Sencillez. Por Francisco Pérez Fernández

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 (Recitado por Clips)

 

Poetas y rapsodas,

dejad tallar sus joyas al orfebre,

dejad tranquilos astros y cometas.

¡Al barro, al barro, siempre!

Mirad el tronco centenario del olivo,

cómo en acuíferos ocultos bebe,

rugoso y agrietado,

el óleo que será mañana aceite.

No inventéis los colores,

que en la naturaleza resplandecen.

.

El rosa de la rosa,

el blanco de la nieve,

el rojo de la sangre,

el negro, en las entrañas de la muerte;

no creéis sensaciones

que al mundo el Creador donó con creces;

tesón el de las piedras,

calor el de la fiebre,

silencio el de las tumbas,

rumor no hay más locuaz que el de las fuentes;

liviandad la del pájaro,

fluidez la de los peces,

dolor más verdadero el de la madre

si un hijo se le muere;

el temblor en los juncos,

la astucia en las serpientes,

lujuria, la que exhalan los cerezos

cuando en abril florecen;

pureza la del lirio

ternura cuando un hombre a un niño mece…

.

En su fervor piadoso por los hombres,

¿quién puede superar a los cipreses,

cuyas raíces besan sus cerebros

haciéndoles cosquillas en las sienes?

 

I Certamen Poemas sin Rostro 2005

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