Nº43- Distintos. Por Distinta

Deyanira giró varias veces sobre sí misma buscando acomodo en el angosto vientre. En el corto trayecto hacia la luz, un lazo comenzó a cerrarse con fuerza alrededor de su delgado cuello. Se agitó desesperada. En medio de un gran vocerío, unas manos torpes trataron de liberarla de aquel cordón que la estrangulaba. Fue un minuto interminable. Cuando por fin el aire pudo llenar sus diminutos pulmones ya era demasiado tarde. Desde aquel momento comenzó a cumplir la injusta condena de los distintos, sumida de por vida en un abismo cubierto de silencios.

A Eliseo lo aguardaban al comienzo del verano, pero él tenía prisa.  Comenzó llamando con los nudillos al caer la noche. Los dolores eran soportables, seguro que se trataba de una falsa alarma y tampoco era cuestión de molestar a la comadrona del pueblo vecino. Pero no, todo se aceleró en apenas unas horas y Eliseo echó la puerta abajo deslizándose, redondo y pequeño, de cara sobre las sábanas de la cama. Al alzarlo entre los brazos, su asustado padre advirtió que aquellos ojos achinados y semiabiertos no eran como los de otros recién nacidos. Algo había ido mal durante el embarazo. Su niño era diferente. Eliseo vino al mundo una lluviosa madrugada del mes de abril, con dos kilos de menos y un cromosoma de más. Otro renglón torcido.

***

Fue la madre de Deyanira quien tomó la decisión de que no asistiera a la escuela. Quiso que permaneciera a su lado en casa y robarle tiempo al tiempo para enseñarle ella misma. Poco a poco, la niña aprendió a distinguir el rojo de las cerezas, el azul de los lirios que crecían al borde de la charca,  el amarillo de los campos de trigo y el verde de las hojas; a veces todos los colores se juntaban en el cielo, formando un arco mágico que se perdía mucho más allá de las vías del tren.  Descubrió que el uno era un soldado, el dos como un patito y le asustaba la serpiente del tres. Descifró el misterio de las estaciones, las flores germinando en primavera, los árboles desnudándose en otoño y quedó fascinada con el  dibujo de un muñeco regordete que parecía de algodón, con un viejo sombrero de fieltro y una zanahoria por nariz. Su madre era una mujer fuerte. Sólo en una ocasión Deyanira vio como unas gotas de agua resbalaban por sus mejillas y, un poco desconcertada, las recogió con la punta de los dedos para después llevárselos a la boca y comprobar que tenían un sabor salado parecido a las tartaletas de pollo y verduras de los domingos.

Pero si había algo por lo que Deyanira sentía verdadera pasión era por un libro en el que se mostraban fotografías de unos animales ingrávidos, posados sobre las hojas o con las alas completamente desplegadas.

–         Ma-ri-po-sa. ¿Ves? Esta es una mariposa con muuuuchos colores y con unas antenas muy largas para que sepa volver a casa si se pierde.  Tú eres mi mariposa, mi linda  mariposa, y algún día volarás muuuuuuy lejos con tus alas de cristal.

Y ella se palpaba en la espalda buscando unas alas invisibles con la boca abierta por la sorpresa, la misma que mostraba cuando, como por arte de magia, las manos de su madre convertían un trozo de papel en un barquito que echaban juntas a navegar en la pila del lavadero o en un avión que se perdía planeando por la ventana de la cocina. Pasaba tardes enteras encerrada en su mundo de silencio dibujando mariposas, llenándolas de color y recortándolas  con la cabeza ladeada y mordiéndose la lengua. Fueron tardes de paciencia y de besos, de calma y de abrazos. No había hueco en el limitado universo de Deyanira para la sospecha de las miradas furtivas de su padre, mientras los años discurrían lentos y cincelaban sin apremio la frágil figura de la pequeña.

***

–         Eliseo, tú de portero.

Y Eliseo caminaba hacia la portería, braceando de forma enérgica, con la punta de sus pies marcando las diez y diez. Medía los pasos de poste a poste, limpiaba a patadas los papeles que estaban por allí cerca y esperaba con los brazos en jarras. De vez en cuando saludaba brazo en alto a su padre que lo miraba desde las gradas del colegio. No se podría decir que a Eliseo le gustara el fútbol, y mucho menos desde que le dieron ese balonazo en la cara (menos mal que ha parado una, dijo alguien) que hizo que sus gafas salieran por los aires, pero se sentía el niño más feliz del mundo con las rodilleras, los guantes, la camiseta con el número uno a la espalda y, por encima de todo, con la gorra que le había regalado el entrenador. No se la quitaba nunca, ya lloviera o hiciera sol; incluso una vez se metió en la ducha después del partido con ella y todos los del equipo se partieron de risa al verlo así. Eliseo también rio a carcajadas con la gorra empapada sobre su cabeza y el agua cayendo a chorros.

Cuando cumplió diez años le regalaron un traje de Supermán y se pasó la tarde entera corriendo de un lado a otro por toda la casa, tropezando con los muebles y con la capa haciendo de mopa, hasta que casi a la fuerza tuvieron que sentarlo a la mesa.

–         Vamos, sopla las velas. Mira aquí, a la cámara.

Más que apagarlas, escupió sobre la tarta pero ya se encargó su primo Lucas  de echarle una mano. La foto salió, como de costumbre, movida. Aquella noche durmió sin quitarse el traje del hombre de acero y sin recordar que debería haber pedido un deseo.

Y es que donde Eliseo disfrutaba realmente era en el cine. En la penumbra de la sala se sentía el protagonista de las películas, sobre todo de aquellas en las que aparecían súper héroes con trajes especiales. Llegaban siempre en el momento justo para salvar a la chica y repartir golpes a diestro y siniestro, mientras Eliseo gesticulaba en el asiento lanzando sus puños y piernas al aire, como si fuera él quién estuviera peleándose con todos los villanos. En una ocasión, apareció una mujer desnuda y Eliseo se agitó inquieto en la butaca. De forma instintiva, sus manos se perdieron por debajo del abrigo y comenzó a tocarse sin poder parar hasta que sintió los dedos húmedos. Aquel día, de vuelta a casa, su padre le preguntó:

–         Era guapa la chica ¿verdad?

Pero Eliseo no contestó. Avergonzado, se limitó a bajar la cabeza sintiendo como la sangre se le arremolinaba en la cara, hundiendo las manos en los bolsillos y acelerando el paso.

***

Dos cicatrices acompañaban a Deyanira. Una tallada en la frente, apenas una finísima línea blanca confundida con su pálida piel que desembocaba sobre la ceja izquierda y otra que nadie conocía, agazapada en un rincón perdido entre su escuálido pecho y su encorvada espalda.  La primera cerró la herida de un mal paso mientras corría detrás de un gato. La segunda nunca llegó a suturar la llaga que se abrió una noche, poco después de la muerte de su madre, cuando una sombra con aliento de fuego se deslizó entre sus sábanas y ella, muerta de miedo, se quedó encogida sintiendo como unos gusanos toscos reptaban por su cuerpo y se metían en sus entrañas. Una escena repetida una y otra vez que le provocaban una sensación de temor y repugnancia que hacía que, de forma instintiva,  diese un paso atrás, bajara la cabeza y cerrara muy fuerte los ojos buscando refugio en la oscuridad cada vez que un hombre de mirada oblicua se acercaba demasiado a ella.

Quince años habían transcurridos desde aquellas noches negras y seguía siendo igual con todos. Con todos menos con uno, con Eliseo. Lo veía una vez a la semana en la azotea del edificio de oficinas en donde trabajaba empujando orgullosa su carro de limpieza, en el que se alineaban en perfecto orden botellas, fregonas, cubos, cepillos y bayetas impecablemente dobladas. Siempre llevaba el uniforme inmaculado y colgando de él una tarjeta donde su cara forzaba una sonrisa, justo pegada al corazón. Los  viernes subía hasta la terraza para barrer y mirar de soslayo a Eliseo, el jardinero de los ojos rasgados, enfundado en un mono verde, con una gorra de Ferrari calada hasta las orejas y, alrededor de su oronda barriga, un cinturón tan ancho como su sonrisa, repleto de herramientas con las que mantenía setos y aligustres en permanente estado de revista.

Un viernes, en el vestuario, Deyanira decidió pintarse las uñas, poner un poco de carmín en sus labios, dos brochazos de colorete en las mejillas y, con un gesto de coquetería, deshizo su coleta dejando que un mechón de cabello cayera sobre su frente para ocultar la cicatriz de la infancia. Después abrió una  carpeta para echar de nuevo un vistazo a la figura recortada de una mariposa dibujada la noche anterior. Había perfilado con líneas gruesas el contorno de las alas y con el mismo rotulador retocó las antenas. Un par de puntos oscuros sobre la cabeza amarilla hacían las veces de ojos y las alas quedaron cubiertas de un azul intenso salpicado por unas motas anaranjadas. Colocó la carpeta sobre su carrito y se dirigió a la azotea.

Eliseo la miraba de reojo por debajo del ala de su gorra, mientras podaba un pequeño olivo plantado en un macetero en un rincón de la azotea. Casi se quedó sin respiración y comenzó a temblarle todo el cuerpo cuando la vio acercarse tras su carrito. Se alzó trastabillándose, con la barbilla convertida en un flan y unas ramitas entre sus dedos. Ella venía con un dibujo en la mano y, esbozando algo parecido a una sonrisa, se lo tendió. Eliseo se quedó mirándola embobado. Nunca la había tenido tan cerca y pensó que aquellos ojos tan hermosos, tan grandes y tan redondos, parecían lunas azules. Deyanira no pudo evitar ruborizarse. Eliseo también sonrió con la punta de su regordeta lengua fuera de la boca y con un hilillo de baba descolgándose por la comisura de los labios. Los dos estaban tan absortos mirándose que no repararon en que había comenzado a nevar y los copos de nieve se iban posando como plumas junto a sus pies.

En ese largo instante de duda y de silencio, un golpe de viento arrebató el dibujo de las manos de Deyanira. Con la mirada clavada en la figura de la mariposa huyendo libre hacia el cielo, sorteando lo que parecían perlas de algodón, sintió como si el aire sacudiera algo en su espalda y recordó las palabras de su madre:

–         Eres una mariposa, mi linda mariposa, y algún día volarás muy lejos con tus alas de cristal.

Eliseo miró el perfil alzado de Deyanira. Era muy parecida a la actriz de piel blanca y nariz respingona de aquella película que vio en el cine años atrás, y se imaginó como el héroe con capa movida por la brisa que la alzaba en sus brazos y la llevaba volando por encima de todos los edificios para salvarla de todos los peligros.

Acercó su mano a la de ella y, casi sin darse cuenta, entrelazaron los dedos y corrieron hacia el borde de la terraza. Observaron el caprichoso revoloteo del papel alejándose por los tejados que habían comenzado a cubrirse con un manto de nubes blancas.

Ninguno de los dos entendió el porqué en ese momento tuvieron la sensación de que la mariposa aleteaba dentro de ellos.

 

 

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Nº43- Distintos. Por Distinta, 7.2 out of 10 based on 95 ratings
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    64 comentarios

    1. Hola, Distinta,y enhorabuena. Tengo un sobrino con síndrome de Down y tu relato me tocó el corazón. Suerte

    2. Los distintos son los seres más sensibles. Siempre digo que aprendemos más de ellos, que lo que ellos aprenden de nosotros. Su capacidad de amar sin tapujos, sin mezquindades. El corazón noble y la ingenuidad que perdemos con el paso de los años, es un surtidor perenne en ellos y es justamente eso, lo que los hace distintos. Felicidades por ser finalista ¡Un abrazo grande!

    3. Te felicito por estar entre los diez finalistas.
      Abrazo.

    4. Enhorabuena, Distinta, por haber conseguido esta distinción con un tema tan difícil de tratar. Un abrazo.

    5. Gracias por tu felicitación, D. ¿Querrá la suerte que yo también sea el primero?
      Mis mejores deseos.

    6. Hola, Distinta,

      Desde que te diera mi voto no había vuelto por aquí. Y sí, parece que la ¿suerte? (te pongo los interrogantes que tú misma pones aunque desconozco el significado) estaba echada. La verdad lo siento (creí que serviría, al menos, para empatar), sin menospreciar el relato ganador, creo que “Distintos” contiene más literatura, se aleja más del lenguaje común. Es un relato “distinto” (a mi juicio, claro, para gustos los colores), con una cuidada elaboración del recurso estético. Quizá demasiado “bonito” para ser real. Pero no hay que alarmarse, Distinta, tienes talento para escribir y seguro que el jurado lo tendrá en cuenta.

      Suerte y espero verlo entre los finalistas

    7. Voto por este relato

    8. Voto por este relato.

    9. Voto por este relato

    10. voto por este relato

    11. Mucha suerte, Distinta.

    12. Muy bien escrito e interesante.

      Voto por este relato.

    13. Voto por este relato

    14. Voto por este relato

    15. Muy bonito el relato. Con “Distinto” engloba la sensibilidad de estas personas. Tus palabras engancharon mis ojos en ese folio blanco que trasformaste en mariposa tocándome en lo mas hondo.

      Felicidades Distinta.
      Voto por este relato.

    16. Odiseo González

      Voto por este relato

    17. voto por este relato

    18. Voto por este relato.

    19. Voto por este relato

    20. Voto por este relato.

    21. Voto por este relato

    22. Tu relato nos acerca al mundo de los distintos con exquisita sensibilidad y elegancia.
      Su lectura, ha sido gran regalo.
      Mucha suerte!

    23. Antes de que acabe sepultada por la lista de tareas pendientes que tengo sobre la mesa, quería dedicar un par de minutos para agradecer los comentarios y el tiempo dedicado a aquellos a quienes aún no me he dirigido:
      Gracias a Lady Dreams y Lectriz por vuestra amabilidad y por utilizar unos pseudónimos tan sugerentes. Me encantan ambos.
      Gracias Adaluna por hacer que tus buenos deseos crucen el charco. Me hubiera gustado verte por aquí.
      Gracias Chris por entender que lo importante es ponerle alas a la imaginación. En ocasiones, es lo más real que tenemos.
      Y muchas gracias Sedbuenos porque de alguna forma intuyo que siempre estás ahí.

    24. Enhorabuena Distinta.

      Que relato tan bonito y tan bien escrito.

      Creo que nos ayuda a entender que no son distintos todos aquellos que, a simple vista, pueden parecer distintos.

      Mucha suerte.

    25. Un fantástico relato pone los pelos de punta, ha sido una lectura maravillosa, con una sensibilidad y una narrativa excelente y un final para que pueda volar la imaginación….. mucha suerte¡¡

    26. Un relato lleno de poesía y muy bien escrito.
      Describe una realidad a la que pocos quieren acercarse y lo hace con amor, el amor con el cual todos deberíamos vivir.
      ¡Es muy bueno!

    27. Felicidades Distinta!

      Al igual que Juno, llevaba días queriendo tener un buen momento para leer tu relato. Igual que las mariposas, así lo describiría. Plasmas con gran sutileza toda la belleza que poseen los seres distintos, a pesar de la cruda realidad que les acompaña.

      • Tu comentario está lleno de amabilidad y de sutileza, así que mi agradecimiento por ello y por el tiempo que has dedicado a saber que pasaba con Deyanira y Eliseo. El final no es sino el principo de otra historia que, quién sabe, puede que escriba en algún momento.
        Suerte.

    28. Un relato conmovedor, tierno, y con gotas de realidad…

    29. Impactante y bello relato…lleno de elegancia y sutilezas varias, sin despegar de la realidad.

      Felicidades por ello… y suerte!

    30. Después de leer tu relato, me he quedado con la boca abierta como Deyanira tras escuchar los cuentos de su madre.
      Has contado una historia, todo sentimiento, de forma muy muy elegante, sin caer en la sensiblería. Me parece muy bien escrito, con algunos párrafos geniales que describen a dos seres humanos muy bellos.

      • Muchas gracias, hijo del infante. Es uno de los comentarios más elegantes que se han dejado ver por aqui. Si con esta historia pudiera conseguir que todos nos fijáramos un poco más en estas personas, me daría por satisfecha.
        Mucha suerte.

    31. ¡Hola, Distinta! Quería leer tu relato cuando tuviera un largo rato de tranquilidad, que en la última semana está siendo un poco complicado, y cuánto me alegro de haber encontrado ese hueco. 🙂
      Resalto la elegancia de tu narración. Ha sido un placer leerte. 😀
      ¡Suerte, Distinta!

      • Mil gracias, Juno, por haber dedicado un rato laaaaaargo y tranquiiiilo a leer esta sencilla historia. Me alegro infinito de que te haya gustado y te muestro mi agradecimiento por tu comentario.
        Mucha suerte.

    32. Buenas noches, Distinta:
      Me ha encantado la profundidad, sencillez y poesia de tu relato
      La dureza del abuso sexual de Deyanira, el gran amor que su madre le dio, la simpática descripción de las historias de la infancia -adolescencia de Eliseo y la forma tan poetica de unir a los dos protagonistas,me han generado sentimientos ambivalentes de rabia por el maltrato del padre , y emoción por la linda historia final cargada de poesia

      Muchas gracias.

      Te deseo te den el reconocimiento que tú relato merece.

      • ¿Y qué puedo decir ante ese comentario? Agradecértelo de corazón y desearte todo lo mejor.

    33. ¡ Bellisimo, es una verdadera joya!

      ¡Gracias por compartirla!

      • Estimada Libélula.

        Gracias por batir tus alas por este rincón. Y muchas gracias por tu comentario que hace que me ruborice. Es fácil hacer un relato de este tipo cuando se cuenta con los mejores protagonistas.

    34. Una historia preciosa.
      No suelen gustarme los cuentos en que se utiliza a los “distintos”, pero tú lo has sabido hacer con mimo, cuidado, poesía y con un comienzo estupendo.
      Mis ojos no han podido separarse de tus palabras hasta el final y me has dado un soplo de esperanza.

      • Buenas tardes, Duna.
        Quiero darte las gracias por tu comentario y por el tiempo que has dedicado a este relato. He tratado, en efecto, de pasar de puntillas por el universo de estas personas rebosantes de cariño, acariciar su mundo sin más pretensión que la de hacerles protagonistas de una historia que no deja de ser única en cada caso, por más que se repita.
        Suerte.

    35. Es muy bueno.
      Felicidades.

      • Lo cierto es que parece casi un comentario de compromiso, pero aún así te doy las gracias por haberme leído.

    36. Entrañable y precioso relato. No puedo resistirme a comentar el parecido con la canción de Víctor Manuel, seguro que el también vio algo en estos seres humanos tan distintos de lo que entendemos por normalidad, me pregunto quien será distinto realmente, nosotros o ellos. Puede que la falta de oxigeno o un cromosoma aporten un grado de realidad diferente.
      Genial en la construcción de la historia y bonita alusión con el nombre de la protagonista, una gran vencedora. Espero que tu también lo seas.

      • Buenas tardes, Morgan.
        Me alegro de que hayas reparado en el nombre de la protagonista. Ninguno de los nombres en la historia es casual, pero sería complicado (y aburrido) el contar por aquí el porqué de esa elección.
        Quiero agradecerte tu comentario y tus buenos deseos.

    37. Me gusta el relato. Original punto de partida, recuerden o no los personajes a la canción de Víctor Manuel -habría que ver si él no los sacó de alguna otra parte-, y una redacción de excelente calidad: prosa cuidada y rica, ritmo milimetrado, algunas frases-metáforas brillantes y vocabulario muy escogido.

      • Buenos días, Álex.
        Quiero simplemente agradecerte el que te hayas pasado por este rincón y hayas dejado un comentario tan elegante. Muchísimas gracias.
        ¿Tienes algún relato en el Certamen?

    38. Bello, emotivo y entrañable relato.

      Mucha suerte!

      • Hola Ayla.
        Tan sólo quiero darte las gracias por tu comentario y por tu tiempo.
        Mucha suerte en todo.

    39. Hola Distinta, me ha gustado mucho tu relato, muy bien narrado y rebosante de poesía. Una bella historia de amor entre seres “distintos” que, como bien has dicho, son todo cariño. Al igual que he leído en otro comentario, a mí también me ha traído al recuerdo “Sólo pienso en ti”, esa magnífica canción de Víctor Manuel de finales de los años setenta.
      Enhorabuena y suerte.

      • Muchas gracias, Ahuntsic, por el tiempo que te has tomado en leer mi relato y por tu comentario.

        Creo que todos los que recuerdan esa cancioncilla se delatan en cuanto a la edad…

        Buscaré tu historia.

    40. El título lo dice todo, “Distintos”, y no sé si el seudónimo tiene alguna connotación especial que, obviamente, desconozco. Un precioso relato, enternecedor y muy emotivo, dónde haces gala de un repertorio muy poético y acorde con la historia que cuentas.

      Enhorabuena, Distinta

      • Quiero agradecerte tu comentario y las palabras que le dedicas. Supongo que, en cierta manera, todos somos distintos o, al menos, así lo creemos. Saber reconocer esas diferencias y aprender a respetarlas es la mejor forma de caminar por la vida.

        Suerte en todo lo que te propongas.

    41. Coincido con lo dicho por Furtiva.Un buen relato. Enhorabuena y suerte.

      • Muchas gracias, Freya, por pasarte por este rincón y dejar un comentario. Me alegro de que te haya gustado.

        Daré un paseo por tu relato.

        Un abrazo

    42. Hola Distinta :

      Existen miradas tan bellas que no sólo son capaces de mudar lo diferente en normal, sino incluso alzarlo por encima, dibujarlo con la destreza de quién sabe hacer volar una mariposa desde un folio en blanco…

      Me ha encantado leer este relato. Felicidades!!

      • ¿Qué puedo decir de tu comentario?

        Muchas gracias por tu capacidad de entender todo lo que no se puede decir con palabras.

    43. Muy bonita y muy entrañable esta historia. Contada con una sensibilidad exquisita. Me ha encantado leerla. Enhorabuena y suerte.

      • Muchísimas gracias por tus amables palabras y por tus buenos deseos.

        Me daré una vuelta por tu relato cuando tenga un poco de tiempo. Todo lo mejor para tí.

    44. Interesante y emotiva historia que se narra desde la perspectiva de dos criaturas especiales; distintas, según el títuloque has decidido ponerle. Me ha gustado y me parece un relato muy logrado. Enhorabuena y suerte

      • Hay una cierta ironía en el título porque, en efecto, estas personas son especiales, muy especiales, y mucho más próximas al resto de lo que pensamos. Sólo hay una diferencia fundamental: son todo cariño.
        Muchas gracias por tu comentario.
        Me pasaré por tu relato.

    45. Odiseo González

      Muy poético. Me recuerda al “Sólo pienso en ti” de Victor Manuel. Gracias por el relato. Suerte.

      • Si he de ser sincera, pensé en esa canción a la hora de poner el título, pero lo pensé mejor y decidí no tener problemas con la SGAE…
        Gracias por detenerte a leer la historia de estos dos personajes.
        Buscaré tu relato.

    46. Entrañable relato de amorosos distintos. Frágiles ante la voluntad amiga o malvada de los iguales. Además muy bien escrito.

      • Muchas gracias, Anaconda, por pasarte por este rincón y muchas gracias por tus palabras. ‘Frágiles’ es un término que me gusta para describir a estos seres que tienen tanto que enseñarnos. Ojalá aprendiéramos todos más de ellos.
        Un abrazo.
        Buscaré tu relato.

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