Hasta el gorro.

 

Quienes escribimos sabemos que somos vampiros literarios, andamos clavando la pluma en la yugular intelectual de los demás y chupando palabras o ideas. Unos lo reconocemos y lo hacemos con más o menos respeto a la sangre original –y citando el ADN–; otros no solamente no lo reconocen, sino que, si pueden, se hacen la transfusión entera y luego aseguran que aquello que sale por sus venas literarias es genuina sangre de su sangre. Pero, tanto reconociéndolo como no, lo cierto es que todos lo hacemos. Quiero decir con la anterior Excusatio non petita… que, en efecto, hay una accusatio manifiesta. O sea, que si he comenzado con tantas explicaciones sin que nadie me las hubiera pedido se debe a que hay una causa clara. Hace unos días leí, en este mismo periódico (apartado «Cartas al director»), la de una señora, Josefina Vicente, a quien no tengo el gusto de conocer, aunque me encantaría, y que me birló el tema del artículo de esta semana casi por completo. He considerado, por tanto, que es de justicia que sea yo quien me apropie ahora del título de su carta.

Es obvio y patente que su sentir, como el mío, es una clara muestra de lo que puede estar sintiendo una mayoría de ciudadanos; si, como dice la canción «El amor está en el aire», es de suponer que, cuando hay tensión y el aire puede cortarse, este pueda llevar de un lado a otro esa sensación de hartazgo que estamos viviendo ante acontecimientos que se nos escapan de las manos, porque, incluso en aquellos en los que podemos decidir y decidimos, luego viene una pandilla de impresentables y se pasa la potestad del pueblo por donde la espalda pierde su casto nombre. Apunta la señora Vicente, con criterio que comparto al ciento por ciento, que cuando «el pueblo vota lo mínimo que hay que hacer es aceptar lo que diga, guste o no guste». Sin embargo, da náusea ver los telediarios, ver a responsables (¿?) –sobre todo del PSOE y de Podemos– a los que lo único que les importa, según palabras textuales, es «desalojar al PP». A ver, ¿por qué esa inquina, si es lo que ha votado el pueblo? No entienden que lo único que hacen con esa postura es asemejarse a liderillos como Maduro para quienes la voluntad del pueblo atesora el mismo valor que una mierda (perdón). ¿Por qué no preocuparse de buscar mejores soluciones para problemas irresueltos en lugar de lucir el ‘no’ por bandera incluso en aquello que puede representar un bien común para los intereses españoles?  Es incomprensible para muchos socialistas que apoyan el crecimiento económico y la creación de empleo y riqueza de España que Sánchez no apoye el Tratado de Libre Comercio de la UE con Canadá, por ejemplo. Pretende llegar a presidente de un país pero solo gobernando para sus votantes, y sin que cuenten para nada las necesidades o los derechos de aquellos otros que lo vieron… como lo que está demostrando ser: una amenaza para una serie de logros conseguidos a través de muchos años de política con políticos que han antepuesto el bien común a sus intereses particulares, olvidando desenterrar el hacha de guerra cada día.

Decía esta señora que, por considerarse mayor (me gustaría saber de qué edad estamos hablando), confiesa que ya todo le da igual, pero no la creo. Puede que ella haya alcanzado una edad en la que –apunta– «si se cae medio cielo, me voy al otro medio»; pero quizá tenga hijos y nietos, o sobrinos, o hermanos, o amigos… y sí le importe lo que pueda ocurrirles. Además, el tono de su carta no denota despreocupación, sino de todo lo contrario. Y estoy con ella en que resulta desolador alimentarse de telediarios. La mano del hombre –que debería preservar este hogar común llamado Tierra– se dedica a prenderle fuego, a contaminarla, a destruirla… Y, llevado de ese afán destructor, a pisar el cuello de otros humanos cuando no comparten las mismas ideas políticas o, peor aun, cuando son lobos de la misma camada y estorban para que estén en primera línea.

Sí, doña Josefina, yo también estoy hasta el gorro. Pero la mala noticia es que no somos solo nosotras quienes lo estamos sino un amplísimo sector de la sociedad. Por favor, ¿alguien podría decirles a los políticos que cuando ganen se dediquen a solucionar los problemas que veían tan claros desde la oposición? Y que –cuando pierdan– respeten, ¡RESPETEN!, la decisión del pueblo soberano en lugar de gritar a los cuatro vientos que «el único objetivo marcado es quitar de en medio» a quienes votó la mayoría de ciudadanos. Pobre objetivo.

Tiene usted toda la razón, señora Vicente. Hasta el gorro y más allá.

Ana M.ª Tomás

Artículo aparecido en La Verdad

 

 

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