo. Se conoce así al periodo histórico que comienza con la reunificación de Egipto bajo Amosis I (1.550 a.C.) y termina hacia el 1.070 a.C., con la llegada de los soberanos libios.

rosa-negra

4 Rosas

Cuatro rosas negras, rojas,

sangre espesa que se desliza por tus venas

duras, ásperas, sin tregua,

titanio  endurecido entre músculos

congelados y entrañas viejas

sangrando tu cuerpo,

sangrando tus penas.

Cuatro rosas negras, rojas,

piel putrefacta que te quema

estriada, rugosa, pétrea,

diamante amarillo entre pies y cabeza

sangrando tu corazón,

sangrando tu honor.

Disyuntiva que rugue

entre el fuego y el hielo

entre el agua y la arena,

entre la tierra y el cielo,

entre las agujas de tu hígado

y las lanzas de tu corazón.

Duelen, se quejan.

Virgen que se apaga entre los muslos

de un hombre desconocido,

de un náufrago de la vida

deshojando alimañas,

asesinando tu nada.

Las margaritas se marchitaron,

los árboles perecieron,

los animales huyeron,

mientras tú alzabas el vuelo

de mariposa sin alas,

de polilla atormentada.

Cubre tu organismo

con pétalos de flores,

cubre tu imagen

con algo que no conoces;

miente a quien te vea;

di que eres feliz, inmensa.

La noche es blanca;

el día, negro;

la lluvia abrasa;

el fuego congela;

las nubes espesan

el agua roja.

Eres una esponja

llena de agujeros,

un colador infectado

de gusanos

y huesos.

Sola,

olvidada,

vendida,

ajada,

muerta,

enterrada,

ataúd

blanca.

Ataúd

negra,

cementerio

alejado.

Cementerio

de hierba.

Tus ojos son verdes

y tus labios fresas;

tu nariz, perfecta;

tus pómulos, marcados;

tus caderas, manzanas;

tu cintura, prieta.

Mujer perfecta,

hombre demonio,

joven bella,

hombre odioso.

Adiós,

princesa.

Adiós,

ogro.

©Anna Genovés

10/04/2014

Asiento de la Propiedad Intelectual

09/2015/430

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Gabinete Caligari – 4 rosas

 

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