Tragedia cotidiana. Por Atonio Jerez Expósito

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(Recitado por Gatanegra)

 

Cuando el invierno muerde la palabra,

al poeta le queda soportar

un testamento de papeles rotos

en la costura que el poema exhibe

a modo de misiva infranqueable.

 

Un barro dolorido en el costado,

el color de un espejo, soledad

para asumir la ausencia de si mismo,

algunas madrugadas homicidas

para matar los versos insolentes.

 

Al poeta le queda un gesto grave

con el que asir el canto moribundo

allí donde la voz y la certeza

masturban la derrota del silencio.

 

Una zozobra de cartón que exige

el naufragio de sílabas y acentos,

para morir después en las alcobas

del aire tibio que el papel exhala.

 

Al poeta le queda degustar

el temblor en las manos y gargantas,

cuando su verso habite ya desnudo

mostrando la tragedia cotidiana.

 

El poeta es un muerto de  papel

torpe e irreverente, mera anécdota.

Tan sólo la poesía permanece

inmutable en las altas azoteas

donde el hombre murmulla su existencia.

 

III Certamen Poemas sin Rostro 2007

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