Algo no va bien. Por Máximo González Granados

Algo no va bien

   Empieza a darse cuenta de que no van bien las cosas, de que incluso todo puede estar yendo al revés, cuando llama poco antes de las cuatro de la tarde, con cuarenta grados de temperatura, a un camello al que conoce bien y le responde su mujer, cómo tantas veces suele pasar es ella la que queda encargada del negocio mientras él anda por ahí en sus asuntos. “Nos vemos al pie de las escaleras, donde otras veces”, a los dos les viene muy bien ese sitio, ella solo tiene que salir de su casa en la parte alta y venirse abajo descendiendo las escalinatas que unen el barrio marginal y degradado con la zona digamos que civilizada, apenas unos metros y pasa de su mundo de peligros y ratas y dura supervivencia a ese otro muy diferente, la zona en la que se encuentran La Caixa, El Centro de Salud, bares, tiendas y un par de bazares chinos. Todavía él no ha cortado el teléfono cuando ya la ve al pie de las escaleras avanzando en su dirección. Simulan un encuentro casual, se dan dos besos, todo innecesario quizás, porque no hay nadie en la calle a esa hora con esta temperatura, retransmisión de los mundiales en la tele y el santo rito de la siesta emanando de las casas como un vapor soporífero. Tratando de ser amable, él le pregunta por su marido y ella dice que ha ido a bucear a algún sitio por ahí lejos, que va a estar todo el fin de semana practicando el buceo. Joder, no me digas eso, piensa él, no me lo puedo creer, puedo imaginármelo participando en carreras de motos o en rallyes o en cacerías, pero me resulta alucinante que este hombre, con su carácter y su forma de vida se haya aficionado al mundo submarino, un mundo se silencio, de ingravidez, de peces globos cruzando ante tu mirada mientras tu mujer distribuye bolsitas a los clientes y hace suficiente caja para que tú puedas permitirte estos ocios alternativos, sanos, propios de gente que pasa de diversiones vulgares y convencionales. Y mientras camina hacia su casa con la maldita bolsita en el bolsillo, sabiendo que las próximas horas las va a pasar enclaustrado, metiéndose, enajenado, fuera de si, sin voluntad ni conciencia clara de quién es ni qué está haciendo, el camello buzo se lo estará pasando en grande en alguna costa escarpada de aguas que dan ganas de llorar de tan azules y cristalinas, una perfecta metáfora de un mundo limpio y amable y satisfactorio, una bonita metáfora para alguien que vive precisamente de envenenar los cuerpos y ensuciar las mentes de sus congéneres. Y piensa que algo no va bien cuando alguien como él, que ama la literatura y la poesía y es capaz de pasar quince minutos extasiado ante la Victoria de Samotracia, camina bajo el despiadado sol palpando en el bolsillo la diminuta diabólica bolsa y el tipo que se la vende sin querer saber nada de ella se recrea en espectaculares fondos marinos que hacen que te olvides del mundo y te importe un pimiento todo lo que ocurre fuera.

Algo no va bien

Máximo González Granados

 

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