Salud democrática. Por Anita Noire

Salud democrática

Salud democrática

Que la sociedad se ha vuelto infantil e irresponsable es una afirmación que es difícil ser refutada. Estos días, mientras se celebra uno de los juicios más importantes que se ha dado a lo largo de la historia de España, esta idea va calando cada vez más hondo. Unos cuantos, muchos si se quiere, pensaron que sus actos obtusos y antidemocráticos, jaleados por otros que se creían por encima de la Ley, engañaron y medraron hasta causar, no solo la parálisis de toda una comunidad, sino la quiebra de las relaciones personales y profesionales de gran parte de los habitantes de esa parte del país. Ha quedado en evidencia que aquellos políticos, hoy sentados en el banquillo, actuaron sin escrúpulo alguno aunque aun hoy llenan sus discursos y declaraciones de “voluntad del pueblo”, “democracia”, cuando en realidad se encuentran a  años luz de una concepción democrática de la sociedad y de la política. Escucharles declarar estos días, escuchar a los testigos, que van compareciendo para explicar cómo se desarrollaron los hechos que mantuvieron en vilo a la sociedad catalana durante los últimos meses del año 2017, resulta estremecedor. Aquellos que tenían que velar por la convivencia, trabajar por el bienestar de todos sus conciudadanos se abonaron a un actuar totalitario que pretendía, y a un hoy pretende, anular a más de la otra mitad de ciudadanos de Cataluña y al resto de gente de este país, mediante la imposición de una voluntad política que no se sostiene en mayoría alguna. Se pueden tener ideas profundamente nacionalistas, separatistas incluso, aunque a muchos no nos gusten por el componente excluyente, xenófobo,totalitario y poco solidario que tiene la ideología nacionalista. Uno, incluso conociendo el desastre que para Europa conllevó la aplicación de postulados nacionalistas, se puede un colocar al lado de esa concepción social tan retrograda. Pero lo que no se puede es intentar imponerla a nadie fuera de las vías legalmente establecidas. Toda actuación conlleva una responsabilidad y, de momento, una de ellas, es sentarse ante un Tribunal para que se depuren las responsabilidades y, en su caso y si pertoca, se castiguen los comportamientos que quebraron el Estado de Derecho y han abocado al abismo a toda una sociedad. No es plato de gusto para nadie, ni siquiera para los que no compartimos en absoluto la ideología nacionalista, pero es necesario por salud democrática. La historia no será benevolente con aquellos que actúan con verdadero desprecio a la libertad, a la igualdad y contra el Estado de Derecho.

 

Anita Noire

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