¿Cultura? Se paga 12 a 1. Por Jordi Rosiñol Lorenzo

¿Cultura? Se paga 12 a 1

 

Viernes por la tarde, y me encuentro adormilado frente a la pantalla del portátil, con las manos inmóviles depositadas en el teclado, y con la mente ensimismada en la soledad del pensamiento. Por la ventana, el cielo del Valle de Ricote asoma encapotado, de un gris húmedo que amaga tormenta sin acabar de romper en lluvia, la tele aburriendo de fondo como tiene por costumbre.

Echo una ojeada desesperanzada a las redes sociales, y a la primera en el timeline encuentro un tweet de Bieito Rubido que me saca del letargo, en él nos informa que por internet transmiten en directo desde la plaza del Obradoiro el concierto de la Sinfónica de Galicia dirigida por Gustavo Dudamel, inmediatamente sigo el enlace hasta el director venezolano que se encuentra a medio magnifico discurso. Después de hacerme eco por los mismos medios sociales, una duda asalta mi curiosidad, ¿Un evento tan importante e interesante, igual lo dan por algún canal de televisión?

Tras un rápido zaping ¡Oh mi gozo en un pozo! Las decenas de canales siguen empeñados en emitir los mismos programas infumables y refritos dignos de la peor de las cocinas que visita Chicote.

¿Nadie, ningún director de contenidos ha pensado, o se ha atrevido a buscar la diferencia con respecto a los demás?

No acabo de entender la uniformidad en la lucha en el estercolero de la programación, no me puedo creer que no se den cuenta, que ninguno tenga el arrojo de ser el primero en diferenciarse, aunque sea un rato, y apueste por ofrecer a la ciudadanía programas de calidad como el concierto antes mencionado, quizás esa apuesta de un par de horas le vuelva en forma de premio, el premio del éxito en las tan buscadas y canibalizadas audiencias.

Pero el problema puede ser que vaya más allá de la pequeña pantalla, y esta sólo sea un reflejo de la sociedad actual, de los valores perdidos, de la inmediatez falta de empática profundidad hacía uno mismo y lo que le rodea.

Una filosofía fomentada por y para los intereses de los poderes fácticos, cuya visión del ser humano a través del calidoscopio de los beneficios, le devuelve a la retina la imagen de simples consumidores.

El fin anterior se encuentra bien dirigido por otro poder, el servil poder público que también quiere relamer las sobras del pastel en el festín de los dividendos.

A modo de ejemplo, vemos en algunas comunidades autónomas como Murcia, la laxitud del legislador que sin ninguna ética permite que una región que no llega al millón y medio de habitantes, y que además sufre un alto índice de paro, en sus calles existan en la actualidad 307 casa de apuestas y subiendo.

¿Cultura? Se paga 12 a 1

¿Eso son las políticas sociales? No puede ser, no es honesto para las personas que estamos en el desempleo y que tenemos mucho tiempo libre.

No es justo, ni de recibo que desde las instituciones pongan tan fácil tentar a cada paso, en cada esquina, que se incite a dilapidar el triste y exiguo subsidio del que comen varias personas en cada hogar, es ruin que se aprovechen de los momentos de debilidad humana ante la necesidad de salir de la oscuridad del pozo, beneficiarse de quién la desesperación le lleva a buscar un golpe de la suerte que hasta hoy le fue esquiva.

Sres.  de cuello almidonado y melena engominada, apuesten por abrir más bibliotecas con horarios amplios todos los días del año, den ustedes más facilidades para las actividades económicas relacionadas con la cultura etc, en definitiva, apuesten por el futuro del conjunto de la sociedad y no solo por el suyo.

Jordi Rosiñol Lorenzo

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