Y los dos son gordos. Por Julio Cob Tortajada

No siempre se levanta uno igual. Esta mañana, al despertarme, he preferido quedarme un rato en la cama. Simplemente porque me dolía la cabeza y sentía un leve agarrotamiento en la nuca. Me sucede de vez en cuando; cosas de la edad que prefiero imaginar. El caso es que he permanecido en la cama en mi posición natural: es decir, estirado, boca al techo y con los brazos extendidos, formando una uve. Mi cabeza pues, forma el vértice de un ángulo agudo inmerso en la duda de qué será lo que motiva tan ligero dolor.

Poco después he optado por hacer un poco de ejercicio, pero del que se podría denominar de los vagos; esto es, tumbado en mi cama. Un estiramiento de brazos al aire, un ligero masajeo de mi cabeza, un mover las piernas y suaves estiramientos del cuerpo que todo en su conjunto iba a contribuir para despejarme del todo. Eso creía.

Y con tanto vaivén, pues la almohada que se ladea, la sábana que se desliza hacia uno de sus lados, el edredón que se arruga, lo que da como resultado que sienta en mis pies desnudos ese frescor de la mañana que mi ropa de abrigo evita.

Y allí los tengo, mis pies, con sus dedos al aire indicando el techo. ¿Estarán atentos a mis preguntas como me ha sucedido en otras ocasiones, sobre todo los gordos y en especial el del izquierdo?

Los dedos de los pies no tienen la misma nominación que los de las manos. Ya saben: meñique, anular, etc. Aquellos no tienen nombres definidos, según creo. Y destacan entre todos los gordos, como no puede ser de otra manera. Los demás son insignificantes, como si no existieran, pues la utilidad que nos ofrecen se reduce a su estética. Quedaría algo fea esa punta de la extremidad inferior con un solo dedo; en cambio con los cinco, queda más apañada.

El caso es que observando ambos pies, veo que en el derecho, el dedo gordo está a la izquierda y en el de al lado, en mi pie izquierdo, el dedo gordo está a la derecha.

Es decir, un dedo gordo de derechas y el otro de izquierdas. Y ambos gordos. Y con claridad, ambos juntos y en el centro de todos. Me pregunto, porqué no serán todos más o menos o iguales, sin tanta desigualdad entre unos y otros. Y aquello de que el pez gordo se come al chico viene a mi mente imaginando que sea esa la razón en su crecimiento de los primeros años, en los que la naturaleza está presente. Y como siempre sucede, el pequeño lleva las de perder.

Como verán, hoy no es el dedo gordo del pie izquierdo el que da respuesta a mis preguntas despejando mis dudas, pues siempre que se las hice, me ayudaron hacia la luz de mis vacilaciones.

Hoy no ha sido así; simplemente he observado que es el gordo quien se come al chico, sea el de la derecha, sea el de la izquierda. Y ambos en el centro.

El caso es que visto lo visto, me he decidido por quedarme un rato más en la cama; como sintiéndome más seguro.

Julio Cob Tortajada 

Colaborador de esta Web en la sección “Mi Bloc de notas”
http://elblocdejota.blogspot.com
Valencia en Blanco y Negro- Blog

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