El agua y la magia. Por Luisa Núñez

El agua y la magia

 

“El agua es la fuerza motriz de toda la naturaleza”. Leonardo Da Vinci

 

   Curiosamente hace muy poco estuve viendo en la TV2 un documental espectacular sobre la Ingeniería Romana. Hace más de dos mil años ya los ingenieros de este imperio sabían que sin agua, ninguna ciudad o territorio tenía capacidad de subsistir o prosperar. Me he dejado llevar por el asombro de estas majestuosas y elaboradas obras que transportaban el agua y que, aún hoy, resisten al paso del tiempo dejándonos una muestra de lo que es capaz el ser humano cuando trabaja con una finalidad vital y con inteligencia. Y el asombro proviene de entender cómo podían hacer muchísimos kilómetros de acueductos, entre rocas, bajo las montañas, salvando desniveles, usando materiales que ahora consideraríamos rudimentarios, pero con una capacidad de cubrir todos los imponderables que tamañas construcciones pudieran provocar en su uso cotidiano. Ahí tenemos el acueducto de Segovia, uno de los trozos visibles de los miles de conductos que recorren España, escondidos en nuestra geografía de los que muchos no son y/o no éramos conscientes.

El agua y la magia.

   Dese hace apenas una semana, mi retina sostiene dolorosamente la imagen de un río desbordado causando daños a personas, cosechas e infraestructuras. Fotograma a fotograma recuerdo: un señor con el agua hasta las rodillas, casas con muebles y enseres cubiertos medio metro, frutos inservibles, raíces sin posibilidad de recuperación, animales muertos sin escapatoria posible. También conducciones destrozadas, carreteras, hectáreas de cultivo y pueblos anegados, así como ciudades incapaces de absorber una sola gota más, quedando aún el deshielo pendiente cuando suban las temperaturas.

   Tres regiones en alerta, la Unidad Militar de Emergencias, servicios de rescate, agricultores desolados que piden soluciones a esta repetición anual de la jugada del Ebro -por otro lado, natural y previsible- que destroza cosas, pero sobre todo sudor, esperanza, esfuerzo y vida. Y muchos, muchísimos litros de agua que van al mar sin que nadie proponga rescatarla para quien no tiene ese elemento tan vital.

   Y en medio de todo eso oigo el crujir de la tierra que me rodea, los alaridos de esas plantas y esos frutos que, aun necesitando poco, sucumben a la sed maldita. Veo en el pasillo de mi casa abrirse grietas en las paredes a causa de la bajada del nivel freático del subsuelo por la sequía, los campos cubiertos de plástico para rescatar hasta el sudor de los cultivos que se riegan gota a gota, porque el agua además de escasa es la más cara de España y la lluvia necesaria no nos bendice, algo que, por otro lado, es natural y previsible en este árido sureste. Las condiciones climáticas hoy en día, son bien conocidas en cada territorio y con bastante precisión.

   Y me pregunto… siempre preguntándome una y otra vez, cómo es posible que hoy, ahora, en este momento donde la ingeniería, la tecnología y los materiales son infinitamente mejores que los de antaño, donde los vaivenes del tiempo se prevén con análisis y estadísticas de muchos años ya, aún estamos sufriendo estos desatinos de un lado y del otro.

   En la península ibérica se encuentra el acueducto, casi olvidado, desde Albarracín a Cella que unió las cuencas del Turia al Ebro y que se considera el primer trasvase entre cuencas de la humanidad (ver documental en el minuto 36′ aproximadamente). Aún pasados los siglos, permanecen vestigios de su uso primigenio y de sus posteriores usos como caminos o puentes y que la misma naturaleza no los haya destrozado, indica que fueron hechos respetándola en grado sumo.

   Ya, ya sé que salen muchos inconvenientes de miles de bocas sabiondas que tienen todas las respuestas al momento, que hablan del impacto ambiental y otras teorías a cuál más rocambolesca. Yo no soy experta y no respondo, tan sólo me pregunto y sigo preguntándome.

   Si hemos sido capaces de hacer un túnel submarino que atraviesa el Canal de la Mancha y un tren que lo utiliza en ambos sentidos. Si hemos sido capaces de abrir un continente de lado a lado para crear el Canal de Panamá. Si estamos a punto de ver un tren Ave transitando por un enorme desierto a 300 km por hora y hemos llegado a pisar la Luna… ¿De verdad no hay una solución para recoger esa agua que inunda y enluta a unos y que procuraría la salvación y la prosperidad para otros?  ¿Tan poco hemos avanzado que no somos capaces de entender, ni de hacer lo que sería bueno para todos y que ya hicieron los romanos hace más de dos mil años? Perdonarme que sea mal pensada pero, ¿Dónde está realmente el problema? No puedo creer que sólo nos quede la resignación.

   Siempre he creído en los sueños y en la magia del esfuerzo y la convicción y tal y como dice el antropólogo, escritor científico, ecologista y poeta, Loren Sisley: “Si hay magia en este planeta, está contenida en el agua”. Y tiene mucho sentido porque todos nosotros somos entre un 50-70% de agua, por tanto, la magia está en nosotros también.

   Quizá el problema es que ya nadie cree en la magia de la solidaridad y hemos perdido la capacidad de soñar y crear juntos un mundo mejor.

   De ahí mi profunda tristeza, de fotograma en fotograma.

 

Luisa Núñez

CEO del Portal Canal Literatura
Especialista Universitario en Sistemas Interactivos de Comunicación

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