Mujer perfecta: sexi marmórea, cornuda y manejable. Por Ana M.ª Tomás

Mujer perfecta: sexi marmórea, cornuda y manejable

¡Ay, Dios mío! Menuda se ha liado en la televisión estatal italiana porque un grupito de hombres han dicho en voz alta lo que llevan pensando y sintiendo por dentro desde las cavernas. Que no, queridas mías, que no nos engañen, que los hombres –al menos muchos de ellos– han cambiado muy poquito desde entonces. Aunque, por suerte, haya otros que no solo luchan junto a nosotras, sino por nosotras, que no es lo mismo. El problema añadido al machismo cavernícola del que no dudan en hacer gala incluso ante las pantallas de la televisión en Italia es que todavía son bastantes las mujeres que piensan, actúan y, lo que es peor, educan a las niñas en los roles de complacer al hombre y anularse ellas mismas como personas. Es más, no dudan en enfrentarse a otras mujeres que han conquistado su libertad con argumentos como «Eres muy sueltecita, porque esto –o sea, las tareas de casa– se ha hecho así toda la vida. Y las obligaciones de las mujeres no tienen por qué hacerlas los hombres». ¡Casi na! (recuérdese a las cuñadas de Casados a primera vista).

Todo esto viene a cuento porque el sábado en un programa de la televisión pública italiana se abordaron las divergencias existentes entre las mujeres italianas –¡mamma mia!–, cuyo carácter latino salió a relucir como una desventaja, y las mujeres de la Europa del Este, bastante más manejables, dóciles y, ¡agárrense a la brocha, que me llevo la escalera!, con mejor cuerpo tras haber parido. Exactamente los argumentos fueron: «siempre son sexis, no llevan ni chándal ni pijama», «perdonan la infidelidad», «están dispuestas a dejarse mandar por sus hombres», «no lloriquean», «son amas de casa perfectas», y… «después de haber parido recuperan un físico marmóreo». ¡Manda huevos! El gran Fabio Testi, hasta esa noche ídolo de mi adolescencia, comentó como la cosa más normal del mundo que un amigo suyo, italiano, casado con una mujer rusa, para el cumpleaños del marido, se lo había llevado a Moscú y como regalo lo acompañó a una casa de putas, eligió ella misma a la más guapa y se la pagó para él. Y para más inri añadió: «¿Cómo no vas a estar enamorado de una mujer así?». ¡Dremiadelamorhermoso!, qué fallo tuvo de nacer en este tiempo y no unos cuantos siglos atrás. El debate central en el programa de marras era si estas mujeres… complacientes, dóciles y dispuestas a consentirlo todo eran las mujeres perfectas o, precisamente por ello, se convertían en las «robamaridos» de otras que se ponían y los ponían en su sitio. Vamos, sin que nadie se rasgue las vestiduras, lo que se habla por estos lares de nosotras comparadas con algunas mujeres ardientes de América del Sur… a las que he escuchado con estos oídos, que se comerán las llamas, que los maridos tienen derecho a pegarles o a ponerles los «cachos», o sea, los cuernos, y a violarlas cuando les apetezca por muy bebidos que vuelvan a casa. Ellas les pertenecen como un objeto más de su posesión o, simplemente, como un nuevo modelo de esclava de nuestro tiempo.

Mujer perfecta: sexi marmórea, cornuda y manejable

Ya. Ya… Tranquilos. Que no se me revolusiiione nadie, que para nada pretendo meter en el mismo saco a todas las mujeres en ninguno de los aspectos citados ni positivos ni negativos, pero no deja de tener narices que, por primera vez en la historia de la lucha de las mujeres por abrir camino a otras que venían detrás en la estrechísima senda de unos derechos conquistados a fuego y a sangre…, por primera vez, decía, circulemos para atrás, retrocedamos en algo que tanto ha costado lograr. «Cada vez que una mujer da un paso todas avanzamos». Pero si lo da hacia adelante, porque, si lo da para atrás, todas retrocedemos. Y resulta triste, muy triste que, como decía la presidente de la Cámara de los Diputados italinos, Laura Boldrini: «En un programa de televisión las mujeres sean representadas como si fueran animales domésticos de los cuales se puede apreciar su docilidad y condescendencia».

Quiero entender que las mujeres que actúan de esa guisa no han tenido circunstancias favorables que les hayan ayudado a empoderarse, quizás tampoco se han visto impelidas a hacerlo, precisamente por haber tenido unas condiciones cómodas en esa postura. No sirve de excusa sabiendo y conociendo la realidad de otras mujeres sometidas hasta la crueldad. Y en cuanto a ellos, Simone de Beauvoir decía que «Nadie es más arrogante, violento, agresivo y desdeñoso contra las Mujeres, que un hombre inseguro de su propia virilidad».  A ver si se van enterando.

Ana M.ª Tomás

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