Soledad. Por Juan A Galisteo Luque

Lejos de la gran ciudad,
allá arriba, en la montaña,
hay una mustia cabaña
de miseria y de piedad.
Dentro de ella, junto al fuego,
un anciano murmurando;
su vida es muy desgraciada,
no quiere seguir penando.
La noche ha sido muy fría,
el viento fuerte y helado,
ha sacudido las hojas,
ha destrozado los prados,
y, las florecillas chicas
sin aliento se han quedado.
¡Silencio! nada se escucha,
con el aire ya calmado,
los olmos ya no suspiran,
y, el astro rey se ha asomado.
Rojo e inerte, sucumbe
del cielo grisáceo y pardo,
tiene una forma muy extraña,
además, mucho ha tardado
en salir esta mañana,
¿habrá misterio encerrado?
Nadie volvió a ese lugar
donde apartado vivía,
no sabemos, quién sería,
nunca le vimos llegar.
Sin embargo, allá en lo alto,
de la ermita más cercana,
una campana se oía,
por su alma repicaba.
Entre unas cosas y otras,
algo así se comentaba:
Había muerto de tristeza,
porque no tenía nada,
tan solo la compañía
de unas cenizas robadas,
por el viento de la noche
y el sol de la madrugada.
—–


Juan A Galisteo Luque
Blog del autor
Del poemario: Versos de luz y de sombras
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