Mujer en positivo. Por Luisa Núñez

Mujer en positivo

Mujer en positivo

«Nunca he creído que por ser mujer deba tener tratos especiales, de creerlo estaría reconociendo que soy inferior a los hombres, y no soy inferior a ninguno de ellos» – Marie Cuire

Soy mujer, lo digo alto y claro porque, aunque parezca una tontería, hoy en día parece casi obligado declarar lo evidente.

Celebro este día porque soy consciente y estoy orgullosa del sacrificio y aportación de muchas mujeres a lo largo de los siglos y de su contribución a los logros de la humanidad, con más o menos visibilidad, pero ciertos y contundentes. Para empezar, pariendo a los hombres que pueblan este planeta, que no existirían si las mujeres no hiciéramos a diario un alarde inmenso de generosidad. Pero, aun siendo algo fundamental, no es eso lo más importante.

El avance imparable de la mujer a base de demostrar su talento, su capacidad de emprendimiento, su inteligencia, preparación, creatividad y versatilidad en todos los ámbitos sociales e institucionales es una realidad que se irá consolidando si generación tras generación seguimos en la brecha. Con doble esfuerzo, es cierto, pero es que el tema está tan imbricado en  la estructura social que no ha sido, ni es, ni será tarea fácil.

Yo hoy voy a seguir con mi costumbre de ir contracorriente una vez más. En positivo. Ya son demasiados siglos de quejas y lamentos.

Quizá mi fortuna ha sido el ejemplo de mis predecesoras, como mi abuela o mi madre, que en tiempos mucho más difíciles fueron mujeres, madres y trabajadoras y se ganaron a pulso su prestigio. Por eso, me siento orgullosa de mi femineidad, de las capacidades con las que la naturaleza me ha dotado para pensar, para aprender, para rebelarme, para luchar, como cualquier otro ser humano y, desde hace muchos años ya, ciudadana en igualdad plena de derechos civiles que me permiten ser autónoma con capacidad legal para reclamarlos tantas veces haga falta. Pero sobre todo, con la capacidad de ELEGIR, de equivocarme, de acertar, de asentir, de ceder o claudicar, de aprender de los errores y fracasos, así como de disfrutar de los logros conseguidos. También de poder decidir apartar de mi camino a quien no me aporta nada o intenta herirme, al igual que elijo cuidar a quien me quiere, me apoya y me acepta como soy.

«No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente».

 

No me siento víctima, ni sierva, ni objeto de placer ajeno, ni “cosificada” cuando visto y me arreglo con esmero, porque así lo elijo yo. Nací mujer libre en un país libre (no todas las mujeres tienen esa suerte por desgracia). Y si repitiéramos esta frase a menudo, en cada esquina, con convicción, a lo mejor terminaríamos por sentir esa certeza pegada a nuestra delicada piel y contagiar a quienes nos miran con cínico desprecio. Porque es nuestra mente y lo que en ella habita, quien debe guiar nuestras acciones.

  Culpar a los hombres en general es algo demasiado fácil. No niego que hay «Hombres alimaña» como ya escribí en una ocasión, pero el problema principal no son esos depravados que han existido y existirán siempre. También escribí sobre los «Hombres buenos», porque de todo hay.

El campo de batalla real, donde se crea la mayor brecha educacional y la mujer no ha conseguido avanzar con firmeza es el hogar, y es allí, a partir de la maternidad fundamentalmente, donde  hay que centrar la mayor energía posible y de forma continuada, para exigir a nuestros hombres (padres, compañeros e hijos), la tarea y el cuidado compartido del lugar donde se convive, de los más pequeños y de los mayores, de los que los hombres son igualmente responsables por mucha que sea su resistencia  (son expertos en esta táctica).

 Creo que un día de huelga sirve quizá para hablar del tema y ponerlo en primera plana. Pero mañana ¿volveremos a las mismas rutinas?. Se arreglará, si acaso, si muchas mujeres dedican, un día tras otro, una vida entera a luchar por esa igualdad creyendo firmemente, desde lo más íntimo de su ser, que son, con sus peculiaridades biológicas, iguales en derechos y obligaciones, y transmitir este pensamiento una generación tras otra.

 

  Hoy, celebramos este día, en esta web literaria, con una camiseta que lleva impresa una frase de Virginia Woolf, una escritora del siglo XIX que fue valiente en las adversidades, reconocida en su trabajo, feliz con su esposo, feminista y que nos dejó un legado de libre albedrío.

Feliz día de la mujer 2018.

*Y una mención especial para mis tres hombres que han aprendido a estar a la altura de los tiempos.

 

CEO del Portal Canal Literatura
Especialista Universitario en Sistemas Interactivos de Comunicación

Diseño camiseta y fotos:

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