La Singularidad. Por Usue Mendaza

La Singularidad

 

   Decía Simone de Beauvoir que la libertad se conjuga en singular. Stephen Hawkings también hablaba de Singularidad cuando se refería al principio del Universo. Dicho esto, no es un término del que todo el mundo hable muy a menudo.  al referirse a una persona, a una cosa o a un fenómeno que se diferencian notablemente de todos los demás. Ya por sí misma, la singularidad se revela desde una magnitud superior.
Sorprendentemente, no se explica en singular, es decir a través de una única definición ya que sus rasgos o características son, en particular, muy diversos.
En primera instancia, singularidad es novedad. La novedad siempre sorprende, entusiasma pero también produce cierto nivel de miedo o temor. En segundo lugar, es también alteración o transformación, caracterizada esta última por dos rasgos, a propósito, singulares: la gradualidad y el impacto. La primera noción es una diacronía o evolución. El segundo concepto es una espectacularidad: una sincronía de hechos tales como un descubrimiento o un logro humano.
Desde un punto de vista pragmático, ¿Qué nos hace singulares? ¿Qué hace que la obra de un arquitecto, por ejemplo, tenga su sello personal? ¿Quién objetiva la singularidad? ¿Quién se atrevería a prejuzgarla? Quizá nos haga singulares un rasgo extremo y diferenciador; tal vez un edificio resulte del todo novedoso y especial por una variación matemática en la fórmula de la resistencia que lo aguanta.
Singularmente, nos pasamos toda una vida recogiendo en nuestro cerebro los mismos datos -en plural- que nos reporta el medio, a veces hostil, otras más o menos agradecido, en el que nos movemos. Y cuando canalizamos una información que resulta ser, en muchos casos heterogénea o distinta a la que estamos acostumbrados, nuestros sentidos pasan a ponerse en modo alerta. Lo diferente, el cambio, para bien o para mal, nos altera. Todo el mundo sabe pasarse de mano en mano un balón de forma relajada. Si jugáramos, de manera experimental, a pasarnos un huevo…ya otro gallo nos cantaría, cuando menos resultaría de lo más singular. Seguro que romperíamos alguno… o no y llegaríamos a sorprendernos a nosotros mismos de todo lo que somos capaces de hacer y no sabemos. Igual hasta somos seres singulares y  tampoco lo sabemos.

La SingularidadUsue Mendaza

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