Benito Pérez Galdós. Por Usue Mendaza

Benito Pérez Galdós

En mi humilde, escueta pero entusiasta aproximación a la vida y obra de Benito Pérez Galdós, me encuentro con esta fascinante coincidencia entre el escritor y mi estancia, por motivos laboralmente obligados, en San Cristóbal de la Laguna (Isla de Tenerife), a saber: de su regreso de Salamanca, donde había terminado sus estudios de Derecho, una epidemia de cólera en el 1893 le hace permanecer en La Laguna, estancia que le fue obligada y forzosa por una parte (aunque relevante por otra… pues aquí conocería a la que se convertiría en su esposa, doña Elena González de Mesa).

En La Laguna el tiempo transcurre a mi parecer despacio, oficialmente y como saben, con una hora de menos y sin las prisas inherentes a una gran capital; pero uno se percata, y no de manera ilusoria, del paso intrépido de las cuatro estaciones. La  plomiza y surgente nube y el ya familiar banco de niebla suelen coquetear con la que en un tiempo fuera capital, de facto, del Archipiélago Canario, antigua cuna de la Ilustración en la isla en los siglos XVII y XVIII y por tanto sede de la élite aristocrática –La Laguna está declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco–. Es una ciudad con casonas artesonadas de madera muy trabajadas y casas «terreras» con patios a modo de claustros donde transcurría la vida familiar, pertenecientes las primeras… a una clase noble muy acomodada de la isla y las segundas… a familias más populares de la media burguesía.

Volviendo a B. P. Galdós y a mi esmerada y denodada indagación en lo que respecta a su estancia lagunera,  me pregunto, incluso a sabiendas de que mi tiempo es escaso y la tarea profusa, ¿qué le llamaría la atención de este enclave isleño a un escritor influenciado por Charles Dickens y por Honoré de Balzac, hombre culto donde los hubiere, y que sin embargo no renegaba de mezclarse con las gentes más sencillas, sino, muy al contrario, se dotaba de una enorme capacidad de observación psicológica, siempre y a la manera de la corriente costumbrista, atento y fiel a los detalles? ¿Se toparía tal vez aquí en las calles por donde yo paseo con personajes que le inspirarían a Doña Perfecta, a Nela, a Gloria o al Doctor Centeno? ¿Qué hechos históricos enmarcaron su contexto y que luego le llevarían a escribir los indiscutiblemente libros de cabecera de los EPISODIOS NACIONALES? Preguntas que no dejan de ser un enigma y que sólo podría desgranar nuestro autor de cabecera de hoy, considerado uno de los padres del género novelesco de este país. Benito Pérez Galdós, un escritor que no debiera faltar en ninguna importante y viva biblioteca que se precie de tal. Benito, un hombre sencillo… todavía hoy por descubrir.

Usue Mendaza

Benito Pérez Galdós

 


 

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