De la insignificancia. Por Anita Noire

 

De la insignificancia.

De la insignificancia

 

El ruido se inicia en el instante en el que las personas se callan y oímos los pensamientos moverse dentro de ellas como las piezas, que intentan ajustarse, de un motor averiado.

António Lobo Antunes

 

   Hay muchas cosas por las que disgustarse hoy en día. En mi vida intento que cada vez sean la menos pero aun así no consigo alejarme de algunas inquietudes, por mucho que intente ponerles distancia. Pero el azar es traicionero y, cuando uno menos se lo espera, llega en modo ruidoso y le da la vuelta a la mañana como si se tratara de un calcetín ya viejo. A veces son cosas que carecen de una importancia real frente a la desgracia del mundo pero, aun así, la relativización solo sirve para respirar profundamente y sumirse en el silencio durante un buen rato. Esta mañana ha sido una de esas, nada fundamental para el mundo pero ahí queda, en el capítulo de las pequeñas desazones. Perder algo a lo que se le tiene estima, por muy poco valor que tenga, no deja de ser una murga que llevo mal. Algunos nos rodeamos de cosas viejas que nos gustan y nos reconfortan, y que el día que desaparecen nos llenamos de una tristeza incomprensible para el que no tuvo el abrigo y consuelo de aquello que carece de sentido para cualquiera. Podría decirse que los que disfrutamos de las pequeñas cosas que no sirven para nada, pero que acompañan mucho, somos fetichistas menores incomprendidos en muchos casos. El paraíso terrenal de cada uno se compone de las cosas que uno escoge, por eso no es extraño encontrarse momentáneamente desvalido, incluso un poco devastado, cuando aquello que nos hizo felices desde la insignificancia se pierde.

 

Anita Noire

Blog de la autora

 

 

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