mi manifiesto

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Mi manifiesto

 

Nací mujer sin escogerlo y lo hice en el seno de una familia en el que el número de mujeres siempre ha predominado sobre el de los hombre. He tenido la inmensa suerte de hacerlo en una parte del mundo y en un tiempo en el que mis derechos como persona se respetan y que su vulneración puede ser denunciada ante los organismos competentes para que me los restablezcan en caso de que, como digo, se me quebranten. Nacer así es una suerte; y que un buen número de personas haya trabajado durante años para que la igualdad entre hombres y mujeres sea una realidad, también lo es.

No voy a decir que aun a día de hoy, cuando la igualdad formal es una realidad, no queden situaciones que no deban ser solventadas para que esa formalidad legal sea una realidad absoluta. Pero partiendo de la existencia de situaciones de discriminación y abuso por razón de sexo, no voy a posicionarme jamás frente a aquellos grupos que han empezado a considerar que el hombre es el enemigo a batir, que detrás de cada pantalón existe un agresor sexual en potencia. Los delitos y las desigualdades hay que perseguirlas y el peso de la ley recaer sobre los autores, tengan el género que tengan.

Corren malos tiempos para las mujeres, no solo por la persistencia de las situaciones de desigualdad y violencia que se dan, sino porque están surgiendo determinados movimientos que se califican de feministas que en realidad están tratando a las mujeres como unas disminuidas, sin capacidad de reacción individual, víctima permanente de todo, que debe ser rescatada por otras mujeres que saben bien lo que a ellas les conviene. Alejarse de la línea de estos movimientos populistas (que son capaces de señalar la “mortadela” como un símbolo machista y patriarcal, porque entienden que el nombre del embutido en cuestión anticipa el concepto de “la muerte de ella”. Esto que transcribo no es ni un chiste, ni una broma fácil), es colocarse al lado del hombre malo, perpetuar el machismo y el patriarcado. Pero este posicionamiento, vacío de un contenido que permita la igualdad real, que no aporta solución alguna, hace un flaco favor a la sociedad, sobre todo a las mujeres. Algunas “modernidades” no son más que un retroceso en nuestras propias capacidades y derechos a los que no debemos sucumbir. Por eso es importante levantar la mano para decir que nosotras mismas no estamos de acuerdo con esos postulados, y por eso es importante que se den manifiesto como el que el periódico “Le Monde publicó el día 8 de enero de 2018 y que ha sido suscrito por un nutrido grupo de mujeres francesas mostrando su oposición a esta nueva corriente tan reaccionaria que quiere parecer todo lo contrario.

La necesidad de información y crecer en valores de igualdad es una reivindicación constante que no debemos dejar de lado. Debemos ser libres e iguales en derechos, condiciones y obligaciones y poder tomar nuestras propias decisiones sin que otras mujeres nos señalen con el dedo por alejarnos de esos postulados “maternalistas” con los que pretenden envolvernos.

La elección de cada una deber poder se libre y no permanentemente cuestionadas por quienes se han autoproclamado adalides de la causa feminista.

Es por esta igual real por la que todos, absolutamente todos debemos trabajar. Lo demás es solo una cantinela que da de comer a unas cuantas personas que a la hora de la verdad no son más que un sinfín de complejos agrupados bajo la piel de un ser humano.

Anita Noire

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