Un testigo fugaz y disfrazado. Por Silvia Dioverti

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 (Recitado por Manndy)

 

Así voy convocada, sin remedio,
hasta alcanzar mi sombra de extranjera en la niebla.

“Repetición del sueño”
Olga Orozco

¿Qué padre de vosotros si su hijo le pide pan, le dará una piedra?
San Lucas 11.11

No me has dado ninguna señal o al menos me has privado de discernimiento.

La bienaventurada que “encuentra todos los días cartas de Dios en la calle” no soy yo.

Toda la vida no has sido más que elucubraciones, mi deseo obstinado de que seas.

 

He cascado mis dientes, hecho trizas mis entrañas,

contra toda evidencia me he dicho que es pan esto que sangra mis encías.

Día a día, hora a hora, he roído las piedras que me arrojas

y procurando amarte he puesto mi corazón en el altar del sacrificio.

 

En las horas de desarraigo he vuelto todo puñal contra mí

y mi ignorancia la he usado a tu favor.

 

Sin acusarte nunca de sordera he gritado hasta quedar afónica

y una vez más, solícita, me he dicho que soy yo quien no escucha.

 

Inaudible es para Ti mi voz, jerigonza de un alma en duermevela

golpeando a la puerta cerrada de tu Casa.

 

Cautelosa ya hacia el final, con los nudillos rotos

he aprendido a no pedirte nada

no sea que ignorando el cómo hacerlo

sea aún más dura la piedra que me arrojas.

 

Te he pedido creer y he comprobado que eliges minucioso a tus amantes.

 

Ahora viene la muerte y estoy sola, y ni siquiera en ella habrá reposo.

Apenas una tregua entre dos sueños

una tregua todavía peor

en la que más valdría estar viva.

 

Me has dado a apacentar un rebaño de lobos.

El truhán tiene más paz que yo.

 

¿De qué promesa hablas?

¿Con cuál reposo engañas?

 

Te he buscado en el envés de los espejos

en donde sólo hallé las huellas de mí misma.

 

Crucificada de la duda a la duda

sin comprender jamás cómo fue que pedí abandonar la nada

me he levantado al fin contra Ti.

Soy yo quien pide cuentas.

 

En el intervalo entre dos olvidos me detendré un instante a preguntarte

y me condenará tu celo por hacerlo,  mi osadía será usada en mi contra.

Estoy cansada de seguir tu juego.

No has dado otra respuesta que mis dudas

ni más consuelo que el absurdo donde no importa, al fin, a qué jugamos

siempre pierdo.

 

Toda la vida me has mirado de soslayo.

¿Qué crimen cometí, qué blasfemias dije?

¿Seré acaso peor que el centurión

aquél pobre infeliz que traspasó de lanza Su costado?

¿Qué la higuera sin frutos?

¿Qué el árbol que se prestó a Madero?

 

Por todo esto que digo ¿me borrará tu diestra con el dorso?

¿Me negarás para siempre reposo?

¡Acaso sea ya demasiada piedad que me devuelvas a la nada!

 

Has querido que esté aquí donde nada comprendo

entre jirones de niebla

tanteando el espacio infinito de tu ausencia

amurallada al dolor desde el primer vagido

tan huérfana como si hubiera nacido de mí misma.

 

Entonces ya no tomo la piedra por pan

ni clamo que me permitas amarte

ni me empeño en congraciarme contigo

ni tengo otra cosa que este miedo, este vacío

la aceptación amarga de saber que no era para mí tu puerta

y sin saber siquiera por qué la puerta, por qué yo.

 

Supremo absurdo de haberme dado apenas la conciencia

de que tu Reino no es para mí.

 

III Certamen Poemas sin Rostro 2007

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