traición

Alta traición con alevosía

Está llegando la época en que la honorabilidad es la excepción y la traición es la norma.
Mario Vargas Llosa

 

Hace tiempo que hemos dejado de llamar a las cosas por su nombre, desvirtuando el significado de las palabras, diluyendo su importancia como código de entendimiento e inventando significados a conveniencia de forma maliciosa con el único fin de confundir e interceptar una comunicación clara y eficaz.

Al repetido «no nos entienden» desde el separatismo catalán, hay algunas respuestas. Si quieres ser entendido, procura expresarte en una lengua que conoce medio mundo y todos aquellos que te escuchan, en este caso el español. Hay suficientes palabras, sinónimos y riqueza idiomática para explicar claramente una postura, sus argumentos y peculiaridades desde el punto de vista tanto técnico como emocional. Para el otro medio mundo basta con el inglés.

Todo puede explicarse y entenderse siempre y cuando se hable desde la verdad, la razón del convencimiento propio. Pero entender, no significa en ningún caso estar de acuerdo con el planteamiento expuesto. Y, sobre todo, solo se puede comprender aquello que concuerda y mantiene una coherencia entre lo dicho y lo hecho. Una vez entendido, existe la posibilidad de que esa posición pueda ser compartida por otros o no. El desacuerdo con el separatismo, a lo que parece, es la opción de la mitad  del pueblo catalán que se considera también español, y por esa razón sometido y despojado de sus derechos elementales, hechos  por lo que piden ayuda al resto de Españoles.

¿Pero qué ocurre cuando lo que se hace o se quiere hacer no se puede explicar?… Cuando lo que se dice no responde a la verdad y se miente a conciencia de forma pertinaz. Cuando no responde a ningún convencimiento propio sino a un interés bastardo y engañoso y por tanto trata de sustentarse en el estímulo al más abyecto instinto violento y visceral: el odio. ¿Cómo se explica tanta falacia a quien intenta entender con un mínimo de honestidad emotiva o racional?. No se puede explicar lo que desmienten los hechos, así de sencillo, tan sólo apabullar con más mentira, últimamente llamado «el relato», que ya va pareciendo más un cuento chino, o una ridícula comedia y mucho victimismo impostado al estilo «Tira la piedra y esconde la mano».

Una cosa es pensar lo que se quiera -libertad de pensamiento- y decir lo que se estime oportuno -libertad de expresión- y otra muy diferente  es actuar  en contra o fuera de la ley, a eso se le  llama delito.

Alta traición

 Pero aun así, está claro que muchos entendemos lo que pasa, hasta el más ignorante hombre de bien, puede darse cuenta, porque los actos bochornosos que estamos viendo últimamente hablan siempre con meridiana claridad muy por encima de falsas explicaciones.

 Para que quede claro, estamos hablando de ALTA TRAICIÓN. Es decir, violación de la fidelidad o lealtad prometida y traición cometida contra la soberanía o contra el honor, la seguridad y la independencia del Estado –que somos todos-, preparada desde hace muchos años y perpetrada con ALEVOSÍA, es decir, cautela para asegurar la comisión de un delito contra las personas, sin riesgo para el delincuente. Generando un estado social tenso (que está en tensión física, moral o espiritual) y en muchos casos llegando a ser violento. Para más desdoro en este asunto, todo sufragado con dinero público que aportan todos los ciudadanos, tanto los que están de acuerdo con el propósito como los que no lo aceptan de ningún modo. Todas estas circunstancias son una agravante de la responsabilidad de quien traiciona. Muy difícil de explicar en cualquier idioma, cierto, pero no de entender.

El gobierno de la nación, que ha sido votado en las cortes nacionales con apoyo mayoritario, no sólo está legitimado para defenderse de los traidores con toda la fuerza del estado de derecho, pues nos defiende a todos por igual, sino que está obligado hacerlo sin importar el coste electoral que eso suponga al partido que lo sustenta. En este caso el partido popular, pero bien pudiera haber sido el PSOE (como en el caso de la militarización de los controladores aéreos) o de cualquier otro partido, e incluso de una coalición.

Estamos desde hace muchos años aceptando la deslealtad con demasiada ductilidad,en todos los ámbitos sociales, incluso admitiendo jactarse públicamente de la fechoría al traidor y riendo la gracia al perverso. Aceptamos la traición personal, docente, amistosa, laboral, amorosa, económica, comercial, familiar y política con resignación, evitando el conflicto, dejando mangonear a los matones de turno sin que haya jamás consecuencia alguna.

Eso se tiene que terminar. En la inacción por parte del estado como institución, pero también de forma individual por parte de cada uno de los ciudadanos que lo componemos. Porque sin un mínimo de responsabilidad leal a lo que uno se compromete, no hay posibilidad de confianza ni de orden y concierto y, por tanto, no puede haber respeto mutuo, ni diálogo, ni consenso, convivencia o crecimiento, ni futuro en paz.

Empecemos por hablar claro en primer lugar, y después por aplicarnos el cuento de todo lo que exigimos a los demás; a lo mejor conseguimos mayor entendimiento. Y no olvidemos nunca cuidar las palabras y su significado porque ellas nos ayudan a formar un concepto mental preciso de una idea o realidad  y a transmitirla con precisión.

Hoy, desde la más profunda tristeza, apoyo una España unida y la constitución que la rige, digna consecuencia de la concordia y el sufrimiento orgulloso de las generaciones que la hicimos posible. Que los que vengan, demuestren que pueden hacerlo mejor, con diálogo honesto y, sobre todo, en paz.

Nadie debería pagar traidores.

Luisa Núñez

Luisa Núñez

Octubre 2017

CEO del Portal Canal Literatura
Especialista Universitario en Sistemas Interactivos de Comunicación

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