Ayaan Hirsi Ali: «Mi vida, mi libertad». Por Eloína Calvete García

Ayaan Hirsi Ali nace en Mogadiscio (Somalia), en 1969. Hija de un líder político encarcelado, su infancia transcurre entre Somalia, Arabia Saudí, Kenia y Etiopía. El libro es la historia de su vida, la vida de una  mujer musulmana que huye de sus raíces y se refugia en Europa para vivir su libertad.

Gracias a su abuela materna, Ayaan conoce su estirpe, se siente parte de un clan y se inicia en los primeros rezos a un dios lejano, Alá. Una figura omnipresente que rige los designios de los hombres y les indica el camino a seguir. Con apenas cinco años es sometida, junto a su hermana, a la ablación del clítoris. Durante su estancia en La Meca entra en contacto con un islamismo más puro que el que ha conocido en sus primeros años. «En Arabia Saudí todo giraba en torno al pecado. Una no era traviesa, era pecadora. Una no era limpia, era pura. Escuchábamos la palabra haram, prohibido, todos los días». Pronto se hace consciente de la posición de inferioridad de la mujer musulmana.

Ayaan Hirsi Ali: Mi vida, mi libertad.

En Kenia, aprende en un colegio de habla inglesa y se aficiona a la lectura. Termina el bachiller mientras  descubre el mundo a través de los libros. Un mundo lleno de libertad, de aventuras y de luchas por la igualdad. Con dieciséis años, la hermana Asisa, una  educadora de doctrina islámica, entra en la vida de Ayaan. «La hermana nos introdujo en la lucha interior. Había dos tipos de combate por Alá, y el primer esfuerzo era la yihad en nuestro interior: la sumisión de nuestra voluntad». Mientras, África se desmorona. El proceso de descolonización ha convertido el continente en un polvorín. Los enfrentamientos civiles hacen que cada vez más gente vuelva sus ojos hacia la religión. Surge un nuevo islam que estudia el Corán para conocer  la naturaleza del mensaje del Profeta.

Ayaan duda. Asiste a debates islámicos en inglés con jóvenes somalíes y paquistaníes; quieren comprender las escrituras. Leen juntos a Hassan al Banna, creador de la Sociedad de los Hermanos Musulmanes; y al egipcio  Sayib Qutb. Pero las lecturas solitarias de la joven somalí le muestran otro tipo de pensamiento. Su mente se divide, deja de asistir a los debates y comienza su aprendizaje en  una escuela de secretarias.  En 1992, su padre le anuncia que la ha ofrecido en matrimonio a un chico musulmán  que reside en Canadá. La joven no quiere casarse, sabe que perderá su libertad y tendrá que someterse a su marido.  Su padre insiste y la envía a Alemania mientras espera el visado para el país norteamericano. Ya en Europa, Ayaan toma una decisión y se refugia en Ámsterdam. «El día 24 de julio subí al tren… No huía del islam o hacia la democracia. En aquel entonces no albergaba grandes ideas. No era más que una muchacha que quería ser ella misma; así me precipité hacia lo desconocido».

En Holanda comienza su nueva vida. Trabaja como intérprete, consigue la ciudadanía e inicia sus estudios de Ciencias Políticas. El ambiente de tolerancia y libertad que se respira en la universidad de Leiden, y en el resto del país,  la obligan  a cuestionarse las enseñanzas del islam. Los atentados del 11-S y los sucesos posteriores hacen que Ayaan reaccione y escriba, por primera vez, sobre el peligro potencial que supone la religión islámica. Cuando sus ideas y opiniones se difunden, comienza a recibir amenazas de muerte. Ingresa en el Partido Liberal holandés y es elegida diputada. Vive rodeada de guardaespaldas. Decidida en su lucha contra la intolerancia, conoce a Theo van Gogh, director de cine. «La película que hicimos Theo y yo, Submission Part 1, trata, ante todo, de la relación del individuo con Alá…».

La reacción de determinados sectores musulmanes no se hizo esperar. El director de cine y Ayaan reciben todo tipo de amenazas.  En noviembre de 2004, Theo van Gogh es asesinado por Muhamad Buyeri.  Sobre el  pecho   del cineasta  queda clavada una carta amenazadora  dirigida a la joven somalí. Ayaan  tiene que huir de  Holanda. Protegida por los servicios de seguridad, es trasladada a Estados Unidos. Actualmente  trabaja en el American Enterprise Institute de Washington. Con este libro, quiere enviar un mensaje: «El tipo de pensamiento del que fui testigo en Arabia Saudí y en la Hermandad Musulmana, en Kenia y Somalia, es incompatible con los derechos humanos y los valores liberales. Mantienen una mentalidad feudal basada en los conceptos tribales del honor y la vergüenza…. Esta mentalidad hace que la transición a la modernidad resulte muy dolorosa para quienes practican el islam».

Aquella joven que buscó refugio en Europa es hoy una mujer que levanta su voz, se dirige a los gobiernos occidentales. Reclama una solución para las mujeres musulmanas, denuncia su situación de abandono. Y espera que los seguidores del islam  sean capaces de cuestionar determinados aspectos de su religión.  Capaces de reconocer que se han quedado anclados en el pasado, y que una revisión de sus dogmas evitaría enfrentamientos; una revisión que, quizás, les ayudaría a entrar en la Edad Moderna.

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Eloína Calvete García


 

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