el rojo

Rojo, de John Logan

 Rojo, de John Logan

 

     Místico, exuberante, sensible, intenso, frío, apasionado, egocéntrico, descomunal, enigmático, ensimismado. Tirano, egoísta, interesado, desnaturalizado, atormentado, déspota, desquiciado, insensato, voraz, misántropo. Todo cabe en al voluptuosidad de Mark Rothko y su obra. Rompedor del movimiento cubista, difamador del arte pop. Y, entre uno y otro, aquello que tildaron como algo que él no sentía: expresionismo abstracto. Pintor de veladuras superpuestas. Tonalidades cromáticas de un mismo color que, sin embargo, necesitan de la sensibilidad y la transformación de quien observa. «Mi pintura es un 90% pensamiento y un 10% ejecución», dijo. Su pintura es contemplación. Honda y mística. Filosófica e intensa. Pura y directa. «¿Qué ves?», le pregunta a su ayudante. «Sí, ¿qué ves? Y no me digas lo que todo el mundo. Tómate tu tiempo y contempla. Deja que la pintura entre dentro de ti. Y transformarla a tu manera. Hazla tuya», le repite, no en tono de súplica, sino de mandato. Todo en él es desmesurado: su propuesta artística, su visión del mundo del arte, su planteamiento ético ante su trabajo y la vida. Todo ello le produjo conflicto y desazón: consigo mismo y con los demás. En este camino de transformación que va del rojo al negro y en el que en esta obra, Rojo, hay espacio para el ajuste de cuentas: con su vida y el mundo, su origen y su familia, la universidad y el establishment del mundo del arte. Y, por supuesto, para poner los puntos sobre la íes a Pollock y su obra. A su adoración por Caravaggio: «Y en esa oscuridad nace la luz» nos recuerda cuando rememora su vista a la iglesia de Santa María del Popolo en Roma y contempla La conversión de San Pablo de Caravaggio. Y, por encima de todo, la importancia del rojo. La importancia del rojo y de la obra, Armonía en rojo, de Matisse, ante la que pasó muchas horas: ¿Qué ves? Ahí es donde se encuentra el verdadero secreto de su pintura: desentrañar el misterio que se esconde tras cada capa de color, en la división que supone y significa cada una de ellas, en la reinterpretación de aquello que antes no existía, salvo en su mente. El tabaco y, sobre todo el alcohol hicieron el resto. Y, así, la frialdad se convertía en pasión, la templanza en desmesura y el hecho de pintar en un todo inabarcable en el que solo encontraba sosiego en el texto, El origen de la tragedia, de Nietzsche.

     Rojo, de John Logan, es un brillante, intenso y aterrador texto que explora las diferentes capas o veladuras que existen en el mundo del arte, para nada simplista, como puedo parecernos a simple vista en el caso del expresionismo abstracto y, que además, proyecta con vehemencia un punto de vista único sobre lo qué es y cómo se vive y reinterpreta el mundo de la creación sobre la vida a través de la obra de un artista. Las aristas y la dura coraza que envuelven al ser humano se ven expuestas, en esta ocasión, en un perfecto equilibrio entre los excesos del artista y los temores del hombre, cuando éste abandona su estudio y deja olvidado en el suelo su pincel o su brocha de pintar. En este sentido, Juan Echanove está entregado a la causa, y da vida a un inigualable Rothko perdido en sus tinieblas y, que sin embargo, aún lucha por encontrar algo de luz en ese camino de transformación que le llevó del rojo al negro.

 

Ángel Silvelo Gabriel.

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Rojo, de John Logan.- Dirigida por Juan Echanove e interpretada junto a Ricardo Gómez en el Teatro Salón Cervantes de Alcalá de Henares (Madrid): El camino de transformación que va del rojo al negro. Por Ángel Silvelo, 10.0 out of 10 based on 1 rating
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