La flor de la berenjena. Por José Fernández Belmonte

La flor de la berenjena

La flor de la berenjena

La vida avanza desbocada bajo la bóveda celeste mientras mi berenjena me regala unas preciosas flores de color violeta. La naturaleza no entiende de aritmética, adonde antes tenía tres huevos ahora tengo sólo dos pollitos. Rajoy, pese al rosario interminable de corrupción que le rodea, continúa tan campante en el Gobierno. Amélie Nothomb, mi escritora favorita, ha publicado un nuevo libro en España. Y, mientras todo eso sucede, un día atropella al siguiente como si no hubiese guerra en Siria ni hambre en el mundo. Igual que hace un mes con otro mes y un año con otro año.
Hay gente que se cruza en nuestro camino para aportarnos luz, mientras otros, por el contrario, se nos acercan de manera sibilina para eclipsarnos, o para robarnos las berenjenas. Unos y otros nos influyen alterándonos el ritmo y el rumbo.

Algunos, en paralelo, nos acompañan durante un trecho de nuestra existencia mientras el calendario avanza inexorablemente sin reparar en nosotros, ni en nuestras intenciones, ni en la sutil floración de las berenjenas. Sin saber ni cómo ni por qué, muchas de esas personas, de un día para otro, dejan de tener influencia en nuestras vidas. Desvaneciéndose, salen de nuestra órbita gravitacional y nuestro camino prosigue expedito, invariable, constante, tal y como gira la tierra en torno al sol. Pese a lo que pensamos, avanzamos de manera inconsciente alardeando de controlar nuestro destino. La Luna aparece y desaparece de nuestras noches. De vez en cuando, por desgracia las menos, reparamos en la Estrella Polar que habita en la cola de la Osa Menor. Nuevas personas-planeta entran en nuestra órbita vital y nos vuelven a condicionar nuestra marcha. Meteoros. Cometas. Estrella fugaces que se acercan y se van. Sale el Sol. Se hace la oscuridad. Seguimos avanzando mecánicamente mientras pensamos, ilusos, que nosotros trazamos el rumbo. Tan grandes y ostentosos en nuestra insignificancia. Lo que hoy es una preciosa flor violácea mañana será una jugosa berenjena y poco después un detritus. Todo es lo mismo. Absolutamente todo.

José Fernández Belmonte

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