Aunque vivió, casi siempre, como periodista y guionista de cine (trabajando para John Huston y para su amigo Losey) Guillermo Cabrera Infante será ya siempre uno de los iniciadores y de los grandes novelistas de aquel tan cierto como cacareado boom de la narrativa hispanoamericana, especialmente tras la publicación de ‘Tres tristes tigres’, que obtuvo en 1967 el premio Biblioteca Breve.

Ingenioso, brillante y mágico prosista, sus siguientes libros confirmarían -lentamente- ese esplendor literario y lingüístico. Desde ‘Vista del amanecer en el Trópico’ (1960) hasta ‘Mea Cuba’ o ‘Ella cantaba boleros’, de 1996, su último libro de ficción. En 1997 recibió el Premio Cervantes. Contradictorio, incisivo, cultísimo, fue y es uno de los grandes en nuestra lengua. Todo un estilo.
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