Los desposeídos

 

«La mano de la madre acaricia incluso cuando pega. La del padre castiga incluso cuando acaricia», dice siempre mi madre.

Szilárd Borbély es un autor húngaro que se quitó la vida en 2014 dejando una obra poética, que no he leído, y esta novela.  Adentrarse en las páginas de Los desposeídos no es tarea fácil, porque en su interior encontramos un descarnado relato de la infancia de Borbély en una Hungría soviética, en una familia no adepta al régimen, con hambre, con miseria, con dolor, con maltrato infantil. Una aldea acosada por la miseria, una madre apaleada y desesperada también por el hambre que ve se instalada en su hogar. Tres hijos, uno de ellos un bebé. Un niño de siete años que se comporta como un adulto. Un número primo no puede dividirse más que por sí mismo. El ejercicio de la violencia como uno mismo en forma de letras. Los desposeídos te golpea en la sien, en la boca del estómago, te deja noqueado.

Leer Los desposeídos no es leer una bella novela en la que pasan cosas, leer Los desposeídos es ver el reflejo de la sociedad húngara, es ver la descripción descarnada de un padre, agotado y borracho, y una madre desesperada. Ellos y todos los que viven a su alrededor. Números primos todos ellos, no se dividen más que por ellos mismos y por uno. Almas solitarias que intentan sobrevivir en un medio hostil, acosados por una miseria que cala huesos y llena letras. Niños maltratados, en un momento de la novela se lee: «Yo te cagué, y a mí la mierda no me habla así». Resumen perfecto de lo que sienten las madres por los hijos. Los niños son poseídos, son parte de uno, son tuyos y como es así no te hablan así, obedecen en todo lo que dices. Es tristísimo leer esas relaciones. Pero las mujeres también son apaleadas con regularidad cuando los hombres llegan borrachos a la noche de la taberna. Una única habitación que es cocina y dormitorio no deja demasiado a la intimidad. Toda la familia sufre, toda la familia padece, toda la familia es golpeada con regularidad.

Y también hay un reflejo de la situación religiosa, que en este caso es una metáfora del diferente, del que decide no seguir a la mayoría, del que de modo propio decide ser judío en una ciudad donde no hay judíos. En una región donde los judíos solo son un recuerdo. Lo religioso se mezcla con el orgullo de la  pobreza, el «nosotros somos mejores»  aunque literalmente nos muramos de hambre.

Los desposeídos te golpea en lo más profundo. Leerlo no es un camino de rosas pero el poso que queda es maravilloso, estremecedor y bellísimo. Es uno de los libros de este año pasado que  más me ha gustado e impactado. Ha golpeado mi alma. Nada más puede pedirse de la literatura.

Maite Diloy

Blog de la autora

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