Historia de mi Porsche. Por Catalina Ortega

Historia de mi Porsche

Con prisa de martes, a pesar de ser lunes, me acomodé en mi Porsche sin recordar que nunca he tenido coche. Cuando caí en la cuenta, frené bruscamente y di marcha atrás con tanta celeridad que llegué el día anterior, es decir, el domingo, día de no hacer compras, fundamento de mi corto viaje. Un severo agente me detuvo y me pidió un carné de conducir que no poseo. Me quitó, muy enfadado, esos doces puntos de los que todo el mundo habla y de los que carezco. Historia de mi Porsche
Se empeñó en multarme y, al no comprender mis «lógicas» explicaciones, dudó en llevarme a la comisaría o al Román Alberca. Optó por la comisaría. Allí, pude demostrar que siendo domingo, como así era, me había dedicado a coger caracoles, algo evidente porque los gasterópodos escalaban por la cestita, invadiendo el suelo de la comisaría, y, ya, subían por las botas del oficial, cuando éste montó en cólera, arrestó al agente y ordenó, muy acertadamente (he de decirlo), tratamiento psiquiátrico para el severo agente del orden público que, alucinado, sentado en el suelo jugaba con los caracolillos a las carreras, poniéndoles voz: ¡yummm, yummm, yummm, prrrrrr…! La culpa, sin duda, fue del Gobierno por camuflar un lunes de martes -día de prisas por excelencia-. Lo menos que podía hacer la autoridad competente sería cambiar el orden del calendario y nombrar al martes primer día de la semana… digo yo.

Catalina Ortega

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