«Ensoñaciones», de Luis Pereda. Por Pilar Gorricho del Castillo

ensoñaciones

Luis Pereda

Colección: Poesía, 35
Formato: 130 x 205 mm
Páginas: 160
Encuadernación: Rústica
Fecha de publicación: 05-06-2017
ISBN: 978-84-9109-231-5

 

Luis Pereda (Baracaldo, 1946) es licenciado en Matemáticas. Ha dedicado toda su carrera profesional a la enseñanza e investigación de la didáctica de la matemática en la Escuela de Magisterio Begoñako AndraMari de Bilbao.

Desde 1987 ha elaborado todos los proyectos de la editorial Erein para la enseñanza de la matemática en Primaria. Se declara apasionadamente impaciente por buscar más excelencia en la educación actual.

La ensoñación es un estado de reposo. El soñador deja de reflexionar cuando imagina. Tiene que haber una ruptura entre intelecto e imaginación si se quiere llegar a la verdadera ensoñación. En ella, el psiquismo es más libre que en el sueño; por eso, la ensoñación es otra forma de realidad, al afirmar que la ensoñación es un estado intermedio entre el sueño y la vigilia. Mientras Descartes propuso al hombre de la vigilia (racionalidad) y Freud al hombre del sueño (inconsciente), Bachelard propone al hombre de las 24 horas, el hombre que mengua entre la vigilia y el sueño, haciendo lo uno y lo otro al mismo tiempo: el hombre de la ensoñación.

Así describo yo a Luis Pereda, un hombre que pasa y pisa el mundo de la ensoñación en este su segundo poemario donde no deja lugar a dudas de su talento poético, en un mundo donde inhala la ensoñación y exhala engañación.

Excelente portada de Paul Klee en cuyo interior se inspira el poeta para abrir este poemario con un precioso poema que lleva por título «Por la tarde lleno de Dios» del cual destaco una imagen que me ha impresionado por su belleza:

Por la tarde, lleno de Dios, a flor de piel se siente el borde tibio de las ardientes cicatrices.

La imaginación es una simiente que da bellos frutos y hermosas flores: palabras manzanas, letras peras, claveles y narcisos coloridos dispersos en el papel en blanco; soñamos mientras escribimos. En términos de Deleuze, la palabra es un brote.

Un brote que pretende dar una rama. Cómo no soñar mientras se escribe. La pluma sueña. La página blanca da el derecho de soñar. Si tan sólo se pudiera escribir para uno mismo… ¡Qué duro es el destino del hacedor de libros! Hay que cortar y volver a coser para tener continuidad.

El libro está compuesto por ocho ensoñaciones de las cuales en la ensoñación tercera destacamos cuatro cantos donde el autor nos da su visión sobre la ensoñación en un poesía muy rica, de contenido místico y metafísico y donde el espíritu se eleva sobre el fracaso que supone pretender la verdad, en las ensoñaciones personales, las colectivas, las de juventud, donde en una preciosa alusión a la obra El principito y su deseo de volver a aquella inocencia lea pide tres deseos equivalentes a tres cajas: cajas que encierren la araña negra de la muerte, el dolor, un planeta deseado.

Sabedor del secreto de la inocencia en la comunión con los recuerdos del Principito, el poeta se serena y escribe estos versos tan bellos:

En su última visita, al levantarnos de la silla/ rozó mi mano/ Me susurró un último secreto/ mirando al horizonte / No añores esa luz que ya se muere/ espera como yo la luz que brilla detrás del sol.

Cuando Pereda se refiere en su quinta ensoñación a la poesía, lo hace estableciendo una comparativa con el arte de la música, dotando al poema del poder que encierra una campana en su tañer dentro del alma colectiva, despertando, despertándonos:

Para aliviar en la eternidad de un momento/ la intimidad del sorprendido lector que se recuerda sediento.

En la sexta ensoñación el poeta se adentra de lleno en un profundo recogimiento consigo mismo y sus anhelos de cómo quisiera que fuese este mundo que nos rodea en un círculo que circunstancialmente el poeta rodea a través del lenguaje apresando sus dudas y sumergiendo las respuestas en la vehemencia del subconsciente, destacando aquello que representa la esencia del ser, en todos los ámbitos; como el poder, la energía, la civilización y la vida en una suerte de bienaventuranza profética que da a estos «Ministerios», al cambio, a los deseos, y las señales de unificación haciendo de éste, nuestro mundo, un lugar más habitable y unificado:

Cuando se cumplió un día entero/ el sol y la luna volvieron a su ser/ Quedaron grabadas las nuevas tablas de la ley/ con los valores y mandamientos de la nueva humanidad.

La poesía de Pereda aspira, igual que la filosofía, a conocer, sólo que con otras estrategias y recursos. En esta séptima ensoñación también se produce un escondido trabajo con la musicalidad de la expresión; también la filosofía precisa imágenes y escenarios; la materialidad de la escritura y de la palabra lo exige. Y no existe palabra ni escritura que no se encarne en la materialidad del discurso o del diálogo, o del texto literario. La palabra ordena realidad, dentro del equilibrio de nuestras emociones. Vivimos insertos en la realidad de nuestras condiciones de conocimiento. Aprendemos a compartir la sabiduría de las emociones dentro de los límites de nuestra mente. Desde la decisión en presente ordenamos la realidad con la onda de la palabra. El amor de nuestra esencia aumenta las posibilidades de materializar de nuestros sueños. El verbo perfectamente accionado sincroniza la realidad de nuestras conciencias. Nos aventuramos a crear desde nuestra intuición y el correcto conocimiento de nuestra percepción.

Nuevas energías aumentarán el flujo, la materia prima de la que están hechos los sueños. Coordinamos el pensar y el sentir, para expresar, crear las ideas, y el equilibrio de la felicidad en hondas reflexiones sobre las dudas y certezas de la vida que forman esta séptima ensoñación donde el poeta aúna mente y corazón en un ensamblaje unido a sus primeros recuerdos y sus raíces expresando en sus poemas la alta capacidad sensitiva que a lo largo de todo el poemario nos acompaña unida a una síntesis de las emociones enérgica, libre y poderosa que a nadie deja indiferente:

El tiempo está hecho de recuerdos y la vida de deseos/ Confundimos el tiempo con la vida

lo atestigua con una lucidez inusitada.

En torno al enigma de lo que somos, de nuestra propia condición, o de ese hecho asombroso y descomunal que nos hace ser, además de vivientes, también inteligentes (para lo bueno y lo malo), en ese enigma se gesta la «Letanía semanal», las lenguas de hiriente pimentón, el asco y la pena, el rocón asesinado o las gallinas ponedoras en la octava ensoñación.

Un profundo análisis poético de gran calidad en versos impregnados de tropos literarios como la anáfora, símbolos y sinestesias.

Pereda se cuestiona, se sopesa, se observa a él mismo y todo aquello que conforma la vida:

Filósofo de tertulia, no perviertas las palabras / son sagradas/ No mancilles tu profesión tan necesaria/ ¿Por qué tanta exquisita sensibilidad? Un filosofo no exhibe angustia ante el tocón de un árbol asesinado/ la filosofía se ocupa del alma herida de los hombres.

Pereda no deja de lado el amor de pareja (a la mujer de su vida) en este bello sendero impregnado de sueños que nos brinda desde la primera página hasta la última; y en una serie corta de versos nos traslada hasta el amor verdadero (el cual siente por su amada), aquel para el que no existe el tiempo (y de existir solo consolida aquello que primero fue fuego ardiente), y en el poema «Ascua de volcanes» nos deja esta joya:

La lava del volcán/ sin dejar de quemar/el tiempo la convierte/ pasajera/ ardiente/ en ascuas del hogar si se sabe esperar.

¿Existe definición más hermosa de lo que es amor verdadero?

El poeta pasea por el amor en esta novena ensoñación, con la complacencia de saberse amado tal como dijo precisamente Antoine de Saint-Exupéry.

Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.

En todo el poemario Pereda deja patente su amor por las matemáticas, y la metafísica del ser.

Así, en la novena ensoñación el alma del poema se pregunta por el más allá, por aquella esencia perdurable a la materia que somos. La muerte es poesía. Hablar de la muerte se convierte en un acto poético porque podemos imaginar la belleza y el horror de lo que hay en ese acto incierto a través de las palabras. La utilizamos para expresar el dolor que nos causa ese momento o simplemente para hacer una oda a la finitud de la vivacidad innata del ser humano.

Luis Pereda

Así, el poeta termina el poemario con una especie de análisis autobiográfico de su vida, de sus gustos, de sus raíces y de aquello que le hace llamarse poeta.

Luis Pereda, el poeta al cual no le gusta que le llamen poeta, demuestra en este libro que es digno y necesario encontrarnos con poetas así. Sin temor ante aquella expresión que pugna por nacer, sin miedo a expresarse desde, por y para la ensoñación hasta hacer de ella una realidad tangible y esperanzada.

Un honor haber tenido el privilegio de pasearme por tus ensoñaciones y recomiendo encarecidamente la lectura de este libro de Luis Pereda.

Pilar Gorricho del Castillo

 

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