«Ley matinal», de Isabel Moreno García. Por Rubén Castillo

Ley matinal, de Isabel Moreno García. Por Rubén Castillo

Ley matinal

Llega hasta mis manos el libro Ley matinal, que la profesora Isabel Moreno García publica en el sello Plaza & Valdés y que está compuesto por setenta secuencias narrativas, de breve extensión. Es un volumen (pronto lo advierte el lector, casi desde la primera página) de conceptos densos, de formulaciones literarias exigentes, en las que no es posible extraer el jugo estético si se deja que los ojos viajen veloces por sus líneas. Al contrario, sus propuestas exigen una concentración meticulosa y una voluntad de aprehender los sustantivos, los adjetivos, el sentido de las frases, para que el mensaje último (literario pero también vital) no se escape como mercurio entre los dedos.

Esa mujer que posa para que una amiga la dibuje en el interior de una gruta («El rostro espera»); el misterioso compañero de vagón con el que la narradora compartió trayecto, y al que vio romper una carta con expresión seria y meditabunda («Viajeros»); las líneas que se escriben mientras se aguarda el inicio de un viaje, en el aeropuerto («El poema»); o cuadros que nos sitúan ante emociones sutiles, que debemos gustar con una lentitud sagrada o reverente («Fuga cromática») son algunas de las secuencias que Isabel Moreno construye con sus manos ante nuestros ojos.

¿Microrrelatos? No estoy muy seguro de que puedan ser etiquetados con esa palabra, porque muchos de ellos no pretenden «relatarnos» nada, en sentido estricto. Si los tuviera que definir (y soy consciente de que toda definición es una cárcel gris, la mayor parte de las veces injusta) diría que son como esos cristalitos que, colocados sobre el portaobjetos de un microscopio, nos deparan un mundo invisible hasta que posamos el ojo sobre ellos. Estos setenta episodios narrativos contienen escenas de amor, de tristeza, de melancolía… O simplemente cuadros descriptivos, de alta belleza lírica: instantes de paseo, conversaciones durante una comida, la congoja que depara el llanto de la persona que va a nuestro lado en el autobús…

Un proyecto interesante, que me ha gustado leer.

Rubén Castillo

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