Nº50- Una luz en el sótano. Por Casandra Sombra

        La tía Matilde, la más moderna de las tías de su tiempo, nos cedió el sótano de la finca para nuestro exclusivo uso y disfrute. Con cara pícara disfrutaba de antemano de la oposición anunciada de nuestros carpetovetónicos padres. La sonrisa inocente de Matilde, nuestro empuje juvenil, la pertinaz insistencia de nuestros argumentos, vencieron al fin.

        Pronto llenamos el sótano de objetos que en poco tiempo lo hicieron nuestro. Comenzamos con un tocadiscos y dos bafles enormes, luego una estantería confeccionada con cajas de embalar naranjas y ladrillos robados de las obras durante la noche y que pronto estuvo llena de libros, vinilos, juegos de mesa. Después cargamos con un viejo sofá marrón de escay cochambroso encontrado en la basura y una lámpara que tapábamos con un pañuelo rojo.

        En un cuartucho adyacente había un viejo catre, sobre la cabecera un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús, corazón rodeado por una corona de espinas señalado por la cadavérica  y  llagada mano de Jesús clavado en la cruz y luego resucitado. Era inaceptable, desde luego no concordaba con nuestras intenciones festivas,  así que lo pusimos de cara a la pared y colocamos en su lugar un póster de John Lennon también clavado;  pero con chinchetas, mucho menos dañinas que las espinas, ¡dónde va a parar! Colgamos una cortina de cuentas de colores de lo más sicodélica sobre la puerta del cuarto, que funcionaba a modo de semáforo, si estaba recogida, vía libre, si tintineaba suelta … stop.

        La música, el baile y las risas tenían más que mosqueada a Basilisa, la portera, que en cuanto notaba nuestra presencia movía la cabeza  de un lado a otro y chascaba la lengua murmurando entre dientes: de este guirigay no puede salir nada bueno, si acaso alguna barriga, al tiempo.

>

Basilisa, ni come ni guisa

no piensa, no camina,

no se abrocha la camisa,

tiene prisa

por asomarse a la ventana,

no se peina la cana,

vive sin vivir en sí,

prefiere pensar en mí

        Burlábamos cantando cuando no podía resistir la tentación y se apostaba detrás del ventanuco con la esperanza de distinguir algo a través del cristal esmerilado. Veíamos su sombra encorvada, ansiosa, esperando escuchar la confirmación de sus recelos. La pobre no era consciente de que si algún vecino entraba, cuando encendía la luz del portal veíamos su perfil negro y siniestro de Mister Scrooge con pañuelo anudado al cuello. Una juerga continua, así era nuestra vida.

        Hasta  que  un  buen  día  Esperancita comenzó  a  llorar  la  ausencia  de  su menstruación. Interrogada por sus padres nuestra amiga inventó una falaz violación para ocultar el desliz gozoso. No la creyeron. Su madre le arreó tal sopapo, lloraba con tal desconsuelo la pobre, que varias vecinas acaudilladas por Basilisa acudieron raudas a indagar sobre lo sucedido. Salieron escandalizadas, persignándose una y otra vez y dándose besos en la uña del dedo gordo como posesas. La portera, incapaz de contener la sonrisa al ver cumplidos sus funestos presagios no paraba de mover la cabeza en todas las direcciones posibles, como si fuera un tentetieso.

        La sospecha sobrevolaba sobre Ernesto, el guaperas de la pandilla, que en cuanto supo del estado de Esperancita, raudo y veloz hizo la maleta y emigró a la Argentina con unos tíos maternos antes de que le cayeran a él los sopapos; o aún peor, le obligaran a casarse con la pánfila Esperancita. La familia de la mancillada muchacha, ante la insistencia de ésta en sostener la hipótesis de la violación, en pie de guerra ante el tótem sagrado de la familia española, la mesa camilla, le exigió la descripción detallada del sujeto agresor. Esperanza tuvo una revelación, sin duda propiciada por el Sagrado Corazón de Jesús, que aún de espaldas velaba por todos nosotros, pecadores, así que tuvo la ocurrencia de recitar de corrido: un tipo flaco, melenudo, de labios finos y gafitas redondas con cara de búho ¡y dejadme en paz de una maldita vez que estaba muy oscuro!

        El ilegítimo hijo del pecado fue bautizado de tapadillo. No hubo fiesta, más parecía entierro, el padrino no lanzó calderilla a la chiquillería como era costumbre, brillaron por su ausencia las tortillas de patatas y el vino de pitarra con gaseosa.  Le pusieron por nombre Alfonsito y así le llamaban todos, aunque para nosotros fue, y siempre será el hijo bastardo de John Lennon.

 

 

GD Star Rating
loading...
Nº50- Una luz en el sótano. Por Casandra Sombra, 5.3 out of 10 based on 19 ratings

15 comentarios

  1. Muy visual la descripción del local y bien descritos los personajes. ¡Suerte, Casandra

  2. Se deja leer y entretiene recreando, por suerte, épocas pasadas.

  3. Cuántos recuerdos y sensaciones; cuántas imágenes mil veces vividas. Si te digo la verdad, me ha sabido a poco porque me ha gustado mucho. Sigue así, Cassandra, es un placer leerte.

  4. Me he ido de cabeza a aquella época oscura de los 60-70 en la que solo se podía sobrevivir con mucho humor y más imaginación. Las palabras que usas, están muy bien elegidas para reflejar el espíritu de entonces.
    ¡Enhorabuena y suerte!

  5. Me has lanzado de cabeza a una época oscura en la que solo cabía la imaginación y el humor para sobrevivir. Muy bien escrito. ¡¡Enhorabuena!!

  6. Una anécdota juvenil transformada en relato. Como una de esas confidencias que corrían de boca en boca por los peldaños de escalera y las aulas de instituto, entre carpetas, melenas y chicles, cuando la vida todavía se despliega enfrente como un interrogante, como un paquete de regalo aún sin abrir.
    Y escribo «corrían» porque este suceso podría ubicarse históricamente, como muy tarde, hacia los años sesenta del siglo pasado. Desde entonces ningún guaperas -ni tampoco un guapete resultón de segunda división o incluso un feo de solemnidad- sale corriendo tras una metida de gamba de ese calibre, entre otras y variadas razones porque para muchos el matrimonio es hoy en día casi un residuo fósil.
    Si todas las ideas de fábulas dan para un recorrido razonable en cuanto a texto, tal y como está planteada me pita que el autor o autora le ha sacado a ésta todo el jugo posible.

  7. Me ha encantado tu relato, la canción pienso aprenderla.
    Enhorabuena.

  8. Entretenido y simpático relato. Enhorabuena y suerte

  9. Es una pena que no hayas puesto más carne en el asador porque me parece que lo escrito está muy bien escrito. El hijo bastardo de John Lennon se merecía que supiéramos algo más de sus papas guatequeros. De cualquier forma, el buen perfume viene en frasco pequeño. Enhorabuena, Casandra

  10. Hola, me gusta cómo está escrito: el ambiente lo percibes y los personajes también. También hay humor. La canción me ha sonado más a rap no sé por qué razón, esto sería lo único que vería más atemporal. Suerte.

  11. Muchas gracias a los cuatro comentaristas. Es un placer, tras las infinitas dudas del aficionado, leer vuestros comentarios. Odiseo, el simple hecho de despertar recuerdos con cuatro letrillas ya me parece un premio. Gracias.

  12. Hola Cassandra Sombra:

    Yo creo que has recreado muy bien la época. Está muy bien narrada y con una gracia y un sentido del humor para no pasar por alto. Felicidades y suerte.

  13. «Esperanza por Dios, solo sabe bailar chachacha´… decía una canción de los tiempos de la tía Matilde. Es una muy bien narrada crónica urbana. Bienvenida/o al certamen.

  14. Odiseo González

    ¡Qué tiempos aquellos! ¡Cuantos buenos recuerdos. Suerte.

  15. Casandra Sombra:

    Simpático y bien contado relato que nos lleva a la época del guateque. Muy bien escrito. Enhorabuena y suerte.

No se admiten más comentarios