Por qué escribimos. El pulso de la desmesura. Por Amelia Pérez de Villar

Amelia Pérez de Villar 2014

Por qué escribimos. El pulso de la desmesura

 Difícil entenderlo para quien no lo hace. Difícil explicarlo para quien escribir es como respirar. Si nos hacemos esa pregunta frente a frente y somos honestos, las respuestas pueden ser variadas, pero veremos también cómo se repiten muchas. No sabemos vivir sin escribir, algunos lo hemos hecho desde siempre, otros lo han descubierto como pasión tardía, no por ello menos vivida. Yo sonrío al escribir esto que me pide Luisa Núñez, el alma mater de Canal Literatura, el hub de ese pequeño gran club de locos unidos por la pluma y la palabra.

 No hace mucho conversaba con ella por teléfono y me contaba lo orgullosa que estaba de lo que habíamos crecido, «cuántos de vosotros habéis publicado después de vuestro paso por aquí». Cómo no, Luisa, si el Canal ha sido, para muchos de nosotros, abrigo y acicate.

 Amelia Pérez de Villar HerranzLo fue para mí. Quedé tercera en un concurso de relatos de un año ya lejanísimo. Había escrito una novela, y había sido finalista de otros tantos concursos. Aplicando aquel refrán de mi abuelo, «algo tendrá el agua cuando la bendicen», pensé que un tercer premio me daba, como poco, categoría de aspirante a escritora.

 Y seguí escribiendo. Por razones que no vienen al caso, porque son tristes y no son de aquí, escribí pocos relatos más, aunque seguí enviando a concursos y publicando los que tenía. Dejé mi trabajo porque no podía compatibilizarlo con el cuidado de mis hijos, y decidí dedicarme de lleno a la traducción y, de paso, seguir escribiendo. Dicen los ingleses que no hay nube que llegue sin un forro de plata. Me quedé sin trabajo de traducción también, aunque parecía que por mí se interesaban algunas editoriales… Entre tanto, en la habitación de al lado de la cocina, inventé a Lola y conté su historia. Si la primera novela no había llegado lejos y yo no podía hacer nada más, ¿por qué no escribir otra?

 Corrió la misma suerte. Llegó un momento en que me pareció que la inversión era ya exagerada, en comparación con el resultado. Decidí olvidarme para no hacerme amelia-perez-de-villar-2013más daño. La traducción, ya os lo he contado más veces, suplía casi todo: me permitía jugar con el lenguaje, me daba la oportunidad de crear, me sentía casi autora. Mi reputación me llevó a publicar un ensayo que supuso mucho más: ahora era autora con todas las de la ley. Con vosotros lo presenté y compartí la experiencia. Me sentía plena. Me había olvidado del plan inicial de ser novelista.

 Creo que uno se hace mayor cuando es capaz de soltar todo lo que le ata y le impide seguir. No tenía sentido olvidarme de todo lo que había logrado sólo porque no había conseguido publicar una novela. Y no lo hice. He disfrutado todos y cada uno de los momentos literarios vividos al hilo de mi profesión y llegué a no echar en falta aquello. La pregunta, las preguntas, eran siempre: «¿No vas a seguir intentándolo?», «¿No vas a escribir otra, a ver si tienes más suerte?». No. No quería, no tenía ganas, no era el momento. No tenía nada que decir. Cuando os veía a vosotros, compañeros del Canal, escribiendo y publicando infatigables, me producíais una envidia sana de esa que dicen que no, pero que existe. Cómo me hubiera gustado ser como vosotros. Pero para mí había llegado el momento de parar. Había creado a Lola y había imaginado y escrito su mundo en papel, y me parecía que ya nunca podría hacer nada más, nada mejor. Lo bueno del caso era que no me preocupaba.

 Hace pocos meses me llegó por fin la soñada oferta editorial. Sentí felicidad, y después pánico. Casi no me acordaba de Lola, de su historia. De cómo la había concebido. De cómo le había dado forma. Fue llegando todo poco a poco, al contrario que ella, que salió de borbotón. Me vi de súbito al final de un largo camino andado, vivido, sufrido y disfrutado, y me sentí tan sola como ella: como si fuera el último ser humano de la Tierra. Eso justamente era lo que yo había querido contar: la soledad y el abandono, no la historia de una mujer a la que le sucede esto o aquello. Construí la novela en torno a un agujero, y apuntalé el vacío con una serie de herramientas que, a mí me parecía, el lector sabría interpretar. No quería caer en los tópicos, no quería describir a una mujer de esas que todas somos un poco. No quería describir su casa ni su aspecto. No quería que se oyera la voz de su marido. No quería idas y venidas, escenarios diversos, personajes sin fin pululando por la historia de otro. Quería una historia universal, casi sin nombres, sin color, sin texturas. Acabé tejiéndola con una especie de hilo invisible que tomaba, como los objetos iridiscentes, un color u otro según la luz. Escribí la historia que quería escribir, casi sin tiempo, con poca ayuda, con esperanza. Pero el proceso se detuvo.

El pulso de la desmesura

 Y ahora, de pronto, llega todo. Con un título distinto al del principio, como si hubiéramos tenido que cambiarle el vestido para que luciera más hermosa en su estreno. Y estreno yo también una sensación nueva: una felicidad desconocida, inesperada tras la rendición. Amigos de Canal Literatura, Lola B. es también vuestra Lola, porque, como dice Luisa, hemos crecido juntos. Y yo espero que os guste.

Amelia Pérez de Villar

Fórcola Ediciones

Entrevista a la autora

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Reseña del libro


Amelia Pérez de Villar«Amelia Pérez de Villar
, filóloga y ensayista, traductora prolífica de autores como Edith Wharton, Robert Louis StevensonGabriele D’Annunzio o Dino Buzzati, ha puesto en su primera novela ese ímpetu apasionante en el que el ritmo narrativo hace posible una lectura imparable gracias a Lola, el personaje motor del monólogo intenso de la historia de este libro, una mujer atribulada y sumida en la desesperación. Su vida rota hace que se sienta desahuciada y viene precedida por ese sentimiento de mujer desprotegida a causa del desamor y de las desatenciones de su marido. Su vacío interior ha distorsionado irremisiblemente su relación con la realidad en la que vive y con quienes la rodean. Incapaz de sobreponerse a la adversidad de lo que le acontece y al desinterés del hombre ausente que convive con ella, trata de proyectarle la identidad que por sí misma ya no tiene.»


 

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