Las raíces, como las ideas, avanzan por caminos cuyos límites son infinitos. Aquellas, igual lo hacen por empedrados recodos gracias a su tenacidad, que más fácilmente se extienden por la maleable tierra que las alimenta sin más escollo que cualquier dureza que les sale al paso y logran vencer. Mientras tanto, las ideas nos fluyen en su nebulosa con ansias de libertad, aunque tantas veces se pierden como pavesas dejando tras de si la nada.

Las raíces se ofrecen desprendidas y dan lo mejor de si mismas: su brote en cuerpo y volumen decoran el paisaje, como también nos dan sus frutos desde los comienzos de aquel primer día, hace millones de años. Y en su diversidad, en ocasiones, afloran y dejan sobre el sendero su rúbrica que las identifica. Discurren a flor de tierra por donde paso a paso transitamos, ora ligeros, ora muy rápidos: demasiado a veces. Como también hay quienes disfrutamos del paso lento, tranquilo y seguro, gozando del paisaje que tantas ideas nos sugiere la frondosidad del bosque.

Las ideas revueltas en nosotros, cual tela de araña, nos embaucan en el camino, afloran y marcan ilusiones. Extienden sus tentáculos hacía rumbos imaginarios que en ocasiones se alcanzan, aunque no siempre; más bien por falta, como las raíces, del necesario nutriente que necesitan.

Todo sucedió en un instante: una raíz prominente me hizo perder el equilibrio y a punto estuve de dar con mis ideas en el suelo. Jamás hubieran estado tan unidas; en este caso en el dolor, absorta mi mente al no prestar atención al camino, embelesado por la belleza en rededor.

Las ideas, pues, como las raíces, tienen mucho en común. Tanto, que están condenadas a encontrarse algún día bajo la tierra en el final de una vida.

Julio Cob Tortajada

Colaborador de esta Web en la sección “Mi Bloc de notas”
http://elblocdejota.blogspot.com
Valencia en Blanco y Negro- Blog

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