Confesiones de una bruja. Por Mati Morata Sánchez

Mati Morata-2014

No me gusta el negro; definitivamente, me roba luz, energía y, sobre todo, perspectiva. Pero, de alguna manera, tenía que enfrentarme a la sangre, que contrastaba demasiado en el blanco.

Mi sonrisa hacía pensar que mi resistencia era inagotable. Así que decidí disfrazarla: primero, sonriendo hacia adentro; con el tiempo, no tuve más remedio que apagarla hasta su extinción definitiva.

Mi luz proyectaba demasiadas sombras entre los que se colocaban en el sitio equivocado y sentían disminuidos sus brillos mientras notaban la ausencia de los que nunca habían tenido.

Mis tacones, con sus huellas y un eco recio y poderoso, intimidaban a quien, inseguro, no tenía decidido cómo abordar el camino, ni siquiera con qué ritmo.

Mi varita perdió su magia, prendida del agradecimiento que nunca recibía cuando se esforzaba en alegrar la vida a otros, en adivinar sus deseos o en acariciarles el desaliento. Como si la mereciesen per se. ¡Así no hay quien pueda crear semillas recíprocas de vida y esperanza!

La ausencia de ilusiones taló cada una de mis alas trasparentes; jamás pude emprender otro vuelo, así que tuve que cargar con el peso de mi cuerpo y de mis penas.

El gracioso lunar que habitaba en mi mejilla se tornó verruga; mi esperanza, desconfianza; mi anhelo, apatía; mi brillo, opacidad y mi alma se me escondió en un zapato para evitar que la volvieran a tirar al suelo.

De resultas y en defensa propia, apareció.

 

 

 Mati Morata Sánchez

Miradas con MatiZ - Mati Morata
Mati Morata Sánchez
Colaboradora de esta Web en la sección
“Miradas con MatiZ”
Foto: Joaquín Zamora
Blog de la autora

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