abriendo puertas

 “…Y vamos abriendo puertas”

     Me gustan las canciones de Gloria Stefan, algunas más que otras, pero me gustan todas. Parece como si tuviera una específica para cada uno de mis estados de ánimo. Ahora mismo, por ejemplo, llegados a final de año, casi sin darme cuenta, me encuentro cantando una de ellas: “Como después de la noche brilla una nueva mañana./ Como después de la lluvia llega de nuevo la calma/ el año nuevo te espera con alegrías en el alma./ Y vamos abriendo puertas y vamos cerrando heridas,/ porque en el año que llega vamos a vivir la vida./ Pasito a paso en la senda vamos a hallar la salida…” La música ya en sí “salsona” conforta casi sin escuchar la letra, pero si me fijo en la letra me animo más todavía. A veces se me olvida que hasta “el viaje más largo comienza con un solo paso” y que me recuerden que pasito a pasito voy a encontrar la salida a mis problemas… pues, bueno, parece que enciende una luz de esperanza mientras voy abriendo puertas, en este caso de armarios, para ver cómo se apretujan los vestidos que año tras año compré para celebrar la Nochevieja. Me da frío solo de mirarlos. Este año me he comprado un pijama mono de franela sobre el que va pintado un escultural cuerpo con un sugerente picardías para asistir al fiestorro de fin de año y comerme las uvas bajo el reloj de una de las iglesias de mi pueblo. La ventaja es mayor porque lleva incorporados, también pintados por supuesto, unos zapatazos con tacón de vértigo que me van a permitir ir, por dentro del mono, con calcetines y en pantuflas de casa, tan ricamente. Es verdad que tiene un fallo: la pintura solo va por delante y por detrás no deja de ser un pijamón de la leche, pero, si “la” Jessica Parker se puede pasear una ciudad como Nueva York con un pijama de seda negra enseñando el sujetador, ante las atónitas miradas de los transeúntes… ¿por qué no voy a poder yo hacer lo mismo? Aunque el pijama sea de franela en lugar de seda. Igual algo así es el empujoncito que me falta para terminar de ser famosilla. Aquí, parece ser que no se valora tanto la investigación, el éxito profesional currado a base de muchos fracasos, la literatura, la cultura del esfuerzo… etc, etc. como se valora un buen escándalo. Aunque, por otro lado… escándalo, escándalo… lo que se dice escándalo tampoco sería mucho, en todo caso quedaría en algo chocante. Pero, aquí, entre ustedes y yo ¿cuántas veces se han negado un caprichito un tanto loco o estrambótico sólo por guardar las apariencias? Y seguro que, como yo, nunca se han preguntado qué pasaría si pasaran de comentarios, de normas, de vergüenzas ajenas y realizaran aquello que les viene en gana y reprimen por convencionalismos. Y… si ahora nos dijeran que ésta es nuestra última Nochevieja… ¿seguiríamos haciendo las mismas cosas de siempre igualmente?

    La canción de Gloria dice que “vamos abriendo puertas” y entrar en un año nuevo, por mucho que todo siga siendo lo mismo, no deja de ser abrir una puerta hacia lo desconocido, aunque esa realidad nos ocurra cada día cuando abrimos la puerta de nuestra casa para salir al mundo.

    Lo de ir también cerrando heridas, ya es más complicado, quizá porque las heridas no siempre se cierran cuando queremos sino cuando el misericordioso tiempo nos lo regala, y también verdad que, a veces, es que no queremos cerrarlas, nos gusta abrirlas cada día, arrancarles esa pequeña costra que hace el tiempo y refocilarnos en las sangre y en el dolor para poder seguir echándoselo en cara a quienes nos las infligieron. De todas formas no está mal que a través de una canción, y más a ritmo de salsa, se nos recuerde que después de cada noche, por oscura que sea, siempre viene una nueva mañana; que después de cada tormenta, por mucho que arrase, vuelve el arco iris y la calma.

    Aunque… tampoco está mal, quizá para que aprovechemos mejor nuestro tiempo, que se nos recuerde que la Nochevieja se viene y se va y que nosotros nos iremos y no volveremos más.

    Entretanto vayamos abriendo puertas, y bailando porque bailar es uno de los mejores atajos para llegar a la felicidad. Y ya… iremos viendo la fórmula de abrir esa puerta.

abriendo puertas

Ana Mª Tomás

Blog de la autora

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