Bareyo (Cabo de Ajo). Por Juan A. Galisteo Luque

Bareyo (

Bareyo (Cabo de Ajo)

Cubierta de un verde manto,
la mies ondea en el aire
como una alfombra sin dueño;
todo en el pueblo es lejano,
y en su paisaje de encanto
lo grande se hace pequeño.
*
Una yegua con su cría,
retoza cual rosa abierta,
el despertar a una vida
con espinas descubierta.
Las águilas desde arriba,
acechan su presa alzando
pertinaz la vista altiva,
mientras sus alas abiertas,
inmóviles van jugando.
*
Hay en Bareyo una iglesia
que sola en lo alto dormita;
en Ajo, iglesia y convento,
y unas, no pocas ermitas.
En verano, las estrellas
titilan su luz bendita,
y en su bella arquitectura,
se contempla siempre en ellas
esa existencia infinita,
tan natural y tan pura.
*
Del Cantábrico, ese mar
bravo, orgulloso y rebelde,
las espumas de sus olas
van temblorosas a dar
contra las rocas y siempre,
mueren por su vanidad
en las playas, tristes, solas.
*
La ría que cruza Ajo,
con su lengua silenciosa,
se desliza sigilosa
desde su curso alto y bajo,
trayéndose a los ribazos
como serpiente que pasa,
un caudal vivo que arrasa
a través de la llanura.
*
Mientras tanto,
desmoronando ese brazo
de tierra donde se adentra
en loca y vana osadía,
buscando la lejanía,
el cabo de Ajo se enfrenta
con el mar y, en el desgajo
que ya consciente descubre,
su valor éste lo cubre,
lamiendo sus rocas duras
con flamante desparpajo.

 

 Juan A. Galisteo Luque

Del libro: Café Boulevard
Fotografía del autor: Campos de Ajo (Bareyo)
Derechos registrados

 

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