Amelia Pérez de Villar. Directora del departamento de traducción de Canal Literatura.

Amelia Pérez de Villar

Conocimos a Amelia Pérez de Villar en la entrega de premios del año 2007 cuando acudió como finalista y recogió el tercer premio de narrativa de manos de la escritora Carmen Posadas. Desde entonces nos hemos mantenido en contacto siguiendo sus pasos en el mundo de la traducción en el que desarrolla su actividad profesional. En la entrega de premios del año pasado 2013, justo hoy hace un año, nos acompañó en la presentación conjunta de libros con otros autores, “Cóctel de libros,” a la que acudió con el libro recién publicado”Dickens enamorado“.

Por su excelente cualificación y dedicación profesional, a partir de ahora dirigirá los servicios de traducción que ofrece Canal Literatura. Por estos motivos os dejamos una entrevista personal con ella para que todos podáis conocerla mejor.

Biografía

Licenciada en Filología Inglesa por la Universidad Complutense de Madrid y traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado traducciones para Editorial Valdemar (La nave de Ishtar, de Abraham Merritt, en 1991); 451 Editores (Sound Bites, de Alex Kapranos, en 2007); Editorial Experimenta (La estrategia del colibrí, de Francesco Morace, en 2008); Páginas de Espuma (Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom, en 2010, Escribir ficción, en 2011, y Criticar ficción, en 2012, de Edith Wharton; Novelistas de Henry James en 2012 y Escribir. Ensayos sobre literatura de R. L. Stevenson en 2013).

En septiembre de 2011 debuté como autora de la edición completa (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d’Annunzio para Fórcola Ediciones, que en 2013 publicó, del mismo autor, Crónicas romanas. También en 2013 publiqué las traducciones de Las siestas de Polly, de Peter Newell, y Las muchachas de Sanfrediano, de Vasco Pratolini, y Ojalá estuvieras aquí, de Graham Swift, para Galaxia Gutenberg. Además del ensayo biográfico Dickens enamorado, publicado por Fórcola Ediciones con motivo del 200 Aniversario el escritor inglés, he publicado diversos artículos en antologías sobre traducción (“Pescar el múrice. Mi reino sí es de este mundo”, Hijos de Babel, Fórcola 2013), prensa en papel y digital, que versaban sobre el tema de la traducción y la edición, y he impartido conferencias y cursos de traducción y redacción, y ejerzo desde 1988 como traductora free-lance para diversas agencias de Madrid y empresas de todo tipo, vinculadas fundamentalmente al ámbito financiero, jurídico, informático o técnico, que fue originalmente mi área de especialización.

Entrevista

 

  • Pregunta obligada. Podría decirnos, según usted, ¿qué significa el término literatura? 

No voy a aburrir a los lectores con etimologías y gramáticas. El significado está en el diccionario. El significado subjetivo, para mí, es enorme: es mi ocio y mi negocio, mi imaginario, mi mundo, mi aspiración. El mundo de las lenguas y de las letras, de las palabras, de la expresión escrita. Se han creado tantos universos sólo con la palabra…

  • ¿Quién es Amelia Pérez de Villar? 

Me haces una pregunta como la de la oruga de Alicia en el País de las Maravillas. Algunos días no lo sé ni yo. Casi todos los días, una persona en la flor de la vida que tiene que seguir peleando: trabajando, aprendiendo. Lo digo así porque, dedicándome a lo que me dedico, para algunos seré un vejestorio, para otros una criaturita: todo es relativo. Licenciada en Filología Inglesa porque no me gustaba nada que fuera español y me encantaba todo lo “anglo” (sobre todo los Beatles, de los que tuve noticia con seis años de edad. Soy fan desde entonces. Me gustaban sus canciones, no sólo la música o el ritmo: me gustaba como sonaba la letra cantada por ellos, dijeran lo que dijeran). Traductora por cabezonería, copiloto por romanticismo, ama de llaves por necesidad y madre a tiempo completo. Una persona que aún tiene curiosidad y ganas de aprender.

  • ¿Qué relación tiene con Internet? 

Sanísima. Como un fumador o un bebedor moderado. Me muero si se cae la Wi-Fi de casa, pero no si no la tengo cuando viajo. Puedo actualizar el estado de Facebook diez veces en un día o pasar diez días sin abrirlo. Para la vida cotidiana me parece una herramienta indispensable: gestiones bancarias, comunicaciones, consultas, reservas de viajes, hoteles, compras… Me encanta no tener que ir al banco. Sin embargo, no compro ropa ni libros por internet más que en contadas ocasiones. Y jamás hago la compra del súper por internet. Con el trabajo que tengo, si no salgo a eso… apaga y vámonos. Y para traducir es vital: hay que consultar muchísimo, y fuentes de muy diversa índole: pocos se imaginan cuánto. Internet nos permite llegar a la corrección o a la seguridad sobre un dato en el 99% de los casos.

  • ¿Cómo conoció el portal Canal Literatura? 

Buscaba concursos de relatos donde encajara alguno de los que tenía escritos.

  • ¿Cómo se inició en la traducción? 

Amelia Pérez de Villar

Inconscientemente… creo que coincidió con lo de los Beatles, a los seis o siete años. Mi madre era modista y tenía unos “figurines”, se llamaban, con modelos que enseñaba a las clientas para que eligieran. Estaban en italiano, pero traían un cuadernillo cosido en el centro donde venía la traducción. Ella me enseñó a buscar en el cuadernillo el texto correspondiente al modelo que quería confeccionar, y yo comparaba los textos con los originales. Lo primero que aprendí a leer en una lengua extranjera fue “Nella pagina accanto”, en italiano, que significa “En la página de al lado”, “En la otra página”. Pero aprendí más cosas: a buscar en los diccionarios, a obtener información, a contrastar dos lenguas, a ver cómo se llamaban las cosas en otro idioma, cosas cuyo nombre ignoraba en castellano. Eso fue lo que destapó la caja de Pandora. Ya me habían inoculado el veneno. Elegí Filología Inglesa porque era la carrera que me permitiría leer, escribir y estudiar en otra lengua, “mi lengua madre-adoptiva”. Ahí era donde quería moverme. Luego, conscientemente: terminada la carrera, terminado un curso de traducción práctica y con dos o tres títulos bajo el brazo, empecé a dar la brasa a don Antonio Carrillo, que falleció hace ahora un año. Iba todas las semanas a su agencia de traducciones a ver si tenía algo que darme y se convencía de que yo podía hacerlo muy bien. Al fin, un jueves, me dijo con su acento gaditano: “Tenga usted, señorita. Si está empeñada en pasarse el fin de semana traduciendo en lugar de salir a bailar con el novio es que tiene usted vocación”. Se lo tuve que entregar al lunes siguiente. Tuve que investigar muchísimo porque –era una receta de cocina– ponía “calentar el horno a 210 grados” y a mí me parecía que había un error (¡!). A partir de entonces, así es casi todos los meses: convence a alguien de que eres capaz de hacerlo bien, te dan el trabajo, te chafan el fin de semana, te pasas la mitad del tiempo traduciendo y la otra mitad investigando, y el lunes lo entregas y te quedas sin trabajo otra vez. Pero no tengo duda alguna de mi vocación, es cierto. 

  • La palabra “literatura” deriva de “littera” (letra escrita en latín), pero hay muchos códigos con los que se puede escribir, como las diferentes lenguas actuales, las antiguas y puede que alguno nuevo que nos depare el futuro. ¿Hay alguno que le apasione especialmente? 

Mmmm… no soy muy de ciencia ficción. No me interesa mucho el futuro, lo digo sin soberbia alguna: no tendré tiempo en esta vida de leer y aprender todo lo que quisiera del presente y del pasado como para preocuparme por el futuro. Otra cosa es que fuera inversionista… pero, en materia de lenguas y literatura, mi posición es esa. Disfruto especialmente con algunas, como el inglés y el italiano, aparte del castellano. Sólo soy capaz de escribir en inglés al mismo nivel que en castellano, y lo hago a menudo. Una de mis novelas la he escrito en castellano y en inglés, y es una experiencia increíble, porque es más una reescritura que una traducción (ya adelanto que no haría esto con todo lo que escribo, pero hay cosas que se prestan). Me gusta comparar la estructura gramatical de las lenguas que conozco: la sintaxis del italiano y la del francés, por ejemplo, tienen muchas coincidencias, y es similar al catalán, una lengua de la que me gustaría saber más aunque no me atrae hablarla (como el francés). Es complicado, porque cada lengua es un mundo. Mi asignatura pendiente, sin embargo, es aprender gaélico irlandés… Es tan diferente a todo lo que conozco, me parece tan armónico y tan musical… A ver si algún día me pongo y lo aprendo.

amelia-perez-de-villar-2013

  • Sabiendo que las expresiones coloquiales, los usos  y los dichos son muy específicos de cada idioma, incluso de las jergas profesionales, ¿cómo se enfrenta el traductor a algo que no tiene una conversión directa?

El traductor… mira, otra palabra que viene del latín, traducir es “trans-ducere”, literalmente, llevar algo o a alguien al otro lado, trasladar. En fin. El traductor, que no es un traidor sino una especie de San Cristóbal que nos cruza el río, no es un señor que mira en Google o en el diccionario lo que significa una palabra en otro idioma y la planta en el texto. Esto funciona a veces, pero en la mayoría de los casos no es así. Lo que hace el traductor es trasladar: una palabra, una expresión, una idea… de una lengua, es decir, de una cultura, de una mentalidad, a otra distinta. A veces de una época a otra distinta. La única receta es pensar que tus lectores tienen que tener una sensación al leer ese texto que estás gestando igual a la que tuvieron los lectores del autor original, en el país o en la época que sea. Olvídate del correspondiente exacto, olvídate de traducir la frase al pie de la letra: no dejes que eso impida que tu texto fluya. Por esto es tan importante conocer bien nuestro propio idioma: todas las lenguas, o la gran mayoría, disponen de los recursos necesarios para transportar un mensaje. Es como confeccionar hoy en día un traje de mosquetero: contamos con materiales que nos lo permiten, tal vez no son los mismos de antaño; unos no serán tan buenos, pero algunos serán mejores, o se podrán imitar con lo que hay ahora. Y la recreación puede ser perfecta o, al menos, tender a la perfección.

 

  • ¿Cuántos idiomas domina? ¿En qué ámbitos está especializada? 

No domino ninguno. Eso es algo muy grande para casi todos nosotros… desde luego, lo es para mí. Conozco muy bien el inglés y el castellano, casi casi al mismo nivel: aunque el castellano gana por una cabeza, como en la hípica. Conozco bastante bien el italiano, algo menos el francés… Habiéndolos estudiado más o menos al tiempo, y habiendo dedicado menos años al italiano, sintonicé más con su “alma” que con la del francés. Y el alemán se me ha resistido siempre, aunque lo estudié durante muchísimos años, así que no lo tengo como lengua de trabajo.

En traducción comercial toco casi todos los palos: empecé especializándome en automoción, de ahí pasé a la informática y luego a la telefonía. Pasados los correspondientes boom en cada disciplina ahora tengo mucho más trabajo en el ámbito financiero y juridíco, casi siempre conectado al de las energías renovables, y el del diseño, la ingenería o la arquitectura. Apenas hago nada científico, y cada vez menos (química, biología, medicina o farmacia). De estos temas sí traduzco del francés; en literatura sólo hago trabajos del italiano y el inglés, y traduzco sobre todo ensayo y novela. Tanto la poesía como el teatro son universos aparte.

 

  • Háblenos de qué debe preservar un traductor en su trabajo y qué licencias pude permitirse. 

Aquí, más que nunca, se hace bueno ese dicho que reza: “el oficio hace maestro”. El conocimiento de las lenguas de partida y de llegada, de las dos culturas y todos los conocimientos posibles (historia, antropología, estética) nos darán las claves. Hay gente con una formación exhaustiva en lenguas, en filología o en traducción y sus traducciones no tienen alma. Hace falta un sexto sentido, un instinto de traductor, que a veces lo tiene uno que, de formación, es médico o arquitecto. Todo puede darse. Y haber leído mucho, en todos los idiomas posibles, originales y traducciones, ayuda enormemente.

 

  • ¿Qué parte de sí mismo pone un traductor en la obra que traduce? 

¿Qué parte de sí misma pone una madre en la gestación y crianza de un hijo? Pues la misma. Alma, corazón y vida, literalmente. No sólo –aunque eso ya es mucho– un oficio aprendido, unas técnicas y unos conocimientos, sino todo un bagaje, una experiencia vital, amplitud de miras, capacidad para relacionar y para reaccionar y audacia para, en ocasiones, recurrir a herramientas que tal vez no son las más ortodoxas. Y todo ello a sabiendas de que todo esto que en esta traducción te ha servido de tanto en la próxima puede no servirte de mucho

 

  • Ha escrito cuentos y novelas. Dos formatos distintos de contar historias. ¿Qué espera de un buen relato corto? 

Aquí la longitud no importa. De cualquier lectura espero que me mueva, que me emocione y que me enganche. Evidentemente, cada uno tiene sus propias leyes: la extensión impone un ritmo determinado y, en el relato, la capacidad de condensación y la necesidad de dominar la elipsis es vital, y se da a una escala muy diferente de la de la novela. Mi amigo y maestro Jorge Eduardo Benavides siempre dice que escribir un relato es correr los cien metros, escribir una novela es una carrera de fondo. No encuentro mejor definición que esta.

  • ¿Es importante el conocimiento del ser humano para poder comunicar emociones universales? 

No. Hay gente con una capacidad inmensa para comunicar emociones universales y no es culta, ni instruida, ni letrada. Otra cosa es cómo quieras comunicarlas: qué código quieres emplear y qué nivel de sofisticación quieres alcanzar en lo que comunicas. Entonces, como para traducir, todo ayuda: cuanto sepas, cuanto hayas aprendido, todo el conocimiento que hayas amasado y toda la experiencia que hayas adquirido en tu vida, por supuesto.

  • En su caso, ¿es importante conocer la cultura de los idiomas que intervienen en la traducción de un texto? 

Es imprescindible, sobre todo para la traducción literaria. Imprescindible para hacer esa traslación de la que hablábamos antes, para generar y refinar nuestra capacidad de situarnos en otros lugares, en otras épocas, y en otras mentes.

 

  • Usted consiguió el tercer premio del IV certamen de narrativa en el año 2007 que recibió de manos de Carmen Posadas. ¿Qué importancia tienen los premios en la carrera de un escritor? 

PREMIO2007Los premios tienen una importancia enorme, y quien diga que no miente como un bellaco. Eso de “no te preocupes porque no hayas ganado, eso no quiere decir que seas peor” es cierto, no pueden ganar todos y no siempre ganan los mejores, aunque sólo sea por la incidencia del elemento subjetivo del jurado. Pero ganar un premio en cualquier ámbito, no sólo en el literario, te pone en el mapa: te dará visibilidad, porque supone una distinción. Y a partir de ahí empieza también lo difícil, porque el premiado estará en el punto de mira para lo bueno y para lo malo. Y recibir un premio de Canal Literatura de manos de Carmen, que es “uno de los nuestros”, es toda una declaración de principios: a un escritor le conviene ser asequible y accesible para sus lectores y para sus discípulos de facto, que son los escritores que empiezan. Es la base de todo aprendizaje vital. Carmen predica con el ejemplo.

  • ¿Qué opina del formato participativo y abierto de nuestros certámenes? 

A mí me encanta, así, dicho sin pensar. Me encanta porque es adecuado: es divertido, es inclusivo, es plural… Y es de ley. Es lo que nos hace falta. Y siempre nos hace sentir parte de algo, lo que es también muy importante en estos tiempos de individualismo y en una dedicación que, en el fondo, es tan solitaria.

  • El año pasado 2013 presentó su libro Dickens enamorado junto a otros autores de Canal Literatura y Carmen Posadas. ¿Qué le pareció la experiencia de compartir estas presentaciones con la misma escritora que le entregó el premio seis años antes y con otros compañeros de andadura? 

Fue un gran honor… Ya lo fue el hecho de ser invitada, porque en la carrera de un escritor la continuidad es muy importante, y que te recuerden es vital siempre. Tuve sensaciones muy bonitas: la de no estar sola, porque había muchos compañeros de entonces; la de cerrar un círculo, gracias a la presencia de Carmen y al hecho de repetir escenario; la de haber conseguido un logro, porque tenía a mi criatura literaria allí conmigo… Inmediatamente después otra, mucho más desestabilizadora: la de “cuánto me queda todavía por andar”.

Carmen Posadas y Elena Marqués junto a sus compañeros de "Cóctel de libros"- Canal Literatura

  • ¿Qué se siente al tener un libro propio publicado en las manos 

Satisfacción, emoción y responsabilidad, no necesariamente por ese orden. Habrá para quien publicar sea la meta, el final de un camino, el pago a un esfuerzo. Para mí es sólo poner la primera piedra. Si no continúas, si no lo haces mejor que la otra vez… no voy a decir que habrá sido en vano porque nada lo es, pero no tendría tanto sentido. Para mí no lo tendría.

 

  • Hay editoriales que  afirman que se lee mucho menos que antes. ¿Cree que con el nivel educativo actual de esta sociedad, en la que casi todo el mundo escribe y lee, esto es cierto?

Se lee peor. Antes había quien leía y había quien no. Quien leía, mayoritariamente, leía a los clásicos y tenía criterio. Luego elegía en función de ese criterio. Ahora tal vez lea más gente, pero leen peor: eligen, o mejor dicho, aceptan, las imposiciones publicitarias de los más poderosos. Y esto es peligroso, a largo plazo. En los colegios y en los institutos no se lee a los clásicos, con lo que los chicos salen sin una base sólida no sólo para leer, también para escribir, para expresarse, incluso para consolidad su personalidad y su ideología. Ojo: no quiero decir que todo el mundo tenga que leer alta literatura: yo misma no lo hago en muchas ocasiones. Pero creo que hay que proporcionar una base: tenemos que fabricar jóvenes críticos en todos los órdenes. Como sociedad, estamos obligados a ello. Si sólo leemos, todos nosotros, el último bestseller que lee la gente en el metro y en la oficina… pensemos por un momento en el peligro que eso representa. No hay nada más dañino que el pensamiento único, ni nada más aburrido que la monocromía.

 Murcia, 2013

  • ¿Qué piensa de quien dice que hoy en día hay más escritores que lectores? ¿Hay más necesidad de contar que de escuchar o leer? 

Uf… tenemos más afán de contar que de escuchar, porque nos sentimos más importantes que el resto. Me refiero al hombre actual, por delimitarlo filosóficamente. Otras épocas, otras culturas menos individualistas, menos apresuradas… son más proclives a la escucha, porque es algo que requiere tiempo y paciencia. Pero tampoco debemos extralimitarnos. Contar es bueno, porque es la base de la comunicación y de la sociedad, en su sentido más amplio, etimológico. Por ende, es también la base de la literatura. Ahora bien, para ser escritor hace falta mucho más que tener ganas de contar historias. Unas personas lo asumen y otras no. Unas están dispuestas a hacer ese esfuerzo y otras no tanto. Y hay editoriales que como ven que tiene éxito una novela histórica, vamos a poner, se lían a fabricar novelas históricas en serie, aunque no tengan escritores que las inventen de manera espontánea y tengan que “encargarlas”… Hasta que nos salen por las orejas y ya nadie las compra ni las lee… Pero eso es otro tema. Extraliterario, si me apuras.

  • ¿Qué espera conseguir en el mundo literario? ¿Y como persona? 

Poco o muchísimo, según se mire: en ambos casos, hacer bien lo que hago, que es una fuente de satisfacción para uno mismo y para los demás. Seguir traduciendo, seguir escribiendo, seguir recibiendo libros. Eso en el apartado de peticiones razonables. Me queda pendiente publicar novela, en el apartado de los sueños difíciles. En el entorno personal, Virgencita que me quede como estoy. Yo sé que la frase ya está muy manida, pero teniendo salud para seguir tirando del carro y ver cómo salen adelante los tuyos… uno lo tiene casi todo en esta vida, porque la salud te permite luchar, trabajar y conseguir lo que te propongas, y es constructiva. La enfermedad es destructiva. Mucho más que la ruina económica o el paro. Estar vivo es lo único imprescindible para seguir vivo.

  • ¿Qué considera usted que es el éxito? 

Seguramente es un concepto personal e intransferible. Tendemos a pensar que tiene éxito quien tiene dinero, posición… Luego se ven personas que tienen todo eso y, o son infelices, o tienen sensación de fracaso. Para mí es conseguir aquello a lo que uno aspira, pero con coherencia, porque si no no tendrá el sabor que debería. Puede que, en el fondo, sea algo tan simple como hacer lo que uno quiere, puesto en el lenguaje poético del Juan de Mairena de Machado. Esto en sentido amplio, claro está. “Tener éxito como escritor” sigue siendo lo que fue siempre: tener muchos lectores y vender muchos libros, no nos engañemos.

  • ¿Qué porcentaje de la personalidad, la bonhomía, la capacidad comunicativa  y la coherencia del escritor es parte de su éxito? 

Amelia Pérez de Villar 2013Ser buen escritor es una cosa, ser escritor de éxito es otra. No es una unión indisoluble. Para tener éxito como escritor, es decir, como personaje público cuya ocupación es escribir, todo suma, porque en definitiva tienes que llegar a la gente como cualquier otro profesional de las artes. Si haces bien tu trabajo y proyectas bien tu imagen, una vez que tengas cierta visibilidad te será más sencillo aumentar tu cohorte de seguidores, de admiradores o de fans. Puede que incluso de lectores. Pero no olvidemos que la historia de la literatura ha dado verdaderos pesos pesados de las letras que no salían de su casa, o eran seres intratables, groseros o bordes, no encuentro palabra más gráfica aunque no sea muy ortodoxa. Aun hoy tenemos elementos que no son muy sociables o son puros ermitaños, mira Cormack McCarthy. Así mismo, tener 5.000 seguidores en Facebook porque eres un maestro de la viralidad o has tenido un golpe de suerte no convierte en escritor a nadie. Creo que lo mejor, siempre, es tener buena materia prima y aprovechar lícitamente todas las herramientas que tengas a tu disposición. Es justo y necesario. Pero no hay atajo sin trabajo.

  • ¿Qué opina de las nuevas redes sociales? 

Son un arma de dos filos. Son útiles, son divertidas, y eso es bueno. Son una potente herramienta de conexión, y eso es estupendo. Pero distorsionan la realidad y las situaciones. Y hacen perder mucho tiempo. Empleadas como utensilio o como entretenimiento me parecen bárbaras. Pero como panacea… nada lo es.

  • ¿Cómo cree que deben afrontar la promoción de sus trabajos los escritores noveles? ¿Hay una excesiva ambición de protagonismo o simplemente hay demasiados escritores compitiendo? 

Hay mucha, demasiada oferta. Y la democratización tiene siempre un lado oscuro. El que cualquiera pueda colgar sus cosas en un blog, en Facebook, en una web… hace que haya mucho de todo en todas partes y que no todo sea bueno, eso es inevitable. Ahora bien, si haces un trabajo y estás convencido de que debes defenderlo, ahí tienes un medio barato y a tu alcance. Me parece que son útiles para difundir tu labor, tu perfil, cuando hay algo que ofrecer. Si estás ahí, a cualquiera que quiera localizarte le será más fácil hacerlo y hacerse una idea de tus capacidades. Esa es la parte buena. En cuanto a la ambición de protagonismo… claro está que este mundillo tiene un componente de exhibicionismo irresistible, porque el ser humano es exhibicionista por naturaleza y con estas cosas lo tenemos muy fácil. ¿Recuerdas aquella película de Jack Lemmon en que una mujer, Gladys Glover, compra un cartelón de publicidad de esos de las autopistas para poner su foto? Todo esto me recuerda un poco esa situación. Hay que ser famoso. Hay que ser conocido. Hay que estar. Da igual cómo o por qué.

  • ¿Qué opina de la situación del mundo editorial? 

Amelia Pérez de Villar y Carmen Posadas- Canal Literatura 2013Hay algunos aspectos que me apenan. Las fusiones y adquisiciones de los grandes grupos, por ejemplo. No entiendo cómo se pueden amalgamar Random House-Mondadori-Penguin… y tantas y tantas. Todas esas editoriales nacieron con una filosofía propia y específica. Ahora muchas de las grandes están comandadas por señores que en gran medida no saben lo que es una editorial, aunque sean excelentes gestores de empresa y multipliquen las ganancias. Me gusta que las editoriales tengan su propia filosofía, su propia personalidad, como antes. Aunque sean grandes. Y me gusta la figura del editor que elige un manuscrito, que descubre a un nuevo talento. Eso pasa cada vez menos. Me horroriza la figura del escritor que se autopublica y va vendiendo sus libros entre los amigos: no me parece justo para él. Me gusta que un escritor escriba, que un editor le descubra y que una editorial le promocione y le respalde. Pero ya sé que esto está pasado de moda y yo vivo en los mundos de Yupi. Esto te puedo decir desde mi posición de autora: a mí me ha ocurrido eso como ensayista, y me siento inmensamente feliz. Me gustaría que me sucediera también como novelista… Ya lo creo que sí. Como traductora, me beneficio del boom de pequeñas editoriales que descubren o reeditan clásicos, porque construyen un catálogo de calidad, personal, y ese sello único es su única garantía de supervivencia. Pero reeditando a autores muertos y descubriendo manuscritos inéditos de los Grandes Escritores de la Humanidad no se renueva el caudal literario de una cultura. Y dejando que la gente navegue libremente por Internet, unos con su talento desperdiciado y otros con sus engendros imposibles, tampoco se construye nada.

“Tantos años de traducir y de ejercer la crítica literaria me han hecho enormemente puntillosa.”

 

  • En los  últimos años ¿cómo ha ido evolucionando su escritura? 

Me obsesiona la corrección. No la corrección ortotipográfica, ni la gramatical, sino que todo encaje. Que las palabras sean las justas, que las frases estén equilibradas, que no haya divagaciones innecesarias, imprecisiones, cacofonías, personajes de cartón piedra, imágenes feas o gastadas. Y, al tiempo, que el texto transmita. El nivel de autoexigencia ha aumentado exponencialmente. Esto es una condena, pero la llevo con gusto porque me llevará adonde quiero llegar o no me llevará a ningún sitio. Tantos años de traducir y de ejercer la crítica literaria me han hecho enormemente puntillosa. Ahora tengo claro lo que quiero hacer y lo que de ningún modo haría. Y tengo los recursos necesarios para hacerlo. No me importa tardar más, aunque extraño un poco la espontaneidad del principio. Pero eso también es terreno conquistado: puedes permitirte el lujo de ser espontáneo, y luego pulir a tu antojo. Lo peor de esto es que en ocasiones te bloquea mucho. Y que yo no busco nada excelso, en el fondo. Es difícil de explicar: cuando lo consigo, no tengo dudas, pero es difícil de explicar lo que persigo. Tal vez sólo hacerlo bien. Suficientemente bien, que no es poco.

  • ¿Qué entiende usted por Creador? (Según la RAE: Que crea, establece o funda algo.) 

Sí: un creador, un hacedor, es el que construye de la nada, o partiendo de muy poco. En sentido estricto un creador es algo muy amplio. Si lo asociamos a su acepción más extendida el creador es un artista, el contrapunto del negociante y en cierto modo también del artesano. Pero también tiene que ver con la inventiva.

  • ¿Tiene la literatura en la actualidad el poder transformador que tuvo en siglos anteriores  para cambiar la dinámica de una sociedad? 

Igual soy muy pesimista, pero creo que no. La literatura por sí misma, por sí sola, hoy en día… dudo que pueda transformar una sociedad. Puede transformar a un individuo, incluso algún alma que se ha dado ya por perdida. Pero ¿una sociedad? No. ¿La nuestra? Absolutamente, no. Hace falta cierta sensibilidad, cierta predisposición de la que carecemos. Como colectivo, insisto, no como individuos. 

 

  • ¿Publicar en internet con éxito puede ser el camino para llegar a las editoriales en un futuro? ¿O el futuro es publicar en internet en formatos digitales para los nuevos  dispositivos de lectura? 

Decíamos antes que internet es una herramienta valiosísima, potente y muy cómoda. Puede acercar agentes: puede llevar a un autor hasta el editor perfecto, “su” editor. Y viceversa. Si el autor es bueno, con un poco de suerte logrará destacar un poco de entre la masa. Si el editor es curioso y crítico, tendrá claro lo que busca, y cómo lo puede encontrar, y con un poco de suerte acabará detectando a “su” autor. Pero no olvidemos que somos muchos, y el tiempo es un bien limitado. Y la magia se da, en alguna ocasión: se conjugan los planetas y…. ¡ale hop! Pero el día a día es otra cosa. Publicar en internet y en formatos digitales ya es presente, no futuro.

  • ¿Conoce la Literatura Digital? ¿Y la  “Poesía Visual”? 

Esto… Mi reino no es de este mundo. Ya he dicho que en estas cosas soy más bien clásica. Y tremendamente básica: me gusta leer libros de papel y poemas de Byron o de Neruda. La literatura digital es ya, seguramente, un mal necesario. De la poesía visual, de la poesía en general, lo ignoro absolutamente todo.

 

  • Háblenos del lector. ¿Qué significa para usted? 

TODO. Con mayúsculas. Como escritora o como traductora, el lector es el receptor de mi mensaje. En ambos casos yo soy el emisor, y sólo en uno el mensaje me pertenece por completo, que es cuando escribo; cuando traduzco, sólo soy la interpósita persona. Si no tengo receptor, mi existencia no tiene sentido, porque la comunicación no tiene lugar.

  • Como escritora experimentada y conocedora de las nuevas tecnologías, déjenos algunos consejos positivos para escritores noveles que comienzan su camino en las letras y en la traducción. 

Que lean, que lean y que lean. Que se informen. Que contrasten. Que duden. Que tengan curiosidad. Y que sigan leyendo. Más libros, más autores, de más épocas, de más estilos y países, buenos y malos, para aprender y para divertirse. Que aprendan a ser críticos con los demás y con ellos mismos.

  • Lo que quiera añadir.

              Que os agradezco mucho vuestro apoyo, siempre.

Vídeo de la presentación del libro “Dickens enamorado en la entrega de premios 2013

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