tregua dulce

Tregua dulce

 

“Debemos estar dispuestos a librarnos de la vida que hemos planeado para poder disfrutar de la vida que nos está esperando.”
Joseph Campbell

    Si hace tan solo un par de años me hubieran contado las pequeñas cosas que ahora me permito, no lo hubiera creído ni por asomo.

    Que iba a disfrutar de nuevo de un paseo, o una brisa dulce mientras me atuso el pelo, de arreglar con mimo mi patio con plantas verdes y diversas, llenas de color  que además me  brindan nuevas flores cada día como un testimonio deslumbrante de que la vida surge y se renueva a cada palmo; o que me pusiera a indagar  para hacer jabón casero, patatas a la importancia, bizcocho de naranja y otras lindezas culinarias… no sólo no lo hubiera creído, hubiera cerrado los ojos a plomo con ese cansancio enclenque  y desesperanzado que desprecia cualquier iniciativa.

    A veces, la vida nos zarandea sin compasión, nos propina golpes inesperados hasta hacernos desistir de cualquier empeño. Convierte cada día en una repetición angustiosa del anterior y así uno, dos y más de mil… y el hastío nos envuelve sin ser capaces de atisbar salida ni por el rabillo del ojo que aún queda entreabierto buscando un rayito de luz.

    Pero llega un día, no sabes bien a que se debe, que algo empieza a importarte, y descubres que el sol alumbra por la mañana aquella parte de la casa donde nunca estás y vas allí a desayunar, y que la terraza de atrás es un vendaval al atardecer antes de que se oculte el sol, y vas allí a secarte el pelo después de la ducha. Y que, en esa planta arrumbada en la terraza, han empezado a brotar flores rojas, grandes y llamativas para que no puedas pasar de largo. Y que siempre tienes una mano amiga que te vigila, te cuida y te quiere, en silencio, sin hacerse notar… pero ese día lo notas y lo comprendes todo… de repente y con los ojos bien abiertos.

    Es una tregua dulce que te permite respirar hondo de nuevo, ponerte derecha y alzar la vista.

    Es sólo una tregua, cierto, un espejismo y pura gloria en ese desierto anímico. Quizá ese desierto vuelva para recordarte que nada es para siempre y que en la onda que vivimos, la zona alta y la zona baja es un continuo, y aunque ahora estés arriba mañana sólo Dios dirá.

Pero ahora sé con más certeza, que, tras caer, vendrá una tregua y será una tregua dulce, diferente quizá, pero vendrá a redimirme.

Podré esperar.

tregua dulce

Luisa Nuñez

 

 

Luisa Núñez

CEO del Portal Canal Literatura
Especialista Universitario en Sistemas Interactivos de Comunicación

 


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