Nº2- La solitaria. Por Ana Livia Plurabelle

Lana tomaba el sol en el borde la piscina de la azotea del hotel «Splendia», uno de los más lujosos y exclusivos de Nueva york. El agua parecía turquesa por el color verde de los azulejos de la piscina, había hamacas y sombrillas rodeándola y se veía todo Manhattan alrededor. Ella era rubia y llevaba un bikini blanco con pequeños lunares rojos que destacaba sobre su piel bronceada. Media 1´75, tenía un cuerpo esbelto sin un gramo de grasa, una piel dorada preciosa y unos rasgos bellísimos. Los diseñadores se disputaban esa percha para lucir sus modelos. Acababa de terminar la semana de la moda de Nueva York y había decidido quedarse unos días para descansar, hacer compras y tomar algunas decisiones. Estaba sola, los hombres la miraban ocultos detrás de sus gafas de sol, les excitaba y la hubieran violado si no fuera por una sutil pátina de civilización que contenía sus impulsos y la amenaza de las penas que castiga ese delito. A Lana la había violado el amante de su madre desde los trece a los dieciséis años.

La madre de Lana había sido una aspirante a actriz en Hollywood que no había pasado de figurante en algunas películas y que como otras tantas como ella había terminado ganándose la vida de camarera y prostituyéndose cuando las necesidades acuciaban. Y a pesar de todos los desencantos nunca había dejado de amar el cine y había llamada Lana a su hija por uno de los ídolos de su infancia, la actriz Lana Turner. Lana no había conocido a su padre, pero en cambio había conocido a docenas de hombres que, esporádica o regularmente, pasaban por su casa. Hasta que llegó Rex y se instaló definitivamente. Rex era otro aspirante a actor, alto, guapo y de presencia imponente, pero con 10 años menos que su madre.  Rex chuleaba a la madre de Lana y en ocasiones desaparecía durante unos días, pero luego siempre volvía pidiendo perdón. La madre de Lana se resistía, pero acababa perdonándolo porque estaba envejeciendo y se aferraba a la juventud de él como un náufrago al tablón de su salvación. Cuando Rex apareció, Lana tenía trece años y medía ya 1´75. Al principio le cayó bien porque bromeaba con ella y le traía golosinas, pero una noche que su madre estaba trabajando Rex entró en su habitación y la violó. A partir de esa noche y durante tres años Rex la violaba sistemáticamente siempre que encontraba la ocasión. Lana adoraba a su madre pues, al fin y al cabo, no tenía a nadie más en el mundo, pero cuando se iniciaron las violaciones comenzó a distanciarse de ella y odiarla oscuramente, un odio que como un pequeño tumor iba nutriéndose y creciendo en sus entrañas con cada violación. La relación entre las dos y la convivencia se fue deteriorando progresivamente. Su madre empezó a sentir celos de ella y le reprochaba constantemente que hubiera tenido que abandonar su incipiente carrera de actriz al quedarse embarazada de ella. A Rex le divertía verlas discutir e insultarse pues pensaba que se peleaban por él.

A los 16 años, después de una furiosa discusión, Lana le contó a su madre lo que hacía Rex cada vez que ella se iba. Su madre no la creyó o no la quiso creer y la echó de casa. Lana se marchó y se instaló en un apartamento por su cuenta. Tenía dinero pues desde los quince años trabajaba de modelo. No volvió nunca más a ver su madre y aunque durante un tiempo pensó en denunciar a Rex, nunca afrontó el asunto realmente y acabó olvidándose.

Lana se acarició su plano y dorado vientre expuesto al sol porque una vida crecía en su interior; una vida simple, sinuosa y de tres metros de longitud. Recientemente había acudido al médico porque sentía náuseas y estaba perdiendo peso. Le realizaron muchas pruebas y finalmente le diagnosticaron «teniasis», una enfermedad parasitaria causada por una lombriz que había escogido su intestino como morada. Cuando le confirmaron el diagnóstico le entraron ganas de vomitar al pensar que un gusano de más de tres metros se la comía por dentro. El tratamiento para erradicarla consistía en un fármaco denominado «albendazol», un antiparasitario que tenía que tomar dos veces al día durante quince días.

Lana llamó a Gwen para contárselo. Gwen era la única amiga que Lana había encontrado en el mundo de la moda, un ambiente más propicio a celos, envidias y traiciones que a la amistad. Pero Gwen constituía un espécimen único e insólito en ese mundo de estereotipos y apariencias. Era de Wyoming, su familia tenía una granja allá. La recombinación genética había operado un milagro en ella. Solía enseñar una foto de su familia posando frente a la casa de la granja, ella levantaba una cabeza sobre sus padres y sus seis hermanos, los cuales parecían un clon uno del otro. Pelirroja de más de un 1´80 de altura, una agencia la había descubierto y se había marchado de Wyoming para trabajar de modelo, pero volvía a la granja con su familia siempre que podía. Era natural, espontánea, ocurrente, sana y con un sentido del humor implacable que la protegía todas las desdichas.  Le encantaba relatar historias del Wyoming rural y tenía cientos de anécdotas que contar sobre la granja. Lana estaba enamorada de ella, pero a Gwen le gustaban los hombres y suavemente la había rechazado.

Gwen estuvo riéndose cinco minutos al teléfono cuando Lana le contó que tenía la solitaria y le dijo que en su pueblo en Wyoming había un médico con un remedio infalible para erradicarla y sólo duraba seis días. Durante cinco días ibas a la consulta con dos manzanas y una galleta, te bajabas los pantalones y ponías el culo en pompa delante de las dos manzanas y la galleta. El sexto día ibas con dos manzanas y un martillo, y cuando la tenia sacaba la cabeza preguntando por la galleta, el médico le arreaba con el martillo. Gwen conseguía ver el lado cómico de la vida y siempre tenía historias de Wyoming para contar. Gwen se partió de risa de su propio chiste y acabó contagiando a Lana. Gwen siempre conseguía ver el lado cómico de la vida. Pero Lana la amaba y sufría por su rechazo. Padecía la estéril tristeza del amor imposible y se debatía por distanciarse de ella, pero a la vez no soportaba la perspectiva de no verla más.

El sol daba de pleno y Lana estaba adormecida al borde la piscina. Noto que algo raro en su vientre y pensó que la tenia se agitaba a lo largo de su intestino. De repente tuvo una especie de alucinación o de ensueño. Los psicólogos denominan regresión a una alteración de la conciencia que te traslada a un estado anterior de tu vida. Lana sintió que volvía al útero de su madre, que se movía y flotaba confortablemente en el líquido amniótico, pero su forma no era humana, era una culebreante y sinuosa lombriz que se enroscaba y se estiraba; súbitamente el saco amniótico se vacío y algo empezó empujarla para expulsarla de allí, pero ella no quería salir y se debatía para quedarse.

En ese instante se despertó. Hacía calor y estaba sudando. Se levantó para tirarse a la piscina, pero súbitamente cambio de idea. Había pensado muchas veces en ello, aunque no seriamente, pero ahora le pareció que la ocasión era inmejorable y que debía aprovecharla. Se dirigió al pretil que rodeaba la azotea y se encaramó sobre la cornisa. Los bañistas la admiraron caminar por el pretil como si posara para ellos con la colección de bikinis de esa temporada, parecía natural que lo hiciera. Lana recorrió la cornisa poniendo un pie delante de otro, como se camina en pasarela, y cuando llegó al borde del pretil siguió caminando en el cielo.

Mientras hacían la autopsia del cadáver, la solitaria empujada por el hambre se escurrió del cuerpo. Una cinta brillante como un tallarín larguísimo se revolvió y retorció sobre la camilla de la morgue. Uno de los forenses se quitó el zapato y golpeó a la solitaria hasta que dejó de agitarse, al más puro estilo Wyoming.

 

 

 

 

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Nº2- La solitaria. Por Ana Livia Plurabelle, 5.3 out of 10 based on 18 ratings
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    15 comentarios

    1. me sorprende que nadie se haya fijado positivamente en este relato, es el mejor escrito y el más interesante de todos de lejos. No es fácil hablar de este asunto desapasionadamente y con tanta crudeza.

      Creo que el pùblico no está preparado.

    2. A mí también me ha gustado el chiste de la tenia y las galletas. ¿Seguro que la solitaria es solo una tenia? Mucha suerte.

    3. Ana, una de las exigencias incontestables de los relatos es la economía. Al lector no se le explica, se le sugiere, para así dejar espacio libre a su fantasía. O al menos esto es lo que me enseñaron.
      En tu relato casi es preciso tomar apuntes para memorizar la cantidad de datos que aportas, sobre todo en una extenuante primera mitad.
      Algo podado quedaría mejor.

    4. El cine, Lana, Imitación a la vida y la solitaria. Después Lana y la solitaria. Y al final la solitaria. La solitaria como un allien, como alguien que nos devora.
      Es aterrador.
      Enhorabuena y suerte.

    5. Me da la impresión de que la tenia y la amiga de Wyoming están metidas con calzador en una historia de triste infancia y peor adolescencia. Sobre todo de soledad.
      Suerte Ana Livia

    6. Sin duda,el sentido del humor se agradece,porque al final es el arma mas potente contra la adversidad. Muy simbólico. Mucha suerte Ana Livia Plurelle.

    7. Leí tu relato y encuentro un quiebre, que agradezco, con la aparición de la solitaria.
      Mucha suerte!

    8. Ricardo C. de León.

      Me temía lo peor al comenzar a leer este relato. toda una recua de tópicos que se quiebra con la aparición de la tenia, la verdadera heroína de esta historia. Y aunque no he entendido el desenlace y la metáfora de la que se ha hablado en otros comentarios, reconozco que el párrafo final me ha entusiasmado.
      Ese final me reconcilia con la autora, de la que me declaro admirador; aunque no tenga intención de violarla, por mucho que se ponga un bikini blanco de lunares rojos que resalte su piel bronceada.

    9. ¡Qué historia tan tremenda!

    10. ¿Acabó olvidándose de que el padrastro la violaba, o de denunciarle? Ahí he empezado a perderme: violaciones, enfermedad, suicidio y chistes… será que no pillo el simbolismo, seguramente, pero me parece un relato muy raro.

    11. Frank Zappa, músico estadounidense, dijo: “La mente es como un paracaídas. No funciona si no está abierta”.
      Si no hubiera leído la última frase de tu relato, la solitaria podría ser simbólica, pero con ella, al menos a mí, se me cierra esa posibilidad, aunque le puedo dar más vueltas…
      Ya has conseguido algo muy importante, abrir nuestra mente 😉
      ¡Suerte!

    12. Divertida historia con final poético-mítico-eutanásico. Le noto al relato una cierta vocación de síntesis, como si se hubiera desgajado de una historia más larga. Y sí, coincido con los otros comentaristas en que la tenia tiene su simbolismo: nunca pudo matar el fantasma de las violaciones de su padrastro que, sin embargo, permanecía en su interior, mas que acabando con su propia vida.

    13. No parece que tuviera muchos motivos para volar, o no se muestran muy claramente, tal vez hay algo simbólico en la tenia, que no acierto a ver. Está bien.

    14. Pues a mi me da la impresión que esa tenia simboliza algo más que un simple parásito.

      El final es simpático jeje zapatazo al puro estilo Wyoming.Suerte!

    15. El Pérfido Samaritano

      Lo que comienza como una típica historia del cine negro americano de los 50-60 acaba de la forma más insólita e inesperada. Un giro caprichoso e interesante. Genial el chiste de la tenia y las galletas. Todavía me carcajeo.

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