Ruido. Por Anita Noire

Ruido

Si el mundo ha de cambiar para mejor debe empezar con un cambio en la conciencia humana.
Václav Havel

 

Era cuestión de tiempo y llegó. Barcelona se ha convertido en centro del huracán y del terror. Y todos lo sabíamos, si queríamos saber, si decidimos no hacer oídos sordos a la amenaza en la que vivimos los países occidentales y engañarnos con el «buenismo» de la ciudad cosmopolita y de acogida que algunos creen que protege de algo. Y desde entonces, hasta hoy, el ruido mediático es espectacular. He leído de todo aunque he escuchado bastante menos, quizá porque el atentado me cogió en Holanda y, aunque la misma sombra se cierne sobre cualquiera que camine por sus calles, cuando lo negro llama en la puerta de al lado solo respiras y sigues; supongo que por eso nadie hablaba de ello. Desde entonces y ya de vuelta algo me remueve las tripas y creo que es ese ruido que embrutece y ensucia los oídos a base de las locuras y majaderías de algunos que son capaces de sacar rédito al miedo y al dolor de otros; el ruido de los que justifican lo injustificable y que nos provocan la arcada al resto; el ruido de la vida que se tambalea junto a la inseguridad de no saber qué puede pasar mañana. Pero mañana saldremos a la calle a caminar, a seguir viviendo con cierta normalidad porque nos lo debemos, porque se lo debemos a los muertos vengan de donde vengan, y porque la compasión por las víctimas y sus familias no debe quedar ahogada por el ruido de algunos que juegan a un repugnante ventajismo, ni por el del salvajismo asesino de otros que merecen menos que cero.

Ruido

 

Anita Noire

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