Otoño. Por Usue Mendaza

Otoño

 

A Antonio Vivaldi
Por eso hago casi toda mi vida en casa y sólo salgo en góndola o en coche, pues a causa de mi enfermedad pulmonar ya no puedo andar. A.V.

 

Otoño le sonaba a “O” y la “o” le resonaba a hoja, amor, a orden, abrazo, a Baco, a ocre; también a emoción, a oro, a nota y a violonchelo. Además la estación del otoño siempre la asociaba a la vuelta a la normalidad. Comenzaban de nuevo los programas de conciertos de la Orquesta Sinfónica de la que era miembro, en el Palacio de la Música de la ciudad de Valencia y ese año iba a estrenarse como solista de violonchelo con nada más y nada menos que con las Cuatro Estaciones de su compositor predilecto, Antonio Vivaldi, aunque anímicamente dudaba que estuviera preparada para tan exigente reto. Su fan número uno, su madre, esperaba el día de su estreno como si no hubiera otro acontecimiento más importante en el mundo e ignoraba que su hija debía, en un par de semanas, someterse a quimioterapia tan pronto como la oncóloga tuviera los resultados de los análisis practicados.

Así que otoño también le resultaría sinónimo de quimio; se le caería su fuerte y precioso pelo castaño. A ella… que había sido siempre de la liga anti pelucas. Pero ya lo tenía todo meditado. Se compraría bonitos pañuelos de seda o turbantes de hilo fino que llevaría con toda la elegancia del mundo para ocultar la prominente calvicie. Para disimular la debilidad física en su rostro, ojeras e imperfecciones varias que dejarían las largas sesiones, se maquillaría la cara con la delicadeza de una pluma. Ya lo tenía todo o casi todo meditado; porque había algo que, a sabiendas, postergaba: cómo y cuándo decírselo a una madre que bebía los vientos por su hija, que siendo valenciana de pro, le había inculcado desde niña su amor por la música y cuya única ilusión era que llegara el día en que su ojito derecho, debutara como solista en un auditorio previsiblemente a rebosar. No llegaría nunca ese día triunfal de aplausos y vítores; en cambio sí los días de especial comunión entre madre e hija en contra de una enfermedad que ellas mismas habían decidido plantar cara. Vendrían días de abatimiento pero también jornadas de ilusión y de fortaleza y así, como en una espiral que parte de un punto céntrico, como si dibujáramos el trazado en forma de torbellino que deja una hoja recién caída, ella retornaría a la madre y la hoja a la tierra. Entonces el otoño le empezaría a significar también otras muchas cosas. Le sabría a “ñ” de niñez o a “t” de tertulia y de Antonio Vivaldi, que aunque no podría tocar, escucharía con tal empeño, devoción y ahínco. Mientras retornaban, empeñadas y tozudas las estaciones, ella seguiría luchando triunfalmente contra las inclemencias de su tiempo.

Usue mendaza

 

Otoño. Usue mendaza

VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 0.0/10 (0 votes cast)
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •