materia oscura

 

 

«La political correctness se ha convertido en una auténtica epidemia universal. Es difícil sobrevivir a su dictadura, acaso la más terrible que haya existido nunca.»
 Luis Alberto de Cuenca

 

    Hace un par de días escuchaba un documental de TV2, «El silencio de la materia oscura». Los físicos del mundo, entre ellos varios Premios Nobel, hablan tratándose de explicar qué es y qué efectos produce esta materia y energía que no tiene luz y por tanto no es visible, pero cuya existencia explicaría muchos movimientos orbitales que se observan, ya que este descubrimiento puede cambiar todos los fundamentos que, hasta ahora, explican el universo.

No sé por qué asocié esta idea al voto oculto del que tanto se habla. Hace ya tiempo que estamos comprobando que la demoscopia falla estrepitosamente mientras los postulados oficialistas sometidos a votación en cualquier parte del mundo (excepto en dictaduras) caen uno tras otro sin que nadie sepa dar una explicación certera a estos resultados.

  El triunfo de Trump a contracorriente ha sido el último y más sonado varapalo para el pensamiento políticamente correcto, corsé este que mucha gente no está dispuesta aceptar cuando de forma anónima y libre introduce su voto en una urna.  Los medios de comunicación ya no influyen como antes porque se han dejado en la cuneta la credibilidad e independencia en los últimos treinta años al igual que la mayoría de las instituciones mundiales o europeas y hasta muchas ONG que sirven a intereses, en ocasiones, poco confesables.

  redes Donald TrumpLos nuevos medios vinculados a Internet y las redes sociales nos quieren vender a toda costa un mundo feliz en el que no existe el «no me gusta» con muchos animalitos, frases lapidarias, lazos de colores, banderas varias y carreras solidarias, mezclado todo con publicidad engañosa en un formato camuflado de información. En ellas, el que más o el que menos trata de mostrar una imagen intelectual o/y virtuosa no sólo de sí mismo, sino de un entorno artificial que todos sabemos que no existe en la práctica diaria. Quizá exagero cuando digo «todos», pero lo cierto es que muchos jóvenes e incluso niños buscan donde pelearse a escondidas, donde trasgredir unas normas que ya no existen, porque la laxitud –que no la bondad– se enseñorea y el que más grita miente, viola, insulta, hiere o mata, si es con crueldad añadida mejor: al final gana. Lo vemos cada día: donde no hay ley u orden ni valores, los matones, los chulos y corruptos campan a sus anchas en la más absoluta impunidad. Cuando los padres, los maestros o los responsables de cada parcela de una organización social ceden su autoridad, la ética o moral –y con ella su prestigio– a fin de evitar el conflicto, son los niños o jóvenes, los más mediocres y despiadados quienes toman el control.

   La realidad ofrece muchas aristas diferentes e incluso contradictorias que no siempre vienen del vértice del poder, sino de personas normalitas que aprovechan el mucho, poco o mínimo poder que ostentan para tratar de imponer, a la fuerza y con malas artes, sus puntos de vista o sus míseras aspiraciones a sus vecinos o subordinados. Las malas formas llegan incluso a usarse para forzar cambios que surgen de grupos minoritarios para obligar a una mayoría más que silenciosa, que está harta e impotente ante estas imposiciones absurdas. Un mundo mejor no se puede o no se debe imponer y de hecho esa actitud coactiva está creando la mayor rebelión desde hace tiempo en muchos ciudadanos. O se educa y se convence, o más tarde o más temprano nos encontraremos con la realidad que ofrecen unas urnas libres.

«La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo.»

Nelson Mandela

  La frase de Luis Alberto de Cuenca que preside este escrito es muy inquietante y certera en el diagnóstico. La opresión más sutil es someter la libertad de pensamiento y opinión que nos obliga a una forma de vida impuesta. Muchos preferirían un sueldo menor con tal de que los dejaran vivir a su manera, poder expresar lo que en verdad piensan y aplicarlo a su vida sin temor a la reprobación social y sin que una caterva de energúmenos traten de callarlos a base de gritar o pegar más fuerte. Y es más humillante esta opresión cuando se hace de forma torticera, mentirosa y agresiva. Además –este es un apunte muy personal–, a mí me desagrada profundamente que se haga destrozando el lenguaje, inventando palabras que no se corresponden a ningún concepto para confundir e introducir más distorsión en la comunicación social.

«Hay algo que ni siquiera Dios pudo negar a los hombres: la libertad.»

Adolfo Suárez

 

Y aunque sea cada cuatro años a la gente le gusta decir lo que piensa y con orgullo, como aquel andaluz que no se dejó sobornar sentenciando: «En mi hambre mando yo» o esta estrofa del poema Invictus de William Ernest Henley tan inspiradora:

No importa cuán estrecha sea la puerta,

cuán cargada de castigos la sentencia.

Soy el amo de mi destino:

soy el capitán de mi alma.

 

    Los encuestadores preguntan, pero el ciudadano, cada vez más informado, sabe lo que DEBE decir, lo que se espera que piense por publicitarse hasta el hartazgo como correcto. Pero, íntimamente, su cultura, prioridades y necesidades son otras muy diferentes, variadas y, en muchas ocasiones, opuestas. Por eso, la única opción posible –la más difícil– es aprender a convivir y cooperar de buena fe. Esa si es una utopía revolucionaria actualmente inalcanzable.

De todas formas los resultados tampoco es que sean tan extraños.  Los ingleses siempre han querido diferenciarse a toda costa, esto no es nada nuevo. Conducen al revés del mundo, no adoptaron el euro y ya en tiempos de Margaret Thatcher dejaron claro que querían seguir siendo un imperio que toma el té a las cinco, hora de Inglaterra. Las excolonias son países de segunda y para ser inglés hay que tener mucho pedigrí. Así que el Brexit no era algo tan descabellado. Jugar en equipo, sin distinciones, no es lo suyo.

  En Colombia, el generoso acuerdo de paz alcanzado por el Gobierno, vendido como la reconciliación y la paz necesaria, ha sido contestado claramente. Los colombianos no están dispuestos a perdonar con tanta generosidad el sufrimiento infligido ni a sustentar una paz con las heridas abiertas y la vergüenza de la cesión obligada.  Sí, claro que son buena gente; per,o ante una urna, el perdón no está en sus prioridades.

Donald Trump

   Y ahora llega Trump y nos demuestra que América está harta de inmigración, de poner el dinero y los muertos en todas las guerras. Que prefieren encerrarse en su mundo donde ser rico y blanco (véase a Michael Jackson) o llevar un par de pistolas en los bolsillos para ejercer de superhéroe, o quizá opositar a bróker (engañador profesional), por supuesto siempre rodeados de muchachas sumisas y espectaculares, es parte del sueño americano.

  ¿Desilusión? Eso es lo que han votado sesenta millones de americanos de forma trasversal en todas las clases sociales, que, por más que digan los opinadores, no son todos precisamente viejos, pobres o ignorantes, rurales, excluidos o desvalidos. Delante de la urna, no importan los sondeos, ni lo políticamente correcto, ni siquiera lo que es mejor o peor. Se vota clara y conscientemente lo que interesa o se siente sin la más mínima coacción, libre y anónimamente. Nada que ver con lo que se contesta al encuestador o se comenta en las conversaciones sociales.

Deduzco, pues, que en nuestras sociedades también existe esta materia oscura, que no tiene luz y por tanto no se ve, pero que interfiere de modo sustancial en la imagen final que creemos tener del mundo en el que vivimos o que nos rodea. El exceso de información hace que finalmente terminemos haciendo una reducción eidética o excesivamente simplista. En este desajuste interviene de forma definitiva la aceleración exponencial que están produciendo los cambios tecnológicos en la forma de comunicarse. La masa social absorbe estos cambios y los incorpora miméticamente y de inmediato a su cotidianeidad, pero no los conoce en profundidad, ni los procesa con la misma rapidez que se producen, y, por tanto, este cambio no se refleja mayoritariamente en un cambio de conducta, en la reflexión o hacia opciones creativas. Muy al contrario, lo que se consigue es adecuar estos avances para perpetuar las más ancestrales y retrógradas costumbres que acompañan al ser humano desde su presencia en la tierra.

  No puedo asegurar que así sea, pero es evidente que hay algo que se nos escapa, que no vemos con nitidez en este profundísimo cambio que vivimos en todos los órdenes, pero que se muestra ocasionalmente cuando vemos el resultado de estas votaciones que no parecen seguir el patrón conocido o esperado según los cánones establecidos. Pero es en las urnas libres donde se refleja la verdad de nuestras sociedades, nos guste más o menos. Y por mi parte animo al que quiera transformar la sociedad a que se empeñe no sólo en vencer, sino en convencer, porque, si no, seguiremos luchando contra una fuerza renuente que seguirá apareciendo cuando menos lo esperemos dejando al descubierto que seguimos siendo egoístas, violentos, envidiosos, insolidarios, prepotentes, crueles, soberbios, rencorosos e interesados.

  Estos días hay quien se está planteando incluso si las urnas, en el siglo XXI, serán un obstáculo al progreso decidido por los pujantes jóvenes aspirantes y las élites que ordenan el mundo desde el poder. Ya les sobran a muchos poderosos que sólo las utilizan para enmascarar su germen dictatorial. Yo sin embargo creo que son muy necesarias.

Los pueblos y civilizaciones que deciden libremente pueden equivocarse o no, pero también serán los primeros en pagar las consecuencias. De esto todos tenemos muchos ejemplos en la historia.

Habrá que ver si aprendemos alguna vez que nada pasa por primera vez, que sólo cambian el siglo y las circunstancias. El mundo seguirá girando alrededor del sol, arrastrando todo lo malo y todo lo bueno que somos y tenemos para, a la postre, con errores o sin ellos, seguir avanzando.

Reflexiones al sol de noviembre 2016

 


 

  Os dejo algunas frases de los físicos que intervienen en el documental al que me refiero anteriormente y que os recomiendo ver si tenéis tiempo. Ellos hablan de la materia y la energía oscura; son científicos y, por tanto, son conscientes de que no es opinión lo que tienen que ofrecer, sino conocimiento. De ahí la perplejidad ante descubrimientos que no pueden explicarse fácilmente y el reconocimiento de sus carencias ante esos retos. Creo que aplicadas al tema que hoy trato pueden valer también para cerrar estas letras.

«Quizá hemos exagerado un poco y no es para tanto, simplemente para evitar admitir ante todo el mundo que, por el momento, no entendemos gran cosa.»

Yannick Mellier

«Esa eterna tensión dialéctica entre nuestras teorías y la realidad es la que provoca el avance de la física. La cuestión es quién va a ceder primero, la teoría o la realidad.»

Etienne Klein

«Estamos en medio de una batalla cósmica gigante… La materia oscura, que es una fuente de gravedad, lo mantiene unido e intenta que siga siendo pequeño, pero la energía oscura trata de dispersarlo… Por el momento no sabemos quién va a ganar.» Richard Massey

 

 

Luisa NúñezLuisa Núñez

CEO del Portal Canal Literatura
Especialista Universitario en Sistemas Interactivos de Comunicación

 

VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 10.0/10 (3 votes cast)
Donald Trump, la demoscopia y la materia oscura. Por Luisa Núñez, 10.0 out of 10 based on 3 ratings