La visita del íncubo

La visita del íncubo

 

Llega intempestivo –mancha alada y furiosa–
rompiendo la frágil tela de tu sueño.
Lo has invitado a tu cama sin saberlo,
abriendo misteriosas rutas hacia tu espíritu.
Te encuentra siempre desnudo
–tus sábanas de súbito plomo–; y es corta tu potencia
ante a su cuerpo de sombra.

Te toma en sus miembros: seduce, somete.
Algo te va robando. Intentas gritar, escapar;
pero su tacto parásito te asfixia y mantiene inmóvil, electrizado.
Ha adquirido las formas de tu placer o tu miedo según su capricho:
un toro gigante que embiste,
un fatídico muñeco que abraza tu carencia,
una perfecta anatomía que podría atravesarte.
Y porque la carne se ablanda, copulan.
Algo en ti responde con todo el nervio de lo real.
Y nunca recuerdas cómo se va.

No conocerás su rostro ni su nombre.
Despertarás extenuado, con un vacío inenarrable.
–Un olor a azufre en tu cuarto–.

Y tú odiarías más tal violencia,
si no fuera buen amante.

 

Aleqs Garrigóz

La visita del íncubo

 

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La visita del íncubo. Por Aleqs Garrigóz, 10.0 out of 10 based on 2 ratings
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