San Juan

Como bien sabemos los aficionados a la poesía, una de las notas o cualidades de ésta reside en su literalidad, esto es, para transmitir lo que el verso dice hay que transcribirlo tal cual. Esto, ciertamente, no ocurre en el lenguaje corriente donde puede modificarse la frase muy sustancialmente y sin pérdida de significado. Por otra parte, ciertos versos o poemas o ciertos fragmentos de prosa han sido tan consagrados por el uso y referidos de tan diversas formas que pertenecen al acervo común, no ofreciendo problema alguno la identificación de la obra ni su autor correspondiente. Así, si decimos beatus ille, qui procul negotiis… sabemos que nos estamos refiriendo a un texto de Quinto Horacio Flaco. Y que si se escribe y los agora tristes y afligidos, a tus pechos criados, de ti desposeídos, estamos citando unos versos de Fray Luis de León, por poner algún ejemplo. Según he oído a los que tienen por qué conocer estos detalles, al incorporar a un escrito propio trascripciones de otros autores que pertenecen al dominio general, no es necesario entrecomillar las citas, puesto que ya sobra decir que no son “cosecha propia”. Así, no cabe hablar de plagio, sino de transliteralidad, concepto que podría quedar definido como el “intercambio” textual de otros autores con la creación literaria propia. Y ello sin entrecomillado alguno, claro. Para concretar esta cuestión voy a poner algunos ejemplos de transliteralidad que pueden encontrarse entre Valente y san Juan de la Cruz:

Alicante, 5 de noviembre de 2006
Autor: Felipe Fuentes García
Ejemplo


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