ni bancos ni banderas

Ni bancos ni banderas

   Queda el cuello con su armazón torcida y estropeada, las vértebras machacadas, esa mordedura que se agarra a la espalda como una garrapata y no te deja otra opción que aprender a transitar de la mañana a la noche con ella, queda ésta dificultad para levantarme a las siete de la mañana y ponerme los zapatos y salir a la calle para empezar la jornada; queda ese empeño que pone la cuesta en ponerme difícil la subida, el sueño y el cansancio que me aplastan, el desgaste de los huesos, la alergia, tan devastadora cuando llegan esos días que le gustan y la impulsan a pisotear mis ojos y mi piel y mis fosas nasales, queda esta sensación de pérdida de elementos y condiciones insustituibles, quedan los años formando a tu alrededor una cueva de Altamira sin pinturas ni perspectivas de progreso o civilización…Pero siguen ahí el sol, los niños exigiéndote que vuelvas a ser niño, un sol princesa en la pizarra, tu hijo corriendo sobre la hierba, tu mujer que atraviesa un puente y te coge de la mano, que no te deja que salgas de casa sin besarla; queda también esta absoluta seguridad de que todo aquello que de verdad importa apenas cuesta nada, sólo la voluntad de abrir los ojos, de abrir la mano, de mirar las estrellas y tocar el tronco de un eucalipto y entender bajo una luz que apenas dura una milésima de segundo, de que somos átomos, somos dioses y universo, una misma y única entidad sobre la que resulta imposible construir un banco o poner una bandera.

ni bancos ni banderas

Máximo Gónzalez Granados

Segundo premio del  IX Certamen “Poemas sin Rostro” 2016

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