Bloqueos… o pausas del alma. Por Mar Solana      

Ilustración de © Estefanía López.

Ilustración de © Estefanía López.

  Bloqueos… o pausas del alma

Todos hemos venido a esta tierra con un propósito. Mis padres lo han cumplido con creces y honores, marcando nuestras vidas con su Amor y las mejores enseñanzas. Ahora viven en nuestro Corazón.

 

Mark Twain dijo que, ante una gran pérdida en nuestra vida, la mente solo tiene una noción confusa de que «ese algo» ya no está. La mente y la memoria tardan meses enteros, años quizá, en recopilar todos los detalles para llegar a entender la pérdida y hacerse cargo de ella en toda su extensión.

Cuando leí esta frase tan intensa y profunda, me sentí plenamente reconfortada. Y, gracias a la sabiduría de Mark Twain, que supo expresar su dolor a través de nuestras queridas Letras, volví a conectar de nuevo, aunque de forma muy breve, con la espina dorsal o leitmotiv de mi escritura, que, pese a estar ensamblada en mi corazón, se halla en un momento de agudo bloqueo. Y uno, cuando se encuentra con las intenciones tan inflamadas que no puede ni sujetar la pluma…, lee.

Y en otra de mis lecturas-bálsamo descubrí un párrafo extraordinario, en el Aleph de Paulo Coelho. A través de la conocida metáfora de la vida como un tren, afirma que nuestros seres queridos, en realidad, nunca mueren, solo están viajando en un vagón distinto al nuestro. Y que eso de medir el tiempo es un convencionalismo necesario para poder vivir en sociedad, nada más. El tiempo no pasa, es apenas el momento presente, y creo que algunos escritores ya conocen este hecho.

Así, ante un inmenso dolor, el alma se para, se queda quietita porque no puede más y necesita un tiempo para recuperarse, para que la goma de las emociones, tan dada de sí, pueda volver a su sitio y que las palabras comiencen a fluir por el caudal acostumbrado.

En mis primeros talleres de Escritura Creativa estudiábamos cómo los bloqueos de un escritor se debían, la mayor parte de las veces, a causas de índole intelectual. Como si se agotara la inspiración y la mente librara interminables batallas con el folio en blanco, nuestro mayor rival.

Bueno, en todo esto existe una parte de verdad; sin embargo, en el transcurrir de mi vida, he descubierto que uno de los mayores enemigos del bloqueo de un escritor son sus propias emociones. El miedo y un dolor intenso y arraigado pueden llegar a ser más paralizantes que el mítico «quedarse en blanco» debido a una espantada momentánea de las musas.

La falta de inspiración constituye, quizá, una dificultad pasajera. Porque en algún momento del día o de la noche, de repente, brotan las ideas como un sarpullido provocándonos la imperiosa necesidad de rascar de forma compulsiva el folio irritado (que ya no es blanco). Esta situación, por desgracia, no ocurre cuando la pena se instala en tu rutina y trabajas solo para cumplir con el expediente del día a día. Pero… ¡qué no cunda el pánico!, si hemos aprendido a conducir, no vamos a olvidarlo. Con la escritura pasa algo parecido: sólo es cuestión de volver a ejercitarnos de forma disciplinada, nada más…; el resto ya se encuentra conectado con cada uno de nuestros latidos.

Salvo que vivamos de la escritura —que eso sería otra historia bien distinta—, se impone relajarnos, respirar hondo, alejar la culpa y el miedo todo los que podamos, y leer, leer mucho. No conozco mayor consuelo que el refugio en las palabras de otros. Personas que ya han pasado por lo mismo que tú estás viviendo y han desarrollado la enorme sensibilidad de compartirlo con el mundo… Porque no siempre resulta fácil encontrar palabras para «explicar» el dolor (si es que algo tan intrínseco puede explicarse…).

La psiquiatra y escritora Elisabeth Kübler-Ross dedicó su vida a trabajar la pérdida y el duelo, y a ayudar a personas en tránsito. A día de hoy está reconocida a nivel mundial como una de las mayores expertas en temas de la muerte. Cuando visitó los campos nazis de concentración, se dio cuenta de que en algunas paredes había grabados de mariposas. Fue entonces cuando comprendió que esos dibujos, que sobre todo hacían los niños, eran un símbolo de transformación que representa que, incluso ante una aparente gran pérdida, continuaremos de alguna manera, de alguna forma. La doctora Ross pasó tiempo con la Madre Teresa y fue testigo de la encarnación de la generosidad humana. Dijo que, aun en sus peores momentos, siempre logró encontrar un atisbo de esperanza y que en el duelo, al igual que en la muerte, hay una transformación hacia la vida. Si no te das tiempo para llorar la muerte, no podrás encontrar un futuro en el que la pérdida se recuerde y se nombre sin dolor.

Hace algún tiempo pensé sobre la posibilidad de escribir unas líneas para hablar a los lectores de mi propia experiencia respecto a los «bloqueos» del escritor. Empujar al escenario de las Letras a ese don Saboteador que todos llevamos dentro; al tirano responsable, la mayor parte de las veces, de amordazar nuestras mejores intenciones y deseos más genuinos. Mi intención, sin ánimo de resultar petulante o listilla, era compartir las herramientas que a mí me han funcionado cuando el temido folio en blanco se me resistía, o cuando las musas se tomaban un descanso pero mi alma estaba más o menos en paz…

Pero, por desgracia, ahora no se trata de una fuga de duendecillos del Helicón o de un paréntesis por falta de inspiración. Mis musas no me han abandonado, siguen soplando sobre mi hombro —¡eh, tú… venga! —, pero mi alma se encuentra offside y no se topa con las Letras que le aúpen al vagón de la tinta, ese donde se reúnen y se abrazan para saludar de nuevo al mundo.  Y es en estos momentos donde no se me ocurren mejores estrategias que el tiempo y la aceptación…

Bloqueos… o Pausas del Alma. Por Mar Solana  

Hace poco más de un año, cuando comenzaban a brotar las primeras flores de un abril indómito y lluvioso, mi madre emprendió su ultimo viaje. Luego, en el momento en que esas mismas flores comenzaban a deshojarse preparándose para el reposo, se marchó mi padre. Me tengo que ir, nena, ya sabes que a tu madre nunca le gustó esperar, me dijo mi padre… Se han ido casi de la mano, con tan solo siete meses de diferencia; así son las almas gemelas: no pueden estar mucho tiempo separadas.

La vivencia de un duelo se parece mucho a las mareas: algunos días las olas solo remojan nuestros pies y, aunque el agua esté fría y desapacible, la brisa nos ayuda a sostener la vela de la tristeza. Otros, la marea sube de golpe y las olas del dolor nos sepultan bajo su fuerza, obligándonos a luchar muy duro para no perecer en la inmensidad del agua…

Parafraseando a Kübler-Ross, en este presente melancólico, toca concederse tiempo para retomar fuerzas y continuar. Ellos han pasado a formar parte de mi vida de una manera que jamás imaginé: gracias a ese álbum invisible que llamamos «recuerdos» y que atesoramos en un rincón muy especial del corazón. Y además de todas las lecturas-bálsamo que me están ayudando a sanar una herida tan profunda, hojear este «álbum», sobre todo en los días de fuerte oleaje, es uno de mis calmantes preferidos porque me ampara en la consciencia de que, pese a todo, hemos tenido la inmensa fortuna de compartir una larga vida con ellos.

Si alguna vez, mis queridos lectores, necesitáis tiempo y espacio para llorar, comprender, recordar…, si os resulta imposible organizar algo un poco coherente que toque la fibra del prójimo…, relajaos y respirad hondo. Y leer, leer todo lo que podáis. Creedme cuando os digo que no hay mejor consuelo que buscar un buen techo bajo las palabras de otros.

El verdadero bloqueo de un escritor se refiere a la necesidad imperiosa de una época de retiro y descanso. De regalarnos tiempo, ese tesoro tan preciado que esta sociedad de piratas parece arrebatarnos. Y lo necesitamos, no por apatía, como un adorno o algo accesorio; se trata de la realidad de concedernos una especie de pausa que nos ayude a encajar un nuevo presente. De permitirnos llorar lo perdido sin miedo o sin la culpa de no estar haciendo lo que uno debe (o lo que uno cree que debe hacer).

Palabras desde mi luna
Mar SolanaMar Solana

Blog de la autora
Colaboradora de Canal Literatura en la sección «Palabras desde mi luna»

 

 

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