calderilla

Calderilla

 Solo quiero hablar contigo.
¿Por qué surge el amor?
entonces me hice viejo,
vino la muerte y escribí esto.
Ten cuidado, es agudo como el mundo.
Anne Carson

 

Se ajusta la corbata sin mirarse en el espejo. Cada mañana, desde hace ya muchos meses, hace el mismo ejercicio. Se levanta antes de que suene el despertador, camina hacia la ducha, cinco minutos son suficientes, y se viste, cada día un poco más rápido. Enciende la cafetera y coloca una cápsula que acabará desaguada sin probar una sola gota. Deja la taza sobre la mesa para que el engaño sea un poco más creíble. Las prisas, ya sabes, contestará cuando le riñan por dejarlo todo por medio. Antes de salir de casa, abre la puerta del dormitorio y la besa desde la distancia, sin dar un solo paso. Que siga durmiendo mientras pueda. Coge la cartera y baja andando por la escalera como si tuviera mucha prisa. Saluda al hombre del puesto de los cupones y empieza a caminar sin rumbo. Le quedan nueve horas por delante en las que la vida será la prolongación de las otras nueve horas de ayer, de las de anteayer y así en una espiral de horas muertas. Pasa por delante de un mendigo que dormita apoyado contra la fachada del supermercado, acaricia el lomo de un perro tan sucio como la mano que lo peina. Cuenta las monedas que le quedan en el bolsillo, las mismas que el lunes le pidió a Sonia después de decirle que había olvidado la cartera en la oficina. Piensa en dejarlas en el cazo pero sabe que no puede, que no debe, que tal vez mañana las necesite para desandar en autobús todo el camino que lo aleja del barrio para que nadie le vea, para que nadie pregunte. Le duelen los pies y la cabeza. Piensa que puede que sea por el día gris que se ha levantado, de las lluvias que dicen que vendrán y no llegan, de la contaminación que lo impregna todo. Y mientras piensa, intenta olvidar que el dolor se va a quedar durante días, quizá toda la vida, porque es la consecuencia de una gran mentira que crece. Se han terminado recursos para inventar historias con las que ocultar que ya no tiene nada que hacer, que desde hace meses su vida es un caminar y volver a caminar. La pérdida de peso es por la dieta y el ejercicio, es lo que cuenta por ahí. Revuelve el bolsillo y vuelve a contar las monedas, quizá podría tomar un café, aunque puede que mañana se arrepienta.

calderilla

Se sienta en la terraza, espera que le sirvan para remover la culpabilidad con una cuchara diminuta mientras guarda el sobre de azúcar en el bolsillo. Nadie diría que la esperanza es un botón que se estropeó hace tanto. Hoy tampoco hablará con nadie. Cuando vuelva a casa, Sonia, derrotada, dormitará en el sofá maldiciendo las horas que estuvo de pie. En silencio verán la televisión durante un rato y antes de medianoche se acostarán dándose la espalda. Mañana amanecerá de nuevo, aunque la noche no haya servido para absolutamente nada y apenas quede calderilla en el bolsillo.

Anita Noire

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