Nº29 – El coronel no tiene quien lo crea. Por Benito P

A mi padre, contertulio habitual, que me contó tantas historias

A André Maurois, por Los silencios del coronel Bramble

A García Márquez, por razones obvias

 

 1 de Noviembre. Las luces del Café Mónaco resultan artificiales y falsas en este día triste, melancólico como una flor seca. Un estado de ánimo enfermizo invita a contar los minutos, los segundos, en esa eterna paradoja de medir lo que ya no tenemos. La voz de Machín, disminuida por la distancia, se insinúa como un recuerdo.

¡Qué fastidio!, ¡Qué monotonía!

Cierro los ojos: la casa de enfrente tiene cuatro pisos, en el último tres ventanas, un ventanuco en el tejado, muchas macetas.

Abro los ojos: la casa de enfrente tiene cuatro pisos, en el último tres ventanas, un ventanuco en el tejado, muchas macetas.

¡Qué fastidio!, ¡Qué monotonía!

Cuento las mesas, miro a las personas. Hay un niño, un niño pálido y soso, un niño de Café.

A mi derecha, un viejecito olvida su ensaimada- hinchada y obscura llena ya toda la taza- y lee el periódico, inclinado con escrúpulo hacia delante.

Es casi de noche.

Llueve.

La voz del coronel Arriaga me sorprende como un mazazo. Es insólito. Este hombre, al que todos conocemos por sus silencios, también habla.

ARRIAGA – Si quieren, puedo contarles una historia de muertos en la que soy parte interesada.

Callamos. Estamos perplejos. El coronel toma esta actitud como una invitación (muda, de las que le gustan) y después de beber un sorbito de coñac, comienza con cierto nerviosismo.

ARRIAGA – Mi padre murió siendo yo niño. Lo tiró un caballo cerca de Santillana y tardaron dos días en encontrarlo. Esta muerte, pasada la primera impresión, apenas me afectó y para nada alteró un destino ya decidido: yo iba a ser militar. Si acaso, la vida se hizo más amable, los horarios más flexibles, las comidas más distendidas. Mi madre se acomodó al estado de viuda con la misma naturalidad que lo había hecho al de casada. Pasaron los años. Había ingresado en la Academia y la disciplina, que me era muy grata, llenaba por completo los días. En el mes de marzo iniciamos las prácticas de equitación. El instructor sujetaba las riendas y los cadetes hacíamos cola para subirnos al caballo. Una vez arriba, recorríamos a un trotecillo corto el anillo del picadero y, al llegar a la posición inicial, descabalgábamos. Yo estaba excitado, aspiraba con gusto los nuevos olores y esperaba impaciente mi turno. Pues bien, al ir a montar, oí que me decían: “Cuidado, coño”. Me detuve, desconcertado, y giré la cabeza. Nada. Los gritos del suboficial que ordenaba: “Vamos, monte, monte” me permitieron volver a la realidad y di la vuelta sin más percances. Al bajar del caballo, no me pregunten cómo, sabía que mi padre me había hablado desde el otro mundo.

CRISANTO PLAZA – Coronel, no esperará usted que nos traguemos eso.

ARRIAGA – Pues ocurrió, amigo mío, y no sólo esa vez. Buena parte de mi carrera la pasé a lomos de un caballo y, en todas las ocasiones, al poner el pie en el estribo, escuché el mismo aviso.

PACO BRITO – Continúe, coronel, ¿se limitaron las advertencias de su padre a los caballos?

ARRIAGA – No, no, en alguna otra ocasión también se manifestó y, al menos en una, me salvó la vida. A los veintidós años me destinaron como oficial de reemplazo a la Capitanía General de Sevilla. Ya pueden imaginar ustedes lo que para mí representó ese viaje: mi primer destino, el Sur…

¡Vaya, menuda historia! Con los dedos de la mano derecha exploro distraído los rotos del sofá; una vez encontré en sus fondillos un duro de plata. Miro hacia la calle:

Las vidrieras del Café Mónaco tienen lágrimas de Imaginero.

La luna está en todos los charcos.

Llueve.

En la sala, el viejecito se ha comido la ensaimada y se ha dormido; el niño, taciturno, languidece. Una mujer rubia, redonda, con el escote vaporoso y abierto como un rompeolas, se mira complacida en el espejo. De vez en cuando detiene al camarero para hacerle alguna solicitud –un vaso de agua; un azucarillo; recado de escribir; ¿es hoy jueves?- o bien lleva con mimo su copita de menta a los labios…

CRISANTO PLAZA – Coronel, no esperará usted que nos traguemos eso.

ARRIAGA (molesto) – No espero nada.

PACO BRITO – Es interesante, parece que el muerto le ayudó siempre en los momentos de peligro.

ARRIAGA – No sólo en esos.

 PACO BRITO – Explíquese.

ARRIAGA – Me resulta embarazoso.

PACO BRITO – Vamos, coronel.

ARRIAGA – Verán, mi oficio tiene extrañas exigencias. El alejamiento de la familia, la necesidad de mantener el equilibrio emocional, la camaradería, te llevan a veces a terminar en los brazos de alguna ramera.

PENÍN DE MELIDE (nuestro pequeño agrimensor) – Siga.

ARRIAGA – Se lo contaré en dos palabras. Sucedió en Tomelloso, donde llevábamos más de un mes acuartelados. Habíamos estado bebiendo todo el día y al llegar la noche nos acercamos a unas casitas blancas donde las putas se ofrecían por cuatro perras. Yo me fui con una. Ya a solas comprendí que no podría hacer nada. Estaba borracho, miraba como hipnotizado la bombilla roja que colgaba del techo y mantenía muy abiertos los ojos para impedir que la habitación comenzara a girar. Con todo, amontoné el uniforme en una silla que hacía las veces de mesita de noche y me metí con ella en la cama.

El coronel interrumpe la narración, carraspea, cambia de postura; observa sin interés alguno la expectación que ha despertado y parece dar por concluido el asunto.

CRISANTO PLAZA – Vamos, hombre de Dios, continúe, ¿qué hay de raro en todo eso?

ARRIAGA – Verán, lo raro es que, a pesar de todo, cumplí. Sólo que… sólo que no era yo el que empujaba.

Silencio. Un silencio espeso, cómplice, que puntea el penduleo del reloj.

El coronel está incómodo, se muestra arrepentido de sus confidencias. Tiene la expresión concentrada y la mirada triste; hay un algo de irrealidad en su cara abatida. De pronto, como si despertara de un sueño, se levanta. Con un gesto excedido, descuelga el abrigo de la percha y vuelca mi copa, que se rompe contra el mármol del velador. Se apresura sin volverse y se va.

PENÍN DE MELIDE (muy bajito y con sorna) – Cuidado, coño.

 

 

GD Star Rating
loading...
Nº29 - El coronel no tiene quien lo crea. Por Benito P, 6.0 out of 10 based on 27 ratings

30 comentarios

  1. Benito P, tu relato, híbrido entre la acotaciones líricas y el diálogo teatral es una delicia para los amantes del realismo mágico, y seguramente muy efectista. Admiro tu capacidad de colorear escenarios y personajes con las palabras justas. Enhorabuena y suerte.

  2. Querido Benito P:
    he disfrutado de tu relato, de la sorna del diálogo, de su sabor a García Márquez, y sobre todo de las descripciones.
    La frase: “La luna está en todos los charcos” ya merece un premio.
    Enhorabuena!!!

  3. Merecida la nominación!! Un abrazo.

  4. Te felicito por estar entre los diez finalistas.
    Abrazo.

  5. Sin sorpresas, Benito P. Te doy la enhorabuena y tendré que repetir, espero que en persona. Un abrazo.

  6. Quería ser la primera en trasmitirte mi enhorabuena.
    Mucha suerte.

  7. Por si no ha vuelto a pasar por mi relato y no ha leído mi agradecimiento, muchas gracias, Benito P. Su voto tiene un enorme valor para mí; por la manera tan distinta de escribir que tenemos (o quizá no…), porque lo que ha presentado es de una indudable alta calidad (que no creo sea una casualidad) y porque me fue a visitar por tercera vez 😉

    Besicos.

  8. Me gusta la estructura de la historia. Ese comienzo a modo de fotografía de un escenario como introducción a un diálogo (coincido en que ganaría si no se antepusieran los nombres, pero es cuestión de gustos) bien hilado y no exento de cierta ironía, como el propio título del relato.

  9. Bonito homenaje al maestro Gabo. Me ha gustado. La narración es fantástica, con unos buenos personajes y un sutil toque de humor.
    Aquí te dejo mi enhorabuena y mi voto.
    Un saludo.

  10. Tienes mi voto

  11. Hola Benito P:

    Estos días han sido especialmente intensos para los amantes de la literatura con la muerte reciente del maestro García Márquez.
    Repasaba la lista de relatos, releyendo y dejando mis estrellas y al llegar al suyo no pude dejar de esbozar una sonrísa, porque su homenaje particular cobra doble importancia precisamente por el acontecimiento reciente.
    Yo venía a dejarle unas estrellas porque su tributo además de oportuno, es merecedor de ellas.
    También le dejo un abrazo.

  12. Magnífico. Se nota que has leído mucho a García Márquez. Grandes ideas, grandes imágenes que he disfrutado en color
    sepia. Con esa luz de los ventanales de antiguos cafés. Este relato era para alargarlo y hacer una magnífica novela. Mi enhorabuena y mi voto.

  13. Hola Benito P.

    Como bien he leído por ahí, las descripciones que haces nos introducen directamente al ambiente del lugar. Me he visto en el teatro, viendo y escuchando a los actores desde la platea. La he disfrutado, Benito. Gracias por tu relato y mucha suerte!

  14. Hola Benito P, me he divertido mucho con tu relato que no sólo está bien escrito, además nos hace complices de ese variopinto público que escucha con toda la atención hasta el final.
    Enhorabuena y suerte.
    Saludos

  15. Me gusta mucho la poesía que destilan algunas frases, con imágenes tan evocadoras como la de la ensaimada en la taza del café, la copita de menta, la luna que está en todos los charcos… Suerte.

  16. Estupenda historia.
    El coronel Arriaga sí que tiene quien le escriba.
    Enhorabuena y suerte.

  17. Benito P., perdona. He encontrado tu relato. Prometo leerlo.

  18. Frente al clásico relato cinchado por los corsés como un reo entre grilletes, éste usa un mecanismo narrativo distinto que lo acerca más al guión teatral o de cine que a otra cosa. También encuentro novedoso el hallazgo de esa peculiar manera de sobrevivir los padres a través de los hijos.
    Esta historia, de reminiscencias borgianas, está contada de forma muy clara, escueta, sin una sola fisura ni errores en el vocabulario, y menos en una ambientación salpicada con unos ingeniosos personajes figurantes. Así que estoy convencido de que se entendería igual sin anteponer a cada diálogo el nombre del personaje; algo que, en todo caso, no deja de ser un regalo al lector, ¿o un homenaje a sus autores preferidos?

  19. Y Penín de Melide siente un aire helado en el cogote. 😉

    He disfrutado mucho de su relato, Don Benito P.
    ¡Suerte!

  20. Original narrativa, espacio, tiempo y situación muy bien estructurada, ágil y valiente, enhorabuena

  21. Bueno, es magnifico! Que gozada leerlo. Enhorabuena!!!

  22. No sé si es cuento o dramaturgia, pero me ha gustado. Bien escrito. Atrapa.
    Enhorabuena.

  23. Salvo lo de utilizar una estructura a medias entre la narración y el guión de teatro, que a mí, particularmente, no me gusta, coincido en la exaltación general. Muy bueno.

  24. Buen relato. Te motiva a leer, enhorabuena por el logro y suerte en el concurso.

  25. Benito. P, es usted un maestro. La lectura de su relato me ha dejado anonadada y entristecida, diciendo adiós a toda esperanza de ganar algo en este Certamen. Oiga, y ni me importa ni nada. Lo que es justo, es justo.

  26. Odiseo González

    Muy buena descripción del ambiente del Café. Lo del duro encontrado en los fondillos del sofá está muy bien, y toda la historia es original y bien escrita. Suerte.

  27. Excelente. Me fijaré bien para intentar aprender a dominar la precisión, la economía, y no perder un ápice de lo que se quiere narrar, emociones incluidas. Enhorabuena.

  28. Original historia, transgresora de los géneros. ¿Narración o teatro? Poco importa. Lo único seguro es que es buena y que me ha gustado. Enhorabuena y suerte

  29. Buena historia. Atrapa el interes del lector y, en mi opinión, con un lenguaje muy adecuado a los personajes. Enhorabuena

  30. ANACONDA -Curiosa y bien trazada escena teatral.
    CRISPIN -¿Usted cree?
    ANACONDA -Por supuesto. A mí me ha metido en el café Mónaco, y estaba viendo al Coronel Arriaga.
    CRISPIN -¿Cómo se lo imagina?
    ANACONDA -¿Al coronel? De mediana estatura, con un bigote bastante poblado, traje con chaleco y sombrero en un perchero cercano.
    CRISPIN -Bueno, pues le daremos un diez, ¿vale?

No se admiten más comentarios