Héroes. Por Antonio Marchal-Sabater

Héroes

Héroes manos unidas

Celebramos estos días el aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, un hombre que, sin ser exactamente un héroe o un mártir, pasará a la historia por los hechos que antecedieron y sucedieron a su muerte.
Se niega la izquierda española a reconocer las consecuencias de tan trágico hecho, que es lo que en realidad recordamos todos durante estos días. Aducen con estulticia que todas las víctimas son iguales. Evidentemente no les falta razón, a ninguna demagogia le falta (véase sofisma). A todas las matan o les producen heridas incompatibles con la vida y a todas las entierran o incineran ante el dolor de sus familias. ¿Quién se atreve a negar esto?

Me gustaría que me explicaran por qué la muerte del Cid, Almanzor, Juana de Arco, Agustina de Aragón, Hitler, Mussolini, Gandhi o Martin Luther King no son muertes anónimas.

¿Tan difícil es reconocer que hay asesinatos que se quedan en las páginas de la historia, no por la importancia del fallecido ni su trayectoria vital, que en muchos casos la tiene y en otros tantos no, sino por lo que el asesinato en sí supone?

Son hechos que marcan un punto de inflexión en la historia (Para los de Podemos, momento exacto en que acaba una época y empieza otra).

ETA ha estado matando desde el lunes 27 de junio de 1960, que murió Begoña Urroz, de 22 meses, abrasada por una bomba colocada en la estación de ferrocarril de Amara (Guipúzcoa), hasta el 16 de marzo de 2010, que asesinó a un policía francés, Jean-Serge Nèrin. En total, 830 víctimas. ¿Son todas iguales? Evidentemente sí, pero solo quedaran en la memoria colectiva algunas de ellas y las masacres más grandes: Hipercor de Barcelona, cuartel de Zaragoza, Vic, el atentado de la plaza de la República Argentina contra el autobús de la Academia de Tráfico y pocas más.

¿Por qué recordaremos durante muchos lustros a Miguel Ángel Blanco? ¿Por ser concejal en Ermua? ¿De verdad nos creéis tan simples a los españoles?

El secuestro, tortura y asesinato de Miguel Ángel Blanco fue un pulso a la sociedad española, un chantaje que provocó que el pueblo, ese término del que tan fácilmente os apropiáis, especialmente el vasco, se tirara a la calle a gritar basta y a exponer su nuca, a mostrar sus manos blancas.

ertzainaEl pueblo obligó a los policías a quitarse los pasamontañas para ver sus rostros, abrazarlos y besarlos espontáneamente. El pueblo ocupó las plazas, avenidas y calles de todas las ciudades de España durante varios días y noches, pero especialmente las de Bilbao, el pueblo oprimido por los asesinos dijo «BASTA» y los asesinos se vieron cercados.

Nunca hubo una reacción igual, nunca. Eso es lo que representa el asesinato en directo de Miguel Ángel Blanco, el aislamiento de ETA, su pérdida de cobertura social, su soledad, su oprobio. Y particularmente pienso que es eso lo que Podemos y la izquierda en general no tolera, que el pueblo tenga vida propia, sentimientos propios, lejos de la manipulación a la que intentáis someterlo.

Esto no tiene nada que ver con las ideas sociales o económicas de un partido o de un movimiento, ideas de las que la izquierda española carece. Por eso se dedica a lo que se dedica, a sembrar el caos. No es que la derecha española sea mejor, no. Es que ya sabemos de qué pie cojea, y, como dice el refrán, más vale malo conocido que bueno por conocer. Eso es lo que le da al PP las victorias, el miedo que dais, vuestra intimidación a la sociedad, esos abrazos a los proetarras y apoyo incondicional que dais a los asesinos. ¿Os habéis opuesto alguna vez a que en pueblos vascos haya calles y plazas con el nombre de auténticos genocidas? ¿Quién llevó a los asesinos de Alsasua a ser homenajeados en el Parlamento? ¿De verdad os creéis mejores que ellos? (Dime con quién andas y te diré quién eres).

No voy a olvidar que también hay víctimas del franquismo, del yihadismo, y tristemente también del Estado, no. Ni las voy a olvidar ni quiero, pero mezclarlas es un empeño torticero.

Miguel Ángel Blanco no cambió nada en el estatus de los asesinados por el dictador, tampoco en los asesinados al grito de «Ala es grande», ni de los asesinados por los GAL. ¿A qué viene ahora confundir a la gente?

Estimados podemitas: hay un tiempo para cada cosa y una cosa para cada tiempo. No mezclen churras con merinas que el resultado es un engendro, no es rentable y lo van a ver, o lo estáis viendo ya en las encuestas de intención de voto.

Antonio Marchal-Sabater

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